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Devin Townsend: “No estoy intentando cambiar el mundo, solo escribo música”

Con The Moth, Devin Townsend firma una de las obras más ambiciosas, complejas y emocionalmente exigentes de su carrera. El álbum, que verá la luz el próximo 29 de mayo, ha sido concebido durante años y construido junto a orquesta, coro y un extenso equipo internacional, el proyecto funciona como una metáfora de transformación: dejar atrás una etapa, quemar viejos objetivos y recuperar la música como proceso, juego y exploración. En esta entrevista, el músico canadiense habla del origen del proyecto, de los desafíos técnicos y humanos que implicó levantar una obra de semejante escala, de su relación cambiante con la guitarra y la voz, y de por qué siente la necesidad vital de seguir escribiendo música.

Hola, Devin. Soy Òscar, de Metal Hammer España. Si te parece, primero hablaremos en detalle de tu nuevo trabajo The Moth y me gustaría empezar preguntándote por el título. ¿Qué significa exactamente?

Creo que cuando empecé a escribir la música… déjame pensar bien la respuesta, porque es un poco compleja. Yo no pongo títulos de forma intencionada. Los nombro a partir de una palabra que de pronto aparece en mi mente y me resulta interesante. Entonces me aferro a esa palabra, y las cosas de mi vida tienden a confluir y a contribuir a ella, y al final acaba siendo The Moth.

Creo que al principio no había una razón concreta para llamarlo así, pero al final quedó claro que la polilla trataba sobre la transformación. Trataba sobre dejar atrás el pasado y abrazar el futuro. Y la polilla me pareció una metáfora apropiada para eso. Pero empezó sin intención de significar nada concreto; simplemente era una palabra que me atraía.

Exploremos un poco el origen de este proyecto. ¿Cuándo The Moth dejó de ser una idea y se convirtió en un proyecto real?

Creo que hace unos cinco años. Había estado trabajando en The Moth durante aproximadamente una década, pero gran parte del trabajo inicial consistió simplemente en aprender a manejar los aspectos técnicos: la orquestación, construir un estudio, todos esos elementos preliminares que exige meterse en un proyecto de esta magnitud. Necesité aprender muchísimo: cómo lidiar con una orquesta, cómo trabajar con un equipo, cómo resolver conflictos dentro de un equipo… todas esas cosas que uno no esperaría que formasen parte de la música, pero que fueron realmente importantes para dominar.

Y entonces, hace unos cinco años, estaba haciendo una gira acústica por Europa y, estando en Ámsterdam, el director de la Orquesta y Coro Nacionales de los Países Bajos me pidió reunirse conmigo después del concierto. Le dije que sí, por supuesto. Subió al autobús y, junto con su socio, me propuso que la orquesta interpretara material de mi catálogo anterior, como Ocean Machine o Infinity o algo así.

Y yo pensé: bueno, esto es un honor enorme y una gran oportunidad, pero si me estáis ofreciendo esto, quizá estaríais abiertos a hacer este proyecto en el que llevo tiempo pensando. Cuando les expliqué el concepto de The Moth, dijeron: “Vale, podríamos intentarlo. ¿Podrías conseguirnos las partituras? ¿Podrías preparar todo eso?”. Y, claro, yo dije: “Sí, absolutamente”. Pero en realidad no tenía ni idea de cómo íbamos a hacerlo.

Aun así, el hecho de que mostraran interés hizo que, de repente, se volviera real. Pude decir: “Vale, ¿cuál es el siguiente paso? ¿Quiénes son los músicos? ¿Quién forma parte del equipo?”. Y no fue hasta entonces cuando empecé a escribirlo de verdad. Así que gran parte de la gestación de The Moth consistió simplemente en aprender los aspectos técnicos del proceso.

¿Y por qué decidiste no revisar material antiguo y apostar por algo nuevo? ¿Por qué era importante para ti gastar esa oportunidad en este proyecto?

Creo que la naturaleza de cualquier proyecto depende enormemente de tu estado emocional.Por mucho que existan los aspectos logísticos y técnicos de The Moth, hacer música es, en realidad, un arte emocional. Tomas emociones e intentas congelarlas en el tiempo. Y, como resultado, tienes que estar conectado con el tema que estás tratando en ese momento.

Cuando The Moth empezó a hacerse real con la orquesta y todo lo demás, cambió mi perspectiva sobre el proceso. Cambió mi manera de articularlo. Y tuve que partir del lugar emocional en el que yo estaba en ese momento. Y en ese punto, mi situación ya no incluía gran parte de aquella música antigua.

Con la música, siento que hay que ser rápido. Si tengo una idea, es como recoger una fruta: pasado cierto tiempo, se pudre. Y, al mismo tiempo, a veces todavía no está madura, así que tienes que saber cuándo cosecharla. Y a veces cosechar implica reconocer que la tanda anterior estaba llena de gusanos.

Como fan, creo que el álbum es absolutamente brillante. Has creado una composición magnífica, mezclando muchos géneros. ¿Estás satisfecho con el resultado?

Sí, estoy muy satisfecho. Siempre hay pequeñas cosas que oyes después y piensas: “Ojalá hubiera detectado esto”, o “Ojalá hubiera probado otra cosa en la mezcla”, o lo que sea. Pero, en conjunto, sí: estoy excepcionalmente contento.

Y creo que el equipo que me ayudó a sacarlo adelante, incluyendo al sello, al management, los músicos…, realmente todo el mundo se unió para crear algo que es más grande que yo y más grande que cualquiera de nosotros individualmente. Y creo que todos estamos orgullosos de ello en ese sentido.

Porque desde el principio hubo muchas reflexiones dentro del equipo del tipo: “No vamos a poder lograrlo. No vamos a poder hacer esto”. Ya fuera por dinero, por personal, por tiempo o simplemente por las limitaciones que te impone la vida… muchos de nosotros estábamos atravesando asuntos personales al mismo tiempo. En silencio, creo que todos estábamos bastante convencidos de que esto no iba a funcionar.

Así que cuando por fin conseguimos terminarlo y hacer la escucha final y estar satisfechos con ello, fue un gran momento para todos.

Hay una frase que repetíamos mucho: “Si vas a comerte un elefante, tienes que empezar por la cola”. Así que empezamos por la cola y, al final, nos comimos un elefante.

En la información de prensa hablas de llegada, además de viaje. ¿Cuál dirías que es el lugar al que llega The Moth, tanto narrativamente como a nivel personal?

No llega a ningún sitio. Y ese es el punto importante. Alguien me preguntó en otra entrevista por qué elegí una polilla como metáfora en lugar de una mariposa. Y creo que la respuesta es que la polilla está impulsada por un objetivo. Va hacia la luz. Y, según cuenta la historia, esa luz termina quemándola. Es decir, su búsqueda de ese objetivo acaba siendo su perdición.

Y creo que una gran parte de mi obra y de mi vida hasta este momento ha estado basada en metas: intentar conseguir algo para la familia, o en el trabajo, o económicamente, o lo que sea. Mucho de mi trabajo ha estado fundamentado en objetivos.

Durante este proceso empecé a reconocer que gran parte de ese comportamiento orientado a metas nace, en cierto nivel, del miedo. Y ahora hablo sólo por mí. Quizá mi identidad estaba tan ligada a la música que, en ausencia de ella, sentía que no había valor. Y todas esas cosas son muy poco saludables.

Así que quemar eso, deshacerme de esos objetivos, hizo que la música dejara de sentirse como algo con lo que intentas conseguir una meta. Incluso si en tu cabeza estás tratando de lograr algo “altruista”, como escribir música para ayudar a la gente o lo que sea, todo eso siguen siendo metas. Y creo que eso afecta al proceso.

Para mí, esa orientación a objetivos había empezado a quitarle la diversión a la música. Empezaba a convertirse en un trabajo. Así que, cuando preguntas a dónde ha llegado The Moth, ha llegado al lugar en el que creo que tanto el equipo como yo hemos reconocido que no hay final, no hay meta, no hay objetivo. Solo existe el proceso.

La música, sea The Moth, Empath, Ziltoid o lo que sea, es simplemente un subproducto del proceso. Y centrarse en el proceso, sabiendo que no hay final, devuelve todo eso a la exploración y al juego, en vez de a la obligación y al trabajo. Y creo que eso es lo que me ha faltado durante mucho tiempo.

Así que sí hay un antes y un después con The Moth. Antes estaba la vida anterior, de alguna manera. Y decidimos quemarla. Y aquí estamos, en la nueva.

Hablemos de los invitados. ¿Qué buscabas específicamente en colaboradores como Steve Vai, Anneke van Giersbergen o Lynn Wu? ¿Qué representan dentro del universo de The Moth?

Creo que en este caso buscaba familiaridad. De nuevo, el proceso de hacer The Moth y la cantidad de gente involucrada era inmenso, y había muchísimo trabajo interpersonal con personas nuevas. Cuando hicimos la interpretación en directo, por ejemplo, había unas 200 personas en el escenario o alrededor: cámaras, equipo técnico, etc. Y como al final es mi proyecto y mi visión, tengo que responsabilizarme de cómo funciona todo eso: cómo se organiza la gente, cómo se cumplen los plazos… Por supuesto que tengo ayuda, pero es mucho trabajo a nivel social.

Así que cuando llegó el momento de buscar gente que me ayudara con conceptos, voces, interpretaciones o lo que fuera, busqué personas de las que no tuviera que preocuparme. Con Anneke, por ejemplo, sé que puedo llamarla y decirle: “Oye, ¿me ayudas?”. Y como tenemos una relación de muchos años, no hace falta perder tiempo conociéndonos. Eso fue fantástico.

Creo que la única persona nueva en este contexto fue Lynn Wu, del grupo Ou, una banda china a la que ayudé a producir hace un par de años. Y cuando la intérprete original de ese personaje en The Moth no pudo hacerlo porque tuvo que marcharse a otro proyecto, le pedí a Lynn que lo hiciera. Lynn fue una aportación fantástica a este proyecto, pero era la única nueva.

Todos los demás, Steve Vai, Anneke van Giersbergen, Darby Todd, James Leach …, eran personas a las que simplemente podía decir: “Por favor, ayudadme. Tengo demasiadas cosas en la cabeza. Si podéis aprenderos estas partes perfectamente, sería fantástico”. Y lo hicieron.

Dices que ha habido muchísimo trabajo. ¿Cómo equilibraste composición, arreglos orquestales y corales y producción? ¿Qué parte fue la más compleja de ensamblar?

Esa es una competición en la que no creo que haya un ganador. ¿Qué fue lo más difícil? Todo fue difícil. Cada proyecto se construye de forma distinta, tanto conceptualmente como compositivamente. Algunos discos nacen de mí sentado al borde de un sofá con una guitarra y una libreta, escribiendo canciones. Otros empiezan en una estación de trabajo digital y se desarrollan a partir de MIDI o instrumentos virtuales. Otros nacen de estar en una sala con un batería y un bajista.

No existe un método infalible para ninguno de los proyectos, pero con The Moth fue particularmente difícil porque la orquesta y el coro necesitaban tener sus partes escritas y entregadas un año antes de que yo estuviera listo para grabarlo. Así que tuve que escribir con Joseph, Niels y Eric, los orquestadores, las partes corales y orquestales de manera independiente al resto.

Había demos, sí, pero en conjunto tenía que ser un manuscrito absolutamente sólido. Luego había que imprimirlo, enviarlo, conseguir que la orquesta lo aprendiera… y después yo tenía que tomar lo que ellos estaban haciendo y empezar a encajar mis partes alrededor. Y si me había equivocado en la parte de la orquesta, como ocurrió en un par de ocasiones, ya era demasiado tarde. Así que tuve que modificar las partes que estaba grabando para adaptarlas a ese error.

Y otra cosa que lo hizo muy complicado fue que había grupos trabajando en componentes de The Moth en China, India, España, Reino Unido, Tailandia, Canadá, Estados Unidos, Australia… incluso en Pekín. Y todo el mundo en esos lugares distintos usa sistemas diferentes: algunos Pro Tools, otros Logic, otros Cubase, Reaper, Ableton, Bitwig… Cada uno de esos programas interpreta de manera ligeramente distinta la línea temporal que usamos para la orquesta.

Porque The Moth, al grabarlo, no es como una canción que mezclas, cierras y luego abres otra. No funciona así. Tienes toda la obra delante, y es una cantidad enorme de información. Pero cada estación de trabajo digital interpreta esa información de forma ligeramente distinta. Así que teníamos que hacer versiones distintas de cada una de estas cosas y enviarlas a todos esos países.

De modo que, cuando llegábamos a los aspectos puramente compositivos, letras, guitarras, bajo o lo que fuera, esas ya eran casi la menor de nuestras preocupaciones. Los problemas de sacar el material adelante tenían mucha más prioridad que esos detalles finos de composición. Al final encontramos tiempo para todo, pero cada aspecto de The Moth era como un cubo de Rubik.

¿Crees que The Moth exige una escucha completa, casi como una obra total, en un momento en que mucha música se consume de forma fragmentada?

Me gustaría pensar que no exige nada. Parte de la razón por la que la portada de The Moth es tan básica es que no quiero tener que convencer a la gente de que lo escuche. Con el estado en que está el mundo ahora mismo, hay demasiadas cosas pidiendo nuestra atención, la tuya y la mía. Y reconozco que The Moth es mucho. Y habrá mucha gente para la que simplemente no haya sitio en su vida para esta cantidad de información.

Así que, en lugar de intentar convencer a la gente de que lo escuche, mi postura es: no tienes por qué escucharlo. De hecho, si tu vida ya es complicada, te recomendaría sinceramente que no lo escuches.

Ahora bien, en cuanto a si está diseñado para ser escuchado de principio a fin: sí. ¿Debería la gente hacerlo? Bueno, si quiere. ¿Cambia la experiencia no escucharlo entero? Sí. ¿Importa? No.

¿Y a nivel emocional? ¿Qué esperas que experimente el oyente al escucharlo de principio a fin?

Espero que afecte a la gente del mismo modo en que me afectó a mí. Lo que cuenta The Moth no es nada nuevo. No hay nada rompedor en el concepto. Es el viaje del héroe, esa estructura de Joseph Campbell, ese tipo de arte emocional. Trata de la vida a la muerte desde el punto de vista de un protagonista y un antagonista, pero también pretende representar, más allá de la historia, el viaje de un artista intentando superar el miedo hacia sí mismo.

Y esa transformación no es suave. No es fácil. No es fácil de escuchar. Pero para mí, si quería pasar a la siguiente fase de mi vida creativa, necesitaba cambiar. Así que The Moth es la banda sonora de ese proceso. Cuando lo escucho, pienso: sí, esto es exactamente lo que necesitaba ser. Y cuando lo escuché entero después de terminarlo, me afectó profundamente. Fue muy intenso.

Así que, si hay personas atravesando sus propias transformaciones, transformaciones personales, cambios vitales, finales de relaciones, lo que sea, y pueden sacar de este proyecto la fuerza que yo saqué, eso es lo que espero.

No es un disco tan oscuro como puede parecer, ni tan solo un disco pesado. La intención es ayudar, no empeorar las cosas. Pero también siento que, para poder ayudarme a mí mismo, tuve que dejar de repetirme “piensa en positivo”. Lo que necesitaba era sentarme con el dolor, con el miedo, con la pérdida, integrarlo todo y no huir de ello. Y eso es difícil.

Pero el resultado ha sido sentir una clase de aceptación hacia mí mismo que antes no tenía, porque quizá temía esas partes de mí que no había afrontado. Y el efecto de eso ha sido realmente maravilloso para mí. Si otras personas pueden obtener, aunque sea un momento de eso, fantástico también.

Pero, de nuevo, no estamos en una misión. Ninguno de nosotros aquí está en una misión. No estamos intentando cambiar el mundo. Solo estamos escribiendo música. Y creo que la mejor manera de describir The Moth es esta: es un proyecto sobre el sentido de la vida, escrito por gente que no tiene ni idea de cuál es el sentido de la vida.

Da la sensación de que esta obra podría ser increíblemente poderosa sobre un escenario. ¿Tienes previsto interpretarla en directo?

Si la gente lo quiere, sí. Pero si no lo quiere, también está bien. Ahora mismo estoy escribiendo muchísima música nueva, así que lo dejaré en manos del público. Sé que hay gente a la que le encantaría verlo, pero también hay gente que diría: “Vamos, tío, dame un estribillo, tócame algo de heavy metal”. Y eso también me parece bien.

Mi objetivo de ahora en adelante es ser creativamente libre. Y si The Moth facilita eso, fantástico. Y si no, no pasa nada. Si la gente lo quiere, me imagino que lo sabremos. Y si no, también lo sabremos.

Dices que ya estás escribiendo nuevo material. Después de una obra así, ¿hacia dónde va Devin Townsend ahora?

Creo que estoy escribiendo cosas de Ziltoid. Sí. Tengo material de Ziltoid, tengo Axolotl, otro proyecto, tengo Ruby Quaker… tengo música infinita. Pero es que eso es lo que hago.

Y, de nuevo, cuando digo que estoy escribiendo tanto, no lo digo desde el punto de vista de “esto es tan importante que necesito escribir”. Es simplemente que me despierto y escribo. Eso es lo que hago. Eso es lo que hace Devin. Llevo haciéndolo desde que tenía unos quince años.

Así que, en cuanto terminé y entregué The Moth, pensé: “Vale, genial”. Y me fui a Tailandia cinco semanas, simplemente para sentarme en una playa, mirar el mar y comer platos de comida de un dólar. Fue increíble. Volví y empecé a escribir lo siguiente. Así que llevo escribiendo todos los días. Estoy componiendo una cantidad inmensa de material.

Agradezco mucho todas tus respuestas hasta ahora. Me han parecido muy sinceras. Pasemos a algunas preguntas más generales. ¿Sigues viendo la guitarra como una de tus voces principales como compositor, o se ha convertido más bien en una herramienta dentro de un conjunto mayor?

Es una pregunta interesante. La guitarra ha bajado un par de puestos en la lista de prioridades dentro de la composición. Por supuesto, sigue siendo mi principal instrumento musical, pero ahora es solo una parte del proceso, una de las herramientas. La estación de trabajo digital también es una gran parte del proceso, los teclados también, la voz también.

Pero no me considero necesariamente un guitarrista, antes que nada. Es solo una de las cosas que utilizo. Una de las herramientas.

¿Y cómo ha cambiado tu relación con la voz, no solo como instrumento, sino como vehículo narrativo y emocional?

Ha mejorado muchísimo. Antes me molestaba cantar. Lo sentía como algo en lo que, por la propia naturaleza del instrumento, te expones, te vuelves vulnerable. Y como alguien que ha sido muy inseguro y reservado, siempre me resultó muy difícil, porque siento que no puedo cantar sin estar completamente ahí. Cuando canto, es como: “aquí estoy”. Y yo pensaba: “No, no quiero que me vean ahora mismo”.

Pero creo que gran parte de eso tenía que ver con que no estaba en paz conmigo mismo. Y a lo largo de este proceso creo que, en muchos sentidos, sí he hecho las paces conmigo. Así que ahora mi voz está mucho mejor: la afinación es mejor, está más sólida. Y realmente disfruto del sonido de mi voz. Disfruto mucho de ella y estoy muy agradecido por la capacidad de usarla para llegar a la gente. Estoy muy agradecido.

Pero cantar duele muchas veces, ¿sabes? Y hay una parte psicológica importante: estás de gira, has perdido la voz o no está tan fuerte como la noche anterior, y eso te puede destrozar la cabeza. Así que esa parte probablemente siempre estará ahí. Pero mi relación con la voz es, en realidad, mucho mejor.

¿Hay algo que sientas que hoy puedes expresar musicalmente y que antes no eras capaz de expresar?

Solo en la medida en que soy una persona distinta y he vivido cosas que la versión anterior de mí no había vivido. Así que no podía expresar esas cosas porque no tenía experiencia de ellas.

Pero no creo que mi capacidad para expresarlas haya cambiado tanto. Lo que ha cambiado es la posibilidad de hacerlo. Tengo mejores herramientas y tengo gente a mi alrededor, y eso hace que todo sea mucho más eficiente. Pero no, no sé si ha cambiado tanto.

A veces la gente habla de tus discos como si fueran capítulos de una autobiografía emocional. ¿Te reconoces en esa idea?

Al cien por cien. Y por eso es difícil publicar un disco nuevo, porque todo el mundo dice: “¿Pero qué demonios estás haciendo?”. Y yo pienso: “Lo siento. Simplemente ahí es donde estaba. Eso fue lo que pasó”. Me desperté y escribí. Como decía antes, eso es lo que hago. Escribo, y eso era lo que estaba saliendo de mí. Así que lo hice lo mejor que pude.

No hay previsión ni premeditación en ello. Y eso hace que, cuando publico algo, a veces sienta que tengo que disculparme por ello. Pero no me estoy disculpando por The Moth.

Simplemente sé que habrá gente que dirá: “Tío, ¿cuándo vas a hacerme un disco de heavy metal?”. Y yo pienso: ojalá la próxima vez que me siente a escribir eso sea lo que me apetezca hacer. Pero si no es así, no sé qué decirte.

Muy bien Devin, aquí termina mi entrevista. Muchísimas gracias este rato y por toda tu música. Mucha suerte con The Moth y con todo lo demás que venga ahora.

A ti también, hermano. Cuídate mucho y espero volver a verte.

By Oscar Saro

Me falta tiempo para hacer todo lo gue me gusta. Adicto al rock en directo, metalhead, enamorado de la montaña, apasionado de la ciencia ficción y con cerebro de programador desde que un Spectrum entró en casa. Fundador de Sudando Rock (@sudandorockcom)

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