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Z! Live Rock: «Viernes 13, sin máscaras y directo a la yugular»

Una Segunda Jornada con más Presencia Nacional y Total Sabor Internacional

Fotos: Rubén Rosinos y Raúl Blanco
Redacción: Iñigo Ortuñez, Oscar Saro, Marta Grimaldi, J.A. Lux

Salduie: la imposible asfixia de la rebelión ibérica.

El impetuoso sol que dictaba sentencia desde el firmamento, obligaba a la poco concurrida congregación de fieles, menor a estas horas de inicio que en el día de ayer, a buscar la sombra que proporciona momentáneamente el escenario “Silver”. Allí comienza el rebato con “Caraunios” (“Ambaxtos”- 2021), en este día de cinematográfica referencia, con la sangre hirviendo a ritmo tribal, folk, con unos Salduie que levantan ánimas allá por donde pasan. Escoltados con dos atalayas de tela en los laterales, este clan de maños resulta como una acertada apertura de hermanamiento, ya que, desde los primeros compases se palpa cómo viven su cruzada, como si la vida les fuere en ello. Enseguida se unen más almas a la algarabía y todo toma otro color, otro aroma, estamos en casa. Con quince años a sus espaldas, la de cal y la de arena que nos dan está sumamente meditada y enérgicamente musculada como para teñir nuestros harapos con el elixir de la batalla. Sus armas son los diferentes juegos vocales y la alternancia de ritmos entre el death melódico y la figura ancestral. No en vano, tras la manifestación de los instrumentos primitivos, las “perfomances” a lomos de zancos y las botargas en “Imbolc” (“Imbolc”- 2014), dividen a la milicia rasa que enarbola al unísono sus canciones, entre celtíberos y romanos, creando un “mosh” multitudinario que posteriormente mutará a un “circle pit” de proporciones epopéyicas. El reclamo del silbido de los dioses acompaña y los tímpanos mundanos estallan de mano de esta compañía de orfebrería histórica, clavando su estandarte en la península de nuestro sentir. Conquistados por completo con “Descarnatio” de “Ambatxos”, “Netón” y “Carus de Sekaiza” de “Belos”- 2016, “Numancia” y el cierre etílico de “Hidromiel” (ambas de “Imbolc”).

Injector: la maza de la justicia… ¡Para todas! Oxidémonos en paz.

¡Anda que los de Cartagena se iban a venir abajo con este calor! Fuera bromas, los thrashers de la Región de Murcia, unos de los retratados en nuestra doble portada en la edición física del especial Metal Hammer de navidad, continuaron la escalada bélica con su tratado de corrección estilística basada en los clásicos. Con el trasfondo de la portada de Endles Scorn que tan gratos resultados les está granjeando, las comparaciones con unos imberbes Megadeth no andarían descabelladas, incluso mencionaría, que los astros me perdonen, a la figura de un Cliff Burton del dos mil veinticinco en los resquebrajamientos cervicales y el sonido tan auténtico que sale del bajo de Mafy. Compactos y acerados, beligerantes y, portadores de un gen intrínseco a su naturaleza, secuestran al personal sin dificultad, haciendo que rasguen sus gargantas en pro de la causa para, después, exportar el síndrome de Estocolmo mostrando su desapego con una lluvia de “merchandising” que rocía a los beneficiarios y retrata positivamente al mecenazgo. Y cómo no rendirse también ante el bicharraco que tienen a los parches, una auténtica apisonadora rítmica que haría temblar al mismísimo Lombardo si le pilla con resaca. Ellos también consiguen que sus tácticas invasivas desemboquen en el segundo “circle pit” de la segunda etapa, tampoco es difícil con temas como “Warning Blast” y “Resetting Time” (“Endeless Scorn”- 2024), “Feed The Monster” o “Unborn Legions” de “Hunt of the Rawhead”- 2020 y “UTLOA” de “Stone Prevails”- 2018. Bandera blanca, nos rendimos ante ellos. Que alguien recoja los cascotes del Copper Stage por el bien del pueblo.

Morphium: bienvenidos a mi pesadilla… alumnos aventajados de la purga, ¡que tiemble el vulgo!

Desde Gerona y para el mundo, se abrió una caja de pandora en Zamora en clave de sorpresiva danza hipnótica dirigida a profanos y adictos, y que jalonó otro de los conciertos que pasarán a la historia del Z! Morphium pertenecen a otra raza, su dermis no es humana y su pelaje, nacido del apareamiento de contrastes, los aísla de lo común. Con esta coraza es difícil imaginar de qué color es el líquido que recorre sus venas (“Made of Scars”), pero lo que es más que sencillo es unirse al pálpito de que su corazón bombea desde la emoción embrionaria hasta la ansiedad multiorgásmica de la contemporaneidad (“Black Souls”), amén de replicar estas emociones con una inquebrantable energía, diseminada en movimientos sísmicos de escala impropia, extenuando a las defensas bajo su férreo pulso. Hace tiempo que sobrepasaron la mayoría de edad como cónclave y nunca han variado su postulación: música sin encorsetar con destellos de lo divino, embarrada con lo mundano y protegida por lo oculto. Absortos en su material acogido por la lengua de Shakespeare, “The Blackout” de 2016 y “The Fall” de 2021, su oscilación de intensidades te arrastra como un tsunami y te atraviesa con sus punzantes riffs, dejando que su vocalista Alex se lance a rescatar náufragos entre un entregado océano de psiques. “Dance of Flies” es una catarsis que debieras experimentar en directo. Por la puerta grande y genuflexión sin disimulo ante la Cataluña sin límites. Silver Stage más uno.

Noctem: el huracán valenciano implora a la tempestad para derruir nuestra desnutrida humanidad.

Quizás fueran las deidades, pero hace dos años el llanto de los nubes no dejó que se propagara la inmundicia que transmiten Noctem. Aunque con un solo guitarra bramando en esta ocasión y aún con la némesis de la luna en ciernes, lo que desluce visualmente su característico show ceremonial, una de las entidades “blackers” patrias y defensoras a ultranza de la corriente, vomita toda su bilis con una credibilidad en su relato incontestable. Si el “corpse painting” te intimida y sus despellejadas vestiduras enlazadas a lo remoto te incomodan, ¡intenta salir corriendo antes de que la barca de Caronte parta!, Cancerbero está hambriento y Bereth (voz), Varu (bajo), Voor (batería) y Maelo (guitarra) no tendrán remilgos en desmembrarte con sus “blasbeats”, las laceraciones de su hiriente hacha y todo su compendio de black y death de plena ortodoxia nórdica. No deberías haberte acercado tanto al averno… “We Are Omega” y “The Pale Moon Rite” de “Credo Certe Ne Cras”- 2022, su última “ouija”, se unieron a “Sulphur” o “Let That Is Dead Sleep Forever” de “the Black Consecration”- 2019 y al single de 2017 “A Cruce Salus”. A pesar de que el sonido no haya acompañado por completo, sus ademanes quedan manifiestos y, al albor de la luna llena, esto hubiera sido un aquelarre donde hubiera pactado lo que fuera con su señor y la cohorte de placeres y penurias que ello conlleva.

Angelus Apatrida: ¿Por qué buscar fuera lo que ya poseemos de forma autóctona? El poder de la perseverancia sentencia.

En un lugar de La Mancha de cuyo nombre sí quiero acordarme, nació hace ya la friolera de veinticinco años una banda que apostó por el thrash como expresión cultural y reaccionaria con total convicción. Con sudor, lágrimas y seguro que sangre, pero sobre todo con tenacidad y pericia, los de Albacete han conseguido no sólo ser nuestra banda más internacional, sino ser un reclamo popular que acapara hasta pequeñas victorias dentro de las medianías del exclusivo entramado mercantil “mainstream”. Ocho discos como ocho cadáveres, sí, de esos de los que no logras deshacerte de tu conciencia y parece que todavía no han tocado techo, ¡que así sea! Multitud de camisetas evidencian su seguimiento y el arremolinamiento de gente que se generó en el escenario de la plata, hecho que rubricó las aseveraciones que como balas disparo hacia tu mente. ¿Acaso no mirabas a tu alrededor? No me extraña tampoco, estabas asistiendo a otro de los grandes conciertos que nos dejará esta décima edición. Guillermo Izquierdo es la figura nuclear con su característica voz y su guitarra inseparable que, como buen compañero, deja brillar tanto a su hermano sanguíneo, como a los electos por voluntad propia. David G. Álvarez quema mástil, J.J. Izquierdo metaliza cuerdas gruesas y Víctor Valera insufla hálito a los parches, todos ellos hechizados con unas marcas personales superadas nuevamente, los veas las veces que los veas. Aquí sí que se respira una más que abultada turba en busca de la autenticidad, una que abre un cráter y que no lo cierra en todo el acto, llegando incluso “Guille” a pedir que se relajen los ánimos para que no haya que lamentarse. “Indoctrinate” (“Angelus Apatrida”- 2021), “Give ´Em War” (Give `Em War”- 2007), “One Of Us” (“Cabaret de la Guillotine”- 2018), “Cold” (“Aftermanth”- 2023)  y así hasta desproveernos de cualquier tipo de amago de resistencia. Nada más que añadir señorías, si con cero detalles de producción, cuatro tíos enganchan con su música a miles de personas en una de las horas punta, todavía se puede mantener la creencia en el arte sin artificios vanos e inmediatos. Sobresaliente.

Alestorm: Más para una noche de Beetlejuice que de Freddy Krueger, los piratas de la nueva era surfean con patos de goma.

Al grito de “!Hagamos que la fiesta empiece!”, los escoceses otrora conocidos como Battleheart, dieron el pistoletazo de salida para que, entre el oleaje etílico, las narcóticas tonadas de sirena que portan en sus versos centrales, ese pirateo desenfadado trazado por el Capitán Morgan y su estéril flota de aves de plástico amarillo de la familia de Anatidae, triunfaran en una fiesta más propia de final de graduación de universidad que de los guardianes de los siete mares. Llevan suficiente tiempo activos como para saber lo que se demanda en un evento de esta índole y lo bordan, pese a los gustos, con un descaro grotesco y un puñado de santos y señas marcas de la casa que la gente aguarda como agua de mayo, para zambullirse en una despreocupación de alta gradación. “Pirate Metal Drinking Crew”, “Uzbekistan”, “Mexico”, “Hangover”, “P.A.R.T.Y.” o “Fucked With An Anchor” son algunas de sus eruditas letras que casan con la vacación neuronal  subida ya a un navío transatlántico de flota imperial en una luna de miel casposa. Christopher Bowes pide al turisteo que invade sus costas, que se siente a remar en “Drunker Sailor” y allí la peña se afana más que si tuvieran que ir a salvar al suegro en alta mar. También sacan tiempo para presentarnos su nuevo disco, “The Thunderfist Chronicles”, a editar el veinte de junio, con “Killed To Death By Piracy”. El folk de parche en el ojo y pata de palo, unido a sus andanadas power metaleras, los diálogos de besugo, los nuevos recursos tecnológicos y el “encalomamiento” de sus coros (todos menos su batería Peter Alcorn participan) por encima de la vociferación de Neptuno, nos arrastran al fondo de una Atlantis de cerveza y cañonazos de ron. Algunos no querrán salir nunca, otros parcialmente y a otros habría que llevárselos en helicóptero con soporte vital… En definitiva, unos grandes de festival para no rumiar lo que ya nos jode en el día a día.

Accept: El gran cabeza de cartel, puro terror teutónico al servicio de la eternidad.

La segunda juventud de los alemanes Accept sigue rodando con un Mark Tornillo (ex TTQuick) que tiene más chicha en directo que el señor Dirksnaider en su cuerpo, y eso a día de hoy es mucho. Wolf Hoffmann es una institución en el metal y, como único miembro representativo de su glorioso pasado y de su acertado presente, se rodea de la eficacia que proporcionan Christopher Williams (Elegant Weapons, ex Blackfoot) a la batería, Philip Shouse (Bang Camaro, Ace Frehley) y Uwe Lulis (ex Grave Digger) a las guitarras y el bajista Martin Motnik (ex Darkseed), para ofrecernos ni más ni menos de lo que uno espera de la banda nacida en Solingen. Con un telón representando su última larga duración, “Humanoid”, no dejan prisioneros con artillería pesada como “Restless and Wild”, “Breaker”, “Starlight”, “London Leatherboys”, “Princess of the Dawn”, “Metal Heart” del álbum del mismo disco editado en 1985, el todopoderoso himno de su regreso “Teutonic Terror” clásico instantáneo de este nuevo milenio, “Pandemic” y un final apoteósico con la dupla asesina de “Fast As A Shark” (con solo a tres guitarras aullando en manada) y el celebradísimo “Balls to the Wall”. Encomiable ejercicio de nostalgia, veteranía y amor verdadero por su legado, buscando el equilibrio para que la edad no sea óbice de asomo ni de un mínimo de decadencia, a pesar de que su coreografía pautada esté más sobada que la tranca de Vidal… ¡Cuántos músicos deberían tomar nota! Sé que puedo parecer parco en palabras a la hora de hablar de un cabeza de cartel tan afamado, pero es que huelgan los rodeos cuando ves una actuación de matrícula de honor por parte de unos catedráticos de nuestro modo de vida. Simplemente cumplen con su cometido como pocos pueden soñar y, a mí, eso ya no me permite tomar muchas notas para traducirte, tan solo me hace regresar al pasado donde la ilusión podía con todo y vuelvo a ser feliz.

Saurom: La torna a la infancia a través de los juglares de la esperanza, los sueños y la magia. Una deuda saldada con nuestra salud mental.

Tras un día caluroso, una sucesión consecutiva de conciertos que arrancaron a las cuatro y cuarto de la tarde y la exigencia que nos urgió semejante ambiente lúdico, parecía normal que un poco más de apatía se mostrara entre los asistentes sobrepasada la hora bruja con amplitud. Esta realidad no condicionó a unos Saurom que salieron a conquistar a nuestro irreductible infante interior, reducir a cenizas los muros con los que rodeamos a nuestra particular isla de “Nunca Jamás” y volatilizar durante una hora toda la mierda que nos cae con la responsabilidad de la madurez.

Los andaluces tiran de gracejo y de fantasía desde “El Principito”, “No Seré Yo” o “Todo en mi Vida”, consiguiendo que la gente cante junto a ellos a pesar de la “chaqueta” que llevan ya y, de repente, hacen revivir el cotarro por su humildad y entrega, independientemente del carisma que les otorga hacernos fuertes en el reino de las buenas aspiraciones. ¡Copón! Esto vuelve a ser una “party”, sin tanto exceso alcohólico (al menos manifestado verbalmente) como con Alestorm, pero con mucha más lumbre mística. No tienen rival en su categoría. Miguel A. Franco toca la fibra, tanto con su adecuada voz, como con su desembolso de emociones y cercanía para con los suyos. Narci Lara y todo su ardid de instrumentos de las entrañas de la tierra y su evolución, junto a Santi Carrasco a las teclas y flauta, Antonio Ruiz a la batería y Jose A. Gallardo al bajo, Raúl Rueda a las guitarras en sinergia con su homónimo Miguel (también con su violín a cuestas), prosiguen su onírico desvelo cultural y popular con “El Lazarillo de Tormes” o “El Rey que No Sabía Mandar” para, con un par de compañeros de baila, trazar dos círculos de confianza y estrechar los lazos que han tendido con generosidad para crear un hilo conductor de ensueño. Es “El Círculo del Juglar” y  solo nos falta hacer la ola con “Fuego” y “La Taberna” que pone todo patas arriba. Mucha, mucha taumaturgia.

Lujuria: La pesadilla final y el púlpito innecesario. Focos de metal y sombras de panfleto.

Vayan mis disculpas por delante ya que por Lujuria siento un afecto sincero, pero, para empezar, anoche se incumplieron dos máximas con las que desde hace años no comulgo. Una supongo que no será culpa suya, pero me hierve la sangre cuando toca una banda compañera, en un escenario contiguo, en clave de balada y, queda ésta damnificada porque otros quieren probar sus guitarras sea como sea. ¡Coño! Tiempo habrá o alguien te puede indicar el momento más acertado, ¿no? Me estoy volviendo gruñón, lo sé.

La otra queja que me permito puntualizar es que, al margen de la ideología de cada cual, llenar un escenario con discursos candentes tanto políticos, como sociales o humanitarios me parece, con todos los respetos, una necedad. Si quieres remover la mente y las entrañas de la sociedad hazlo a una hora y en un lugar adecuado (tendrás todo mi apoyo para debatir y concienciar si así se requiere) en la que las bebidas espirituosas no hayan alterado hasta nuestro DNI, por no mencionar nuestro ADN. No lo confecciones en lo que para muchos será  una chanza ya que invadimos su evasión del bombardeo mediático polarizado y destructivo con el que nos “agasajan” en cualquier minuto. ¡Joder! Dejemos que la música sea eso, arte sin matricular, también nos lo hemos ganado, ¿no? Óscar, ¡relájate por un día que yo también te entiendo!

Por lo demás los segovianos, atrayendo más gente que sus compañeros de cierre de la noche anterior, realizando otra de sus célebres caminatas maratonianas de ardor por el heavy metal. “Aquí mi Fusil, Aquí mi Pistola” tema de la insigne película “La Chaqueta Metálica” de Stanley Kubrick, encaminaba la marcha y ellos a sabiendas de sus funciones en estas ocasiones, dieron lo mejor de sí mismos con los legendarios “Escuadrón 69”, “No soy Carne de Cañón”, “Sin Parar de Pecar”, “Jeckyl y Mr. Hyde” o “ María Martillo”. Si el sonido no era el más recomendable, ellos lo suplieron con la lascivia y encanto que proyecta su gran “frontman” quien conoce sus límites y los bordea con decisión, sin resentir su enmienda. Quedan claros sus porqués y sus anhelos, ellos han nacido para mantener el tejido metálico en castellano, no van a cambiar y ¡gracias!

Las mentes pensantes de este festival volvieron a dar en el clavo, otra jornada más, con actuaciones de la tierra que nada tienen que envidiar al resto del mundo. ¿Arriesgado? Quizás, ¿premonitorio? Sin duda. Ya nada le debemos al foráneo, es el momento de crecer desde la raíz y hacia fuera. La tierra ya no está sorda.

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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