Bandas: Geoff Tate – Ogma – James Keegan
Lugar: Sala Custom, Sevilla – 19 de junio de 2026
Fotos: Marta Grimaldi
Texto: Nono Suárez
No todos los días se presenta la oportunidad de escuchar Operation: Mindcrime interpretado de principio a fin en directo. Ese fue el principal reclamo de la visita de Geoff Tate a la Custom de Sevilla el pasado 19 de junio, una cita que reunió a numerosos seguidores del vocalista estadounidense y del legado de Queensrÿche. Con el aforo mostrando una gran respuesta desde primera hora y un cartel completado por James Keegan y Ogma, la velada se planteó como un recorrido por distintas formas de entender el rock antes de adentrarse en uno de los trabajos más influyentes del metal de finales de los ochenta.

James Keegan inauguró la velada con una actuación breve pero efectiva. Solo sobre el escenario y armado con una guitarra acústica, el cantante irlandés optó por una propuesta sencilla que encontró su espacio entre un público que comenzaba a ocupar la sala. Su momento más destacado llegó al interpretar varios pasajes sin amplificación, alejándose del micrófono y dejando que su gran voz se proyectara de forma natural por el recinto. La reacción fue de atención y respeto. Su actuación concluyó entre aplausos y algunos vítores, una muestra de la buena acogida que tuvo su paso por la Custom.
Tras la actuación de James, Ogma tomó el escenario para llevar la tarde hacia terrenos mucho más «eléctricos», apostando por un repertorio de hard rock directo y una puesta en escena muy dinámica. Durante toda su actuación apenas permanecieron quietos, intercambiando posiciones constantemente y buscando el contacto con las primeras filas. Entre canción y canción también dejaron espacio para algunos elementos visuales y momentos divertidos a raudales, como una breve coreografía en la que los músicos se ocultaban unos detrás de otros, un detalle que arrancó más de una sonrisa entre el público.

Otro detalle que me llamó la atención fue la facilidad con la que todos los integrantes de Ogma se sumaban a las voces. Los coros tuvieron un papel muy importante durante toda la actuación y contribuyeron a que el sonido de la banda resultara especialmente sólido. Como broche final a su set, llegó una potente interpretación de «Jailbreak» de Thin Lizzy. La banda abandonó el escenario entre aplausos dejando una sensación más que positiva.
A esas alturas de la noche ya no quedaban demasiadas dudas sobre cuál era el concierto que la mayoría esperaba. Cuando llegó el turno de Geoff Tate, la Sala Custom presentaba un gran aspecto y la atención estaba completamente centrada en el escenario. No pasó desapercibido para muchos asistentes que la banda que acompañaría al cantante estaba formada por los gran parte de los miembros de Ogma. Hubo un detalle que ayudó a entender rápidamente el planteamiento del concierto, todo lo que sonaba procedía de los músicos que ocupaban el escenario. Sin apoyos evidentes más allá de la propia banda, la actuación se construyó a partir de la interpretación en directo de unas canciones que no destacan precisamente por su sencillez, algo que permitió apreciar aún más el trabajo del grupo. Las tres guitarras trasladaban buena parte de las capas instrumentales de las grabaciones originales, mientras la base rítmica de Michele Panepinto mantenía el pulso de un repertorio muy exigente de principio a fin.

Las tres guitarras tuvieron un papel importante durante toda la actuación. Gracias a esa configuración, la banda pudo reproducir muchos de los arreglos y armonías presentes en las grabaciones originales, algo fundamental en un disco tan detallista como Operation: Mindcrime. La aparición de Geoff Tate fue recibida con una de las mayores ovaciones de la noche. Más allá del peso histórico de su figura dentro del género, la atención estaba puesta en comprobar cómo respondería ante un repertorio vocalmente complejo. Tate mantuvo firme la interpretación, conservando un timbre fácilmente reconocible y resolviendo con seguridad buena parte de los pasajes más complicados del set.
Con la introducción ya superada, el concierto entró en el terreno que muchos esperaban: la interpretación completa de Operation: Mindcrime. Tate y la banda respetaron la estructura original del disco, permitiendo que canciones como «Revolution Calling», «Speak» o «The Mission» fueran construyendo la historia de forma progresiva. Geoff hizo gala en todo momento de su legendario talento interpretativo; su característica puesta en escena teatralizaba cuidadosamente cada uno de los pasajes de la obra conceptual. Asumió sin reservas el papel de Nikki, narrando tanto de forma visual como vocal la espiral de manipulación, locura y tragedia que envuelve al protagonista del álbum. Las luces jugaron un papel narrativo crucial a lo largo de toda la noche, marcando los clímax emocionales y bañando el escenario en tonos fríos, cortantes y dramáticos que sumergían irremediablemente al espectador en las profundidades de la trama.
Además, en esta ambiciosa y monumental representación escénica, resultó fundamental la sobresaliente participación de la cantante y teclista Clodagh McCarthy. Su voz, poseedora de un tono dulce, pero al mismo tiempo cargada de un desgarrador dramatismo, fue la contraparte perfecta para los agudos de Tate, encarnando con maestría a la inolvidable «Suite Sister Mary». La abrumadora química que fluyó entre ambos durante la ejecución, erizó la piel de todos los presentes. Aquel torrente emocional mutó de pronto en una corriente más pausada y contemplativa que nos invitaba ahora a descender por los senderos de la melancolía. Comenzaban así a sonar nítidamente los primeros y delicados arpegios acústicos de «Silent Lucidity».

De repente, en medio de un moderno mar de pantallas de teléfonos móviles grabando y retransmitiendo la escena, la romántica magia del pasado irrumpió en el centro de la sala: un heavy auténtico, de los de chupa de cuero desgastada por mil batallas y cubierta de parches clásicos, alzó lentamente su brazo empuñando orgulloso un tradicional mechero de rueda encendido. Esa pequeña llama titilante bailando entre la oscuridad tecnológica de la sala fue como un billete directo en una máquina del tiempo hacia principios de los gloriosos años noventa, logrando transportar de manera instantánea a todos los presentes a aquel momento exacto de sus vidas en el que salió al mercado la mítica balada y se apoderó de las emisiones de las radios del mundo entero.
Cualquiera habría dado por hecho que aquel era el final, pero Geoff Tate y los suyos todavía tenían una última carta que jugar, desatando entonces la tormenta perfecta al elegir la colosal «Queen of the Reich» como cierre definitivo, un momento cuya magnitud merece detenerse unos instantes, porque resulta casi una obligación para cualquier cronista que haya tenido la fortuna de presenciarlo.
«Queen of the Reich» no es simplemente uno de los grandes clásicos de Queensrÿche; es una de las canciones que ayudaron a definir el heavy metal estadounidense de comienzos de los ochenta. Por eso, ver a Geoff Tate plantarse en 2026 y afrontar esas endiabladas líneas vocales con una seguridad pasmosa, afinación impecable y una agresividad prácticamente intacta fue uno de esos momentos que justifican por sí solos la entrada. El riff cobró vida con las tres guitarras sonando como un único bloque, mientras la sala se dejaba llevar por una euforia que fue creciendo hasta el último acorde.
Lo que prometía ser una gran noche acabó convirtiéndose en un concierto que superó incluso las previsiones más optimistas.
Impresionante.








