Nuestro sitio web utiliza cookies para mejorar y personalizar su experiencia y para mostrar anuncios (si los hubiera). Nuestro sitio web también puede incluir cookies de terceros como Google Adsense, Google Analytics, Youtube. Al utilizar el sitio web, usted acepta el uso de cookies.

Bangers Open Air 2026: Donde el Metal Respira y se Reinventa

Evento: Bangers Open Air 2026
Lugar: Memorial da América Latina en São Paulo, Brasil – 25 y 26 de abril de 2026
Fotos: Luca Apperti

Castellano

«El pasado no conduce a ningún lugar, pero es un excelente lugar para visitar de vez en cuando.» Con esta máxima en mente, cruzamos las puertas del Memorial da América Latina en São Paulo. El evento, que en 2025 asumió la identidad de Bangers Open Air, se consolidó como el sucesor espiritual del antiguo Summer Breeze Brasil, heredando la propuesta de ser un festival «abierto». Bangers Open Air 2026 decidió plantar su bandera en el metal moderno y extremo, pero sin alienar a los entusiastas del sonido clásico. Frente a un mar de 70 mil personas, esta elección curatorial creó una dinámica única donde el público nunca se cansó, pues cada banda trajo un «color» diferente de peso, desde la brutalidad del thrash hasta la sofisticación del metal sinfónico.

Como era nuestra primera vez en el evento, confieso que la sorpresa fue inevitable y extremadamente positiva. Desde la cálida acogida a la prensa hasta la estructura impecable, todo operaba en armonía, limpieza constante, diversidad gastronómica, exposiciones y una calidad de sonido indiscutible. En medio de este engranaje, un detalle llamaba la atención y robaba sonrisas, un cosplay de Pennywise, tan impecablemente caracterizado que podría asustar a los desprevenidos, pero que resultó ser una figura amable y omnipresente, circulando entre el público y personificando el espíritu lúdico y acogedor del evento.

Las presentaciones seguían la precisión de un reloj suizo, lo que transformó el tiempo en nuestro único e implacable enemigo. La mayor prueba de esto fue el cruel choque de horarios entre los headliners. Frente a un cartel tan robusto, fuimos forzados a esa decisión que todo amante de la música teme, elegir qué parte de la historia presenciar. En un festival de este calibre, cada elección de escenario es un ejercicio de renuncia, una entrega total a la sintonía del momento en detrimento de otro espectáculo igualmente épico.

Pero Bangers Open Air 2026 fue más allá de los escenarios. Entre la prisa y los shows memorables, encontramos aliento en experiencias complementarias que enriquecieron la vivencia, sesiones de autógrafos y momentos de conexión genuina con los creadores que admiramos. Fue un mosaico de sensaciones donde la organización técnica sirvió de base para que la emoción pudiera, finalmente, desbordarse.

El sábado 25 de abril despertó con esa energía punzante de que Bangers Open Air ya comenzaba a transformarse en nostalgia antes incluso de que la primera nota resonara. Es la paradoja de vivir el presente sabiendo que, pronto, será apenas ese «excelente lugar para visitar de vez en cuando» en la memoria. Entre un escenario y otro, lo que se escuchaba era una verdad universal dicha por Victor Hugo: «la música es el ruido que piensa.» Y qué ruido instigante. Allí, el metal se fusionó con la arquitectura modernista de Oscar Niemeyer del lugar y con la puesta de sol anaranjada de São Paulo, creando un escenario donde la brutalidad del sonido encontraba la elegancia de la forma.

Sabemos que la música no cambia el mundo directamente; cambia a las personas, y las personas transforman todo. En ese sentido, nuestro primer trago en el festival fue el show de Lucifer, que cumplió exactamente ese papel. La banda no intentó quebrar el Memorial con extremos, simplemente transportó, rescatando la sonoridad que dio origen a todo lo que escucharíamos después en el festival. Al abrir el festival con tal maestría, Johanna Sadonis y su banda demostraron cómo el doom metal y el hard rock clásico pueden sonar frescos, cautivadores y absolutamente relevantes en el escenario contemporáneo, consolidando a Lucifer como uno de los pilares del rock occult actual. Fue una presentación inolvidable y ovacionada por un público que reconoció en esos acordes sombríos e hipnotizantes la verdadera esencia del género. Fue una experiencia que fue mucho más allá de un espectáculo, fue el despertar de una sintonía que nos hizo comenzar el día en perfecta harmonía.

De esa inmersión hipnótica, nos sumergimos directamente en la furia de Korzus, donde ver la presentación es ver la historia viva pasando ante tus ojos. Marcello Pompeu continúa con un dominio del escenario que transforma cualquier festival en una reunión de familia, una familia ruidosa y furiosa. Por supuesto. A su lado, Jéssica Falchi y Jean Patton asumen las guitarras, mientras Dick Siebert sostiene la base en el bajo y Rodrigo Oliveira proporciona precisión en la batería y qué precisión. La conexión con el público fue instantánea, creando un ambiente de celebración mutua. Las guitarras entregaron esos riffs clásicos que son la columna vertebral del metal paulista. Desde veteranos con chalecos llenos de parches hasta jóvenes que están descubriendo el peso ahora, todos se unieron en círculos que, aunque intensos, tenían un respeto admirable. Fue hermoso ver el mosh de la vieja guardia y que el público de Korzus mezcla generaciones.

Otro grupo que tuvimos que seleccionar en esta difícil curaduría de opciones fue Violator. Hablar de ellos es hablar de thrash metal en su estado más puro y «sucio», exactamente como el género fue concebido para ser. Su show en el escenario Sun fue, posiblemente, el momento de mayor intensidad física del sábado. Fieles a su esencia y con su posicionamiento político bien definido, los brasileños de Violator trajeron conciencia al escenario. No se limitaron a tocar canciones, llevaron mensajes, expusieron banderas, hicieron dedicatorias que resonaron mucho más allá del sonido de los amplificadores. El público respondió a la altura, ocupando todo el espacio disponible y organizando los círculos de mosh más intensos que vi en el festival. Me gustaría enfatizar que en un festival lleno de nombres internacionales, fueron los brasileños quienes recordaron a todos qué significa estar vivo, estar consciente y estar dispuesto a usar la música como herramienta de transformación. Fue hermoso de ver y uno de los mejores shows del festival.

Ahora, si el pasado es para visitarse, Jinjer es el destino final para quienes buscan lo más contemporáneo. La banda ucraniana, como parte de su Latin America Duél Tour 2026, entregó una presentación memorable. Con el repertorio enfocado en el álbum Duél, nadie en el festival representó mejor los vocales extremos que Tatiana Shmayluk. Ver su transición vocal en vivo en el escenario de Bangers fue entender que el metal extremo moderno puede ser, al mismo tiempo, hermoso y aterrador, demostrando su impresionante capacidad de transitar perfectamente entre vocales limpios y melódicos y guturales profundos y agresivos. Ella personificó la «poesía del ruido».

Mientras los escenarios principales hervían con bandas internacionales, el Sun Stage fue testigo de una verdadera lección de técnica y furia brasileña. Crypta fue una de esas bandas que pusieron al público en un dilema. Su show coincidió con grandes nombres en los escenarios Hot e Ice, pero quien eligió el Sun Stage no se arrepintió. Fue el momento en que la presencia femenina en el festival mostró su cara más agresiva y competente. Ver cuatro mujeres brasileñas comandando un escenario de ese tamaño, con un sonido tan extremo, fue la prueba de que, aunque las raíces del metal nacional son profundas, el presente de Crypta es el lugar donde todos querían estar. Si el festival marcó el tono con metal extremo, las brasileñas fueron las directoras de esa sinfonía de brutalidad. Fue impresionante verlas en directo.

Black Label Society erigió un monumento a la fuerza bruta del heavy metal. Con Zakk Wylde exhibiendo una forma física y técnica envidiable, la banda descargó un setlist que funcionó como un rito de paso entre la celebración y la reverencia. Desde clásicos como «Whole Lotta Sabbath» hasta el peso aplastante de “Funeral Bell”, cada nota parecía llevar el peso de una historia escrita con sudor y fuerza. Un tributo vivo al legado de gigantes como Dimebag Darrell, Vinnie Paul y el maestro Ozzy Osbourne, fue realmente emocionante. Como mi compañero de cobertura, que además de estar registrando todo a través de la lente es un fan absoluto, producirá una reseña completa y detallada por separado, no voy a extenderme en detalles técnicos. Dejo para él la misión de diseccionar cada detalle mientras yo guardo conmigo la sensación de haber visto una leyenda en plena forma.

Finalizando la noche, el linaje clásico fue honrado con maestría el sábado con Onslaught, que entregó al público la experiencia de quienes ayudaron a pavimentar el género. Como headliner del escenario Sun en el primer día, los británicos lograron un éxito absoluto con un público presente en masa, destilando exactamente lo que se esperaba de ellos, thrash metal puro, brutal y energético, la esencia de lo que Onslaught ayudó a crear hace más de 40 años. El gran destaque de la presentación fue el retorno triunfal del legendario vocalista Sy Keeler. Después de un período de ausencia, su regreso a los escenarios fue el combustible que generó un entusiasmo contagioso entre los fans, y su presentación reafirmó su posición como una de las voces más icónicas en la historia de la banda. Al mando de esta máquina de sonido, el fundador Nige Rockett lideró con la maestría de quien marca el ritmo desde 1982. Su guitarra rítmica, aliada con el nuevo integrante Nik Sampson. Jeff Williams, en la base desde 2006, proporcionó la estabilidad que permitió que esta renovación sucediera de manera orgánica. James Perry selló el conjunto, manteniendo el motor de la banda en rotación máxima con una agresividad técnica en la batería impresionante. El resultado fue una formación renovada y una presentación poderosa que conquistó al público brasileño. El show fue ampliamente considerado como uno de los puntos destacados del festival, cerrando la noche del sábado como un punto final que prometía continuar.

Domingo

Si el sábado nos dejó agotados por la intensidad de los círculos, el domingo nos convocó por la curiosidad y el respeto al legado. Cruzar las puertas del Memorial nuevamente fue como reencontrarse con un viejo amigo; la organización impecable y el sonido cristalino seguían allí, pero la energía en el aire era diferente, más densa y más progresiva.

Project46 tuvo la ingrata pero poderosa misión de abrir el escenario principal de Bangers Open Air 2026 el domingo, al mediodía, una hora estratégica que los colocó como calentadores para el resto del día, trayendo la brutalidad técnica que define la escena deathcore brasileña contemporánea. A medida que el público entraba, se encontraba con una banda que ignoraba el hecho de que el sol aún estaba alto y la pista aún estaba ganando cuerpo. Fue el energético que mucha gente necesitaba para curar la resaca del primer día del festival.

En el corazón de la tarde, el Ice Stage recibió a banda Nevermore en un retorno que fue mucho más que nostalgia, donde el grupo regresó a los escenarios brasileños honrando el legado de Warrel Dane con una presentación técnicamente impecable, prueba definitiva de que el metal progresivo es, ante todo, una experiencia intelectual y emocional. Había dudas sobre cómo sonaría la banda con su nueva formación y el nuevo vocalista Berzan Önen, pero lo que se vio fue un renacimiento, no fue un retorno simple, fue una afirmación de identidad. En 50 minutos rebosantes de emoción, la banda demostró ser posible honrar un legado gigante mientras se abraza una nueva dirección, marcando un punto de inflexión en el metal progresivo donde demostraron que es posible resucitar una leyenda sin caer en la trampa de ser apenas una copia del pasado. Nevermore es una fuerza viva, vibrante y necesaria en el presente.

Mientras la tarde avanzaba y el Ice Stage ya rebosaba de gente, de la nueva y de la vieja escuela. Winger entregó un show de calidad irrefutable. La banda también tiene su lugar garantizado entre las composiciones más sofisticadas del festival. Además de ejecuciones impecables que incluyeron solos memorables de Reb Beach en la guitarra, demostraron que la técnica que los consagró hace décadas sigue siendo el pilar de una presentación que no necesita artificios para brillar. Si era o no una despedida, poco importaba frente a la entrega visceral en el escenario. Winger tocó con la urgencia de quien sabe que el presente es el único escenario real, transformando el domingo en un tributo a su propia historia, una banda que demostró que el hard rock clásico americano aún posee la fuerza y la relevancia para conquistar multitudes en 2026.

Si Winger demostró que la sofisticación melódica tiene su lugar garantizado, Noturnall demostró que la brutalidad técnica también merece el mismo respeto. Mientras los últimos acordes aún calentaban el aire en el Ice Stage, una nueva energía pulsaba en el escenario Sun Stage. Fue la hora para que el metal progresivo demostrara que no habita los márgenes, sino el centro nervioso del género. Henrique Pucci fue el ritmo de esta máquina, con una batería de «otro planeta» manteniendo un pedal doble incansable como un verdadero metrónomo humano. Sobre esta base de hierro, Xakol construyó líneas de bajo memorables y complejas que dieron profundidad a cada composición mientras Guilherme Torres, la joven promesa que ya habla la lengua de los maestros, dibujaba en el aire con solos de autoridad indiscutible en su guitarra de siete cuerdas. Al mando de esta unidad de élite, Thiago Bianchi unificó el caos con un liderazgo vocal poderoso. Juntos, los cuatro consolidaron a Noturnall como entidad viva, entregando calidad técnica que los coloca, por derecho, en la cúspide de la pirámide del metal progresivo nacional. El show fue memorable y ampliamente elogiado, la prueba viva de que el metal progresivo brasileño prospera.

La unión de Adrian Smith y Richie Kotzen en el escenario de Bangers Open Air fue el momento en que el festival nos permitió, con clase, «visitar el pasado». El proyecto Smith/Kotzen trajo una sofisticación que sirvió de respiro en medio de la brutalidad del metal extremo, probando que la amistad y la química musical son, de hecho, fuerzas que el tiempo no borra. Fue el encuentro de dos mundos: el heavy metal clásico británico de Adrian Smith, legendario guitarrista de Iron Maiden, y el blues-rock virtuoso americano de Richie Kotzen, celebrando la técnica sin perder el alma. En este escenario, la bajista brasileña Julia Lage fue la fuerza motriz de la presentación, uniendo energía visceral y rigor técnico en una presencia de escenario magnética. Además de anclar el sonido, trajo una nueva dimensión a la presentación con backing vocals precisos y una vibración contagiosa. El setlist se extendió a través de composiciones que alternaban entre la precisión estructural del metal británico y la libertad improvisatoria del blues rock, consolidando a Smith/Kotzen como un proyecto capaz de unir tradición y contemporaneidad de manera magistral, dejando también la certeza de que la verdadera excelencia musical trasciende géneros y generaciones, uniendo fans de diferentes épocas en un trance de virtuosismo y nostalgia elegante.

Si el pasado es un excelente lugar para visitar, Roy Khan fue nuestro guía más refinado. Con una presentación que rondaba lo sagrado, nos recordó que el metal también está hecho de pausas, respiraciones y poesía. Fue la música en su estado más puro y melancólico, dejando al público en un trance. El legendario vocalista deKamelot (1997-2011) se presentó en el escenario Sun el domingo. Este fue un momento especial porque marcó el lanzamiento de su primer capítulo de presentaciones en vivo en solitario, titulado Soul Society. Uno de los momentos verdaderamente especiales fue la presencia de invitados, de la talentosa Adrienne Cowan, conocida por su versatilidad vocal. Y por la entrada arrolladora de Alexander Krull que creó una celebración auténtica reuniendo a músicos que hacen historia juntos.

Con la caída del sol y el Memorial ya sumergido en la oscuridad, la atmósfera del festival cambió drásticamente. Era el escenario perfecto para lo que vendría a continuación. Krisiun trajo el peso absoluto del death metal. Es una banda que no pide permiso, ella invade. Con una energía que parecía venir de un infierno particular, el trío tocó con la brutalidad característica que los define. La banda brasileña, formada por los hermanos Moyses Kolesne (guitarra) y Max Kolesne (batería), junto con Alex Camargo (bajo y vocales), representa un linaje de death metal que se remonta a los gigantes del género. Desde su formación en 1990 en Ijuí, Rio Grande do Sul, Krisiun construyó una carrera de más de tres décadas basada en una filosofía simple, el death metal puro. El show en Bangers consolidó a
Brasil como el epicentro del metal extremo en el festival, probando que, para Krisiun, el tiempo solo sirve para dejar el acero aún más afilado. Una banda que no hace concesiones, que no suaviza las aristas y que no pide disculpas. Krisiun entregó uno de los momentos más puros del festival.

En medio del caos tuve que renunciar a Krisiun por algunos instantes e ir corriendo a ver a una banda que despertó en mí una curiosidad descontrolada. En el escenario Waves, Silverdust fue, sin duda, la sorpresa teatral del festival. Ver a los suizos en el escenario fue como ver un capítulo de un libro de Tim Burton cobrando vida a través del metal. Liderados por el carismático Lord Campbell, entregaron una presentación victoriana, con un visual marcante, elementos teatrales y una atmósfera gótica. Silverdust trajo una elegancia gótica que raramente se ve en festivales de metal extremo. Con un género theatrical, dark y gothic metal, el grupo entregó una experiencia que va más allá de la música, siendo un verdadero espectáculo visual y sonoro que contrastó de forma interesante con las bandas más tradicionales de thrash y heavy metal del festival.

Existen presentaciones que funcionan como celebraciones y otras que parecen puntos finales cubiertos de gloria. Lo que presenciamos en el Memorial fue uno de esos momentos de transición que aprietan el pecho. El show de Angra en Bangers Open Air 2026 fue, sin duda, un momento histórico para el metal brasileño. Con una producción impecable y presentaciones de gala, la banda entregó todo lo que se espera de un gigante. Sin embargo, para quien acompañó las varias metamorfosis del grupo como yo, el sentimiento fue agridulce. Celebramos el pasado y la era Rebirth, que moldeó el carácter de tantos fans, pero fuimos confrontados con un futuro que, aunque técnicamente brillante, suena diferente.

Fue difícil despedirme de la voz del «mago» Fabio Lione, presencia que nos guió durante los últimos 14 años. Allí, ante las curvas del Memorial da América Latina, percibí que el futuro quizás hubiera sido más hermoso si hubiera encontrado un punto final con dignidad, en lugar de insistir en constantes reinvenciones. Angra continúa, pero el pionerismo del maestro André Matos, la «gracia» que Edu Falaschi personificó y que el mago Fabio Lione ayudó a sostener parece haber quedado atrás en ese escenario.

Me quedé para escuchar algunas canciones, pero la energía para mí ya no era la misma, no sentí el vigor que me hiciera quedarme hasta el acorde final. Es importante decir que no se trata de cuestionar la competencia musical de nadie. Todos allí son músicos de élite en sus categorías. Se trata de conexión, algo que de verdad no sentí entre ellos en ese momento. Entonces, en un acto de honestidad conmigo misma, decidí partir y fui hacia el show de Udo Dirkschneider. Allí, encontré un escenario sintomático, una legión de fans con camisetas de Angra que, así como yo, parecían buscar en ese heavy metal tradicional y honesto la energía que ya no encontraban en el escenario principal. Fue mi ejercicio final de renuncia, honrar el legado, pero admitir que, para mí, la jornada de Angra terminó allí.

Mientras tanto, Dirkschneider entregó un show de calidad intachable en el Sun Stage. La leyenda viva del heavy metal alemán, fundador y vocalista original de Accept (1968-1987) y creador de la exitosa carrera en solitario con U.D.O, estaba en gira especial Balls to the Wall 40th Anniversary Tour, celebrando cuatro décadas del álbum que cambió la historia del metal. La frase «Balls to the Wall» trascendió la música para convertirse en un manifiesto de rebeldía auténtica, un símbolo de metal puro, destemido y sin concesiones. Dirkschneider demostró que las leyendas nunca mueren, se vuelven más valiosas con el tiempo y en un setlist repleto de clásicos, no podemos dejar de mencionar el momento cuando resonó la épica «Balls to the Wall». Su voz poderosa, presencia magnética y dedicación inquebrantable reafirmaron que el metal es eterno, y que cuarenta años después, el mensaje de rebeldía, opresión y derechos humanos encapsulado en «Balls to the Wall» continúa siendo tan relevante, necesario y poderoso como lo era en 1983. Realmente fue un momento singular en esta experiencia del Bangers.

Después de maratonar días de pura intensidad sonora, la tarea de sintetizar todo lo que vivimos se convierte en un ejercicio de gratitud y reconocimiento. Al desbordar esta experiencia en palabras, puedo afirmar que Bangers Open Air 2026 «visitó el pasado» del metal, pero también lo utilizó como fundación para construir un festival que mira hacia el futuro.

El equilibrio entre la nostalgia del rock clásico y la furia del metalcore moderno fue lo que transformó esta masa de gente en una armonía única, donde las mujeres no fueron apenas participantes, sino líderes indiscutibles. Desde Johanna Sadonis en Lucifer hasta Sharon Den Adel en Within Temptation, pasando por la versatilidad impresionante de Tatiana Shmayluk en Jinjer, la precisión técnica de las mujeres de Crypta y Mayara Puertas de Torture Squad, la presencia magnética de Lauren Hart de Arch Enemy, y el brillo de Thalìa Bellazecca en Primal Fear, Jéssica Falchi en el Korzus y Julia Lage de Smith/Kotzen. El festival demostró que el liderazgo femenino en el metal hoy es sinónimo de excelencia técnica, poder de venta de entradas y, sobre todo, liderazgo artístico. Con presentaciones que fueron ampliamente consideradas entre los mejores shows del festival. En esta edición del festival, quedó claro que el metal ya no es un territorio a ser conquistado por nosotras, mujeres, sino un imperio que ya ayudamos a gobernar con la maestría de quienes hacen de este ‘ruido que piensa’ su forma más potente de libertad.

«La música es el ruido que piensa». Pero es también la fuerza que transforma a las personas, y las personas transforman el mundo. Entre el peso del metal y la arquitectura modernista del recinto fuimos transformados por este ruido instigante.

Salimos como espectadores de un festival, pero también como individuos renovados por la armonía de un presente que supo, como pocos, honrar el pasado. Bangers Open Air 2026 fue un evento de transformación colectiva donde cada nota, cada escenario, cada momento nos recordó que la música es, de hecho, el lenguaje universal del cambio. Salimos del Memorial, pero el ruido que piensa ahora habita en nosotros.

Portugués

Bangers Open Air 2026: Onde o Metal Respira e se Reinventa

«O passado não conduz a lugar nenhum, mas é um ótimo lugar para se visitar de vez em quando.» Com essa máxima na mente, atravessamos os portões do Memorial da América Latina em São Paulo. O evento, que em 2025 assumiu a identidade de Bangers Open Air, consolidou-se como o sucessor espiritual do antigo Summer Breeze Brasil, herdando a proposta de ser um festival «aberto.» O Bangers Open Air 2026 decidiu fincar bandeira no metal moderno e extremo, mas sem alienar os entusiastas do som clássico. Diante de um mar de 70 mil pessoas, essa escolha curatorial criou uma dinâmica única onde o público nunca cansou, pois cada banda trouxe uma «cor» diferente de peso, desde a brutalidade do thrash até a sofisticação do metal sinfônico.

Como era a nossa primeira vez no evento, confesso que a surpresa foi inevitável e extremamente positiva. Desde a acolhida calorosa à imprensa até a estrutura impecável, tudo operava em uma harmonia, limpeza constante, diversidade gastronômica, exposições e uma qualidade de som indiscutível. No meio dessa engrenagem, um detalhe chamava a atenção e roubava sorrisos, um cosplay de Pennywise, tão impecavelmente caracterizado que poderia assustar os desavisados, mas que se revelou uma figura amável e onipresente, circulando entre o público e personificando o espírito lúdico e acolhedor do evento.

As apresentações seguiam a precisão de um relógio suíço, o que transformou o tempo em nosso único e mais implacável inimigo. A maior prova disso foi o cruel choque de horários entre os headliners. Diante de um cartel tão robusto, fomos forçados àquela decisão que todo apaixonado por música teme, escolher qual parte da história presenciar. Em um festival desse porte, cada escolha de palco é um exercício de renúncia, uma entrega total à sintonia do momento em detrimento de outro espetáculo igualmente épico.

Mas o Bangers Open Air 2026 foi além dos palcos. Entre a correria e os shows memoráveis, encontramos fôlego em experiências complementares que enriqueceram a vivência: sessões de autógrafos e momentos de conexão genuína com os criadores que admiramos. Foi um mosaico de sensações onde a organização técnica serviu de base para que a emoção pudesse, enfim, transbordar.

O sábado 25 de abril despertou com aquela energia pungente de que o Bangers Open Air já começava a se transformar em saudade antes mesmo da primeira nota ecoar. É o paradoxo de viver o presente sabendo que, em breve, ele será apenas aquele «ótimo lugar para se visitar de vez em quando» na memória. Entre um palco e outro, o que se ouvia era uma verdade universal dita por Victor Hugo, “a música é o barulho que pensa.” E que barulho instigante. Ali o metal se fundiu à arquitetura modernista de Oscar Niemeyer do local e ao pôr do sol alaranjado de São Paulo, criando um cenário onde a brutalidade do som encontrava a elegância da forma.

Sabemos que a música não muda o mundo diretamente, ela muda as pessoas, e as pessoas transformam tudo. Nesse sentido, nosso “primeiro trago” no festival foi o show do Lucifer que cumpriu exatamente esse papel. A banda não tentou quebrar o Memorial com extremo, ela simplesmente transportou, resgatando a sonoridade que deu origem a tudo o que ouviríamos a seguir no festival.

Ao abrir o festival com tamanha maestria, Johanna Sadonis e sua banda demonstraram como o doom metal e o hard rock clássico podem soar frescos, cativantes e absolutamente relevantes no cenário contemporâneo, consolidando o Lucifer como um dos pilares do occult Rock atual. Foi uma apresentação inesquecível e ovacionada por um público que reconheceu naqueles acordes sombrios e hipnotizantes, a verdadeira essência do gênero. Foi uma experiência que foi muito além de um espetáculo, foi o despertar de uma sintonia que nos fez começar em perfeita harmonia.

Dessa imersão hipnótica, mergulhamos direto na fúria do Korzus, onde assistir à performance é ver a história viva passando diante dos olhos. Marcello Pompeu continua com um domínio de palco que transforma qualquer festival em uma reunião de família, uma família barulhenta e furiosa. É claro. Ao seu lado, Jéssica Falchi e Jean Patton assumem as guitarras, enquanto Dick Siebert segura a base no baixo e Rodrigo Oliveira fornece a precisão na bateria e que precisão. A conexão com o público foi instantânea, criando um ambiente de celebração mútua. As guitarras entregaram aqueles riffs clássicos que são a espinha dorsal do metal paulistano. De veteranos com coletes cheios de patches a jovens que estão descobrindo o peso agora, todos se uniram em rodas que, embora intensas, tinham um respeito admirável. Foi bonito ver o mosh da velha guarda e que o público do Korzus mistura gerações.

Outro grupo que tivemos que selecionar nessa difícil curadoria de escolhas foi o Violator. Falar deles é falar de thrash metal em seu estado mais puro e «sujo», exatamente como o gênero foi concebido para ser. O show deles no palco Sun foi, possivelmente, o momento de maior intensidade física do sábado. Fiel à sua essência e com seu posicionamento político bem definido, os brasilienses do Violator trouxeram consciência para o palco. Não se limitaram a tocar músicas, levaram mensagens, expuseram bandeiras, fizeram dedicatórias que ecoaram muito além do som dos amplificadores. O público respondeu à altura, ocupando todo o espaço disponível e organizando as rodas de mosh mais intensas que eu vi no festival.

Gostaria de ressaltar que em um festival repleto de nomes internacionais, foram os brasilienses que lembraram a todos o que significa estar vivo, estar consciente e estar disposto a usar a música como ferramenta de transformação. Foi lindo de se ver e um dos melhores shows do festival.

Agora, se o passado é para se visitar, o Jinjer é o destino final de quem busca o que há de mais contemporâneo. A banda ucraniana Jinjer, como parte de sua turnê Latin America Duél Tour 2026, entregou uma performance memorável. Com o repertório focado no álbumDuél, ninguém no festival representou melhor os vocais extremos do que Tatiana Shmayluk. Ver a transição vocal dela ao vivo no palco do Bangers foi entender que o metal extremo moderno pode ser, ao mesmo tempo, belo e aterrorizante, demonstrando sua impressionante capacidade de transitar perfeitamente entre vocais limpos e melódicos e guturais profundos e agressivos. Ela personificou a «poesia do barulho”.

Enquanto os palcos principais ferviam com as bandas internacionais, o Sun Stage foi testemunha de uma verdadeira aula de técnica e fúria brasileira. A Crypta foi uma dessas bandas que colocaram o público em um dilema. O show delas coincidiu com grandes nomes dos palcos Hot e Ice, mas quem escolheu o Sun Stage não se arrependeu. Foi o momento em que a presença feminina no festival mostrou sua face mais agressiva e competente. Ver quatro mulheres brasileiras comandando um palco daquele tamanho, com um som tão extremo, foi a prova de que, embora as raízes do metal nacional sejam profundas, o presente da Crypta é o lugar onde todos queriam estar. Se o festival deu o tom com o metal extremo, as brasileiras foram as regentes dessa sinfonia de brutalidade. Foi impressionante vê-las ao vivo.

O Black Label Society ergueram um monumento à força bruta do heavy metal. Com Zakk Wylde exibindo uma forma física e técnica invejável, a banda descarregou um setlist que funcionou como um rito de passagem entre a celebração e a reverência. De clássicos como «Whole Lotta Sabbath» ao peso esmagador de “Funeral Bell», cada nota parecia carregar o peso de uma história escrita com suor e força. Um tributo vivo ao legado de gigantes como Dimebag Darrell, Vinnie Paul e o mestre Ozzy Osbourne, foi realmente emocionante.

Como o meu companheiro de cobertura que além de estar registrando tudo pelas lentes, é um fã absoluto, produzirá uma review completa e detalhada à parte, não vou me estender nos pormenores técnicos. Deixo para ele a missão de dissecar cada detalhe enquanto eu guardo comigo a sensação de ter visto uma lenda em plena forma. A linhagem clássica foi honrada com maestria no sábado com Onslaught que entregou ao público a experiência de quem ajudou a pavimentar o gênero. Como headliner do Sun Stage no primeiro dia, os britânicos alcançaram um sucesso absoluto com um público presente em peso, destilando exatamente o que se esperava deles, um thrash metal puro, brutal e energético, a essência do que Onslaught ajudou a criar há mais de 40 anos.

O grande destaque da apresentação foi o retorno triunfal do lendário vocalista Sy Keeler. Após um período de afastamento, sua volta aos palcos foi o combustível que gerou um entusiasmo contagiante entre os fãs, e a sua apresentação reafirmou sua posição como uma das vozes mais icônicas da história da banda. No comando dessa máquina sonora o fundador Nige Rockett, liderou com maestria de quem dita o ritmo desde 1982. Sua guitarra rítmica, aliada ao nuevo integrante Nik Sampson. Jeff Williams, na base desde 2006, forneceu a estabilidade que permitiu que essa renovação acontecesse de forma orgânica. James Perry selou o conjunto, mantendo o motor da banda em rotação máxima com uma agressividade técnica impressionante. O resultado foi uma formação renovada e uma apresentação poderosa que conquistou o público brasileiro. O show foi amplamente considerado como um dos destaques do festival encerrando a noite de sábado como um ponto final que promete continuar.

Domingo

Se o sábado nos deixou exaustos pela intensidade das rodas, o domingo nos convocou pela curiosidade e pelo respeito ao legado. Cruzar os portões do Memorial novamente foi como reencontrar um velho amigo, a organização impecável e o som cristalino continuavam lá, mas a energia no ar era outra, era mais densa e mais progressiva.

O Project46 teve a ingrata, mas poderosa missão de abrir o palco principal do Bangers Open Air 2026 no domingo, ao meio-dia, um horário estratégico que os colocaram como aquecedores para o resto do dia trazendo a brutalidade técnica que define a cena deathcore brasileira contemporânea. À medida que o público entrava, deparava-se com uma banda que ignorava o fato de o sol ainda estar a pino e a pista ainda estar ganhando corpo. Foi o energético que muita gente precisava para curar a ressaca do primeiro dia de festival.

No coração da tarde o Ice Stage recebeu o Nevermore em um retorno que foi, muito mais que nostalgia onde o grupo retornou aos palcos brasileiros honrando o legado de Warrel Dane com uma performance tecnicamente impecável, prova definitiva de que o metal progressivo é, antes de tudo, uma experiência intelectual e emocional. Havia dúvidas sobre como a banda soaria com sua nova formação e o novo vocalista Berzan Önen, mas o que se viu foi um renascimento, não foi um retorno simples, foi uma afirmação de identidade. Em 50 minutos transbordando emoção, a banda provou ser possível honrar um legado gigante enquanto se abraça uma nova direção marcando um ponto de inflexão no metal progressivo onde demonstraram que é possível ressuscitar uma lenda sem cair na armadilha de ser apenas uma cópia do passado. O Nevermore é uma força viva, vibrante e necessária no presente.

Enquanto a tarde avançava e o Ice Stage já transbordando de gente da nova e da velha escola, o Winger entregou um show de qualidade irretocável. A banda também tem seu lugar garantido entre as composições mais sofisticadas do festival. Além de execuções impecáveis que incluíram solos memoráveis de Reb Beach na guitarra, eles mostraram que a técnica que os consagrou há décadas continua sendo o pilar de uma performance que não precisa de artifícios para brilhar. Se era ou não uma despedida, pouco importava diante da entrega visceral no palco. O Winger tocou com a urgência de quem sabe que o presente é o único palco real, transformando o domingo em um tributo à própria história, uma banda que provou que o hard rock clássico americano ainda possui a força e a relevância para conquistar multidões em 2026.

Se o Winger provou que a sofisticação melódica tem seu lugar garantido, o Noturnall demonstrou que a brutalidade técnica também merece o mesmo respeito. Enquanto os últimos acordes ainda aquecia o ar no Ice Stage, uma nova energia pulsava no palco Sun Stage. Foi a hora do metal progressivo provar que não habita as margens, e sim o centro nervoso do gênero.

Henrique Pucci foi o ritmo dessa máquina, com uma bateria de «outro planeta» mantendo um pedal duplo incansável como um verdadeiro metrônomo humano. Sobre essa base de ferro, Xakol construiu linhas de baixo memoráveis e complexas que deram profundidade a cada composição enquanto Guilherme Torres, a jovem promessa que já fala a língua dos mestres, desenhava no ar com solos de autoridade indiscutível em sua guitarra de sete cordas. No comando dessa unidade de elite Thiago Bianchi unificou o caos com uma liderança vocal poderosa. Juntos, os quatro consolidaram o Noturnall como entidade viva, entregando qualidade técnica que os coloca, por direito, no topo da pirâmide do metal progressivo nacional. O show foi memorável e amplamente elogiado, a
prova viva de que o metal progressivo brasileiro prospera.

A união de Adrian Smith e Richie Kotzen no palco do Bangers Open Air foi o momento em que o festival nos permitiu, com classe, «visitar o passado». O projeto Smith/Kotzen trouxe uma sofisticação que serviu de respiro em meio à brutalidade do metal extremo, provando que a amizade e a química musical são, de fato, forças que o tempo não apaga. Foi o encontro de dois mundos, o heavy metal clássico britânico de Adrian Smith, lendário guitarrista do Iron Maiden, e o blues-rock virtuoso americano de Richie Kotzen, celebrando a técnica sem perder a alma. Nesse cenário, a baixista brasileira Julia Lage foi a força motriz da apresentação, unindo energia visceral e rigor técnico em uma presença de palco magnética. Além de ancorar o som, ela trouxe uma nova dimensão à performance com backing vocals precisos e uma vibração contagiante. O setlist se estendeu por composições que alternavam entre a precisão estrutural do metal britânico e a liberdade improvisatória do blues-rock, consolidando o Smith/Kotzen como um projeto capaz de unir tradição e contemporaneidade de forma magistral, deixando também a certeza de que a verdadeira excelência musical transcende gêneros e gerações, unindo fãs de diferentes épocas em um transe de virtuosismo e nostalgia elegante.

Se o passado é um ótimo lugar para se visitar, Roy Khan foi o nosso guia mais refinado. Com uma performance que beirou o sagrado, ele nos lembrou que o metal também é feito de pausas, respirações e poesia. Foi a música em seu estado mais puro e melancólico, deixando o público em um transe. O lendário vocalista do Kamelot (1997-2011) se apresentou no Sun Stage no domingo. Este foi um momento especial porque marcou o lançamento de seu primeiro capítulo de apresentações ao vivo solo, intitulado Soul Society. Um dos momentos verdadeiramente especial foi a presença de convidados, da talentosa Adrienne Cowan, conhecida pela sua versatilidade vocal. E pela entrada avassaladora de Alexander Krull que criou uma celebração autêntica reunindo músicos que fazem história juntos.

Com o cair do sol e o Memorial já mergulhado na escuridão, a atmosfera do festival mudou drasticamente. Era o cenário perfeito para o que viria a seguir. O Krisiun trouxe o peso absoluto do death metal. É uma banda que não pede licença, ela invade. Com uma energia que parecia vir de um inferno particular, o trio tocou com a brutalidade característica que os define. A banda brasileira, formada pelos irmãos Moyses Kolesne (guitarra) e Max Kolesne (bateria), junto com Alex Camargo (baixo e vocais), representa uma linhagem de death metal que remonta aos gigantes do gênero. Desde sua formação em 1990 em Ijuí, Rio Grande do Sul, o Krisiun construiu uma carreira de mais de três décadas baseada em uma filosofia simples, o death metal puro. O show no Bangers consolidou o Brasil como o epicentro do metal extremo no festival, provando que, para o Krisiun, o tempo só serve para deixar o aço ainda mais afiado. uma banda que não faz concessões, que não suaviza as arestas e que não pede desculpas. O Krisiun entregou um dos momentos mais puros do festival.

No meio do caos tive que renunciar a Krisiun por alguns instantes e ir correndo ver a uma banda que me despertou uma curiosidade descontrolada dentro de mim. No palco Waves Silverdust foi, sem dúvida, a surpresa teatral do festival. Assistir aos suíços no palco foi como ver um capítulo de um livro de Tim Burton ganhando vida através do metal. Liderados pelo carismático Lord Campbell, eles entregaram uma performance vitoriana, com um visual marcante, elementos teatrais e uma atmosfera gótica. O Silverdust trouxe uma elegância gótica que raramente se vê em festivais de metal extremo. Com um gênero theatrical, dark e ghotic metal o grupo entregou uma experiência que vai além da música, sendo um verdadeiro espetáculo visual e sonoro que contrastou de forma interessante com as bandas mais tradicionais de thrash e heavy metal do festival.

Existem apresentações que funcionam como celebrações e outras que parecem pontos finais cobertos de glória. O que testemunhamos no Memorial foi um desses momentos de transição que apertam o peito. O show do Angra no Bangers Open Air 2026, foi, sem dúvida, um momento histórico para o metal brasileiro. Com uma produção impecável e performances de gala, a banda entregou tudo o que se espera de um gigante. No entanto, para quem acompanhou as várias metamorfoses do grupo como eu, o sentimento foi agridoce. Celebramos o passado e a era Rebirth, que moldou o caráter de tantos fãs, mas fomos confrontados com um futuro que, embora tecnicamente brilhante, soa diferente.

Foi difícil se despedir da voz do “mago» Fabio Lione, presença que nos guiou pelos últimos 14 anos. Ali, diante das curvas do Memorial da América Latina, percebi que o futuro talvez tivesse sido mais bonito se tivesse encontrado um ponto final com dignidade, em vez de insistir em constantes reinvenções. O Angra continua, mas o pioneirismo do mestre André Matos, a «graça» que Edu Falaschi personificou e que o mago Fabio Lione ajudou a sustentar parece ter ficado para trás naquele palco. Fiquei para ouvir algumas canções, mas a energia para mim já não era a mesma, não senti o vigor que me fizesse ficar até o acorde final. É importante dizer que não se trata de questionar a competência musical de ninguém. Todos ali são músicos de elite em suas categorias. Trata-se de conexão, algo que de verdade não senti entre eles do grupo naquele momento. Então, em um ato de honestidade comigo mesma, decidi partir e fui em direção ao show de Udo Dirkschneider. Lá, encontrei um cenário sintomático, uma legião de fãs com camisetas do Angra que, assim como eu, pareciam buscar naquele heavy metal tradicional e honesto a energia que já não encontravam no palco principal. Foi o meu exercício final de renúncia, honrar o legado, mas admitir que, para mim, a jornada do Angra encerrou-se ali.

Enquanto isso, Dirkschneider entregou um show de qualidade irretocável no Sun Stage. A lenda viva do heavy metal alemão, fundador e vocalista original do Accept (1968-1987) e criador da bem-sucedida carreira solo com U.D.O, estava em turnê especial Balls to the Wall 40th Anniversary Tour, celebrando quatro décadas do álbum que mudou a história do metal. A frase Balls to the Wall transcendeu a música para se tornar um manifesto de rebeldia autêntica, um símbolo de metal puro, destemido e sem concessões. Dirkschneider provou que as lendas nunca morrem, elas se tornam mais valiosas com o tempo e em um setlist repleto de clássicos, não podemos deixar de mencionar o momento quando ecoou a épica «Balls to the Wall». Sua voz poderosa, presença magnética e dedicação inabalável reafirmaram que o metal é eterno, e que quarenta anos depois, a mensagem de rebeldia, opressão e direitos humanos encapsulada em «Balls to the Wall» continua sendo tão relevante, necessária e poderosa quanto era em 1983. Realmente foi um momento ímpar nessa experiência do Bangers.

Depois de maratonar dias de pura intensidade sonora, a tarefa de sintetizar tudo o que vivemos se torna um exercício de gratidão e reconhecimento. Ao transbordar essa experiência em palavras, posso afirmar que o Bangers Open Air 2026 «visitou o passado» do metal, mas também o usou como fundação para construir um festival que olha para a frente.

O equilíbrio entre a nostalgia do rock clássico e a fúria do metalcore moderno foi o que transformou essa massa de gente em uma sintonia única, onde as mulheres não foram apenas participantes, mas sim líderes indiscutíveis. De Johanna Sadonis no Lucifer até Sharon Den Adel no Within Temptation, passando pela versatilidade impressionante de Tatiana Shmayluk no Jinjer, pela precisão técnica das mulheres do Crypta e Mayara Puertas de Torture Squad, pela presença magnética de Lauren Hart do Arch Enemy, e pelo brilho de Thalìa Bellazecca no Primal Fear, Jéssica Falchi en el Korzus y Julia Lage de Smith/Kotzen. O festival provou que o protagonismo feminino no metal hoje é sinônimo de excelência técnica, poder de venda de ingressos e, acima de tudo, liderança artística. Com performances que foram amplamente consideradas entre os melhores shows do festival. Nesta edição do festival, ficou claro que o metal não é mais um território a ser conquistado por nós, mulheres, mas um império que já ajudamos a governar com a maestria de quem faz desse ‘barulho que pensa’ a sua mais potente forma de liberdade.

“A música é o barulho que pensa». Mas é também a força que transforma as pessoas, e as pessoas transformam o mundo. Entre o peso do metal e a arquitetura modernista do recinto fomos mudados por esse barulho instigante. Saímos como espectadores de um festival, mas também como indivíduos renovados pela sintonia de um presente que soube, como poucos, honrar o passado. O Bangers Open Air 2026 foi um evento de transformação coletiva onde cada nota, cada palco, cada momento nos recordou que a música é, de fato, a linguagem universal da mudança. Saímos do Memorial, mas o barulho que pensa agora mora em nós.

English

Bangers Open Air 2026: Where Metal Breathes and Reinvents Itself

The past leads nowhere, but it is a great place to visit from time to time. With this maxim in mind, we crossed the gates of The Memorial da América Latina in São Paulo. The event, which in 2025 adopted the identity of Bangers Open Air, consolidated itself as the spiritual successor of the old Summer Breeze Brasil, inheriting the proposal of being an open festival. Bangers Open Air 2026 decided to plant its flag in modern and extreme metal, but without alienating enthusiasts of classic sound. Before a sea of 70 thousand people, this curatorial choice created a unique dynamic where the audience never grew tired, because each band brought a different color of heaviness, from the brutality of thrash to the sophistication of symphonic metal.

As it was our first time at the event, I confess that the surprise was inevitable and extremely positive. From the warm welcome to the press to the impeccable structure, everything operated in harmony, constant cleanliness, gastronomic diversity, exhibitions and an unquestionable sound quality. In the middle of this machinery, one detail caught attention and stole smiles, a Pennywise cosplay, so impeccably characterized that it could frighten the unsuspecting, but which revealed itself to be a kind and omnipresent figure, circulating among the public and personifying the playful and welcoming spirit of the event.

The performances followed the precision of a Swiss clock, which transformed time into our only and most relentless enemy. The greatest proof of this was the cruel clash of schedules between the headliners. Faced with such a robust lineup, we were forced into that decision every music lover fears, choosing which part of history to witness. In a festival of this size, every stage choice is an exercise in renunciation, a total surrender to the tuning of the moment to the detriment of another equally epic spectacle.

But Bangers Open Air 2026 went beyond the stages. Between the rush and the memorable shows, we found breath in complementary experiences that enriched the experience: autograph sessions and moments of genuine connection with the creators we admire. It was a mosaic of sensations where the technical organization served as the foundation for emotion to finally overflow. Saturday, April 25th awoke with that pungent energy that Bangers Open Air was already beginning to transform into longing even before the first note echoed. It is the paradox of living the present knowing that, soon, it will only be that great place to visit from time to time in memory. Between one stage and another, what could be heard was a universal truth spoken by Victor Hugo, music is the noise that thinks. And what an instigating noise. There, metal merged with the modernist architecture of Oscar Niemeyer at the venue and with the orange sunset of São Paulo, creating a scenario where the brutality of sound met the elegance of form.

We know that music does not change the world directly, it changes people, and people transform everything. In that sense, our first sip at the festival was Lucifer’s show, which fulfilled exactly that role. The band did not try to break the Memorial with extremity, it simply transported, rescuing the sound that gave origin to everything we would hear afterwards at the festival.

By opening the festival with such mastery, Johanna Sadonis and her band demonstrated how doom metal and classic hard rock can sound fresh, captivating and absolutely relevant in the contemporary scene, consolidating Lucifer as one of the pillars of current occult rock. It was an unforgettable presentation and applauded by an audience that recognized in those dark and hypnotizing chords the true essence of the genre. It was an experience that went far beyond a spectacle, it was the awakening of a tuning that made us begin the day on the right foot. From that hypnotic immersion, we plunged directly into the fury of Korzus, where watching the performance is seeing living history passing before your eyes. Marcello Pompeu continues with a stage command that transforms any festival into a family reunion, a loud and furious family. Of course. At his side, Jéssica Falchi and Jean Patton take over the guitars, while Dick Siebert holds the foundation on bass and Rodrigo Oliveira provides the precision on drums, and what precision. The connection with the audience was immediate, creating an environment of mutual celebration. The guitars delivered those classic riffs that are the backbone of São Paulo metal. From veterans with patch-filled vests to young people who are discovering heaviness now, everyone united in circles that, although intense, carried admirable respect. It was beautiful to see the old guard mosh and that the Korzus audience mixes generations.

Another group that we had to select in this difficult curation of choices was Violator. To speak of them is to speak of thrash metal in its purest and dirtiest state, exactly as the genre was conceived to be. Their show on the Sun Stage was, possibly, the moment of greatest physical intensity on Saturday. Faithful to their essence and with their political positioning well defined, the musicians from Brasília in Violator brought consciousness to the stage. They did not limit themselves to playing songs, they carried messages, displayed banners, made dedications that echoed far beyond the sound of the amplifiers. The audience responded in kind, occupying all the available space and organizing the most intense mosh pits I saw at the festival.

I would like to emphasize that in a festival filled with international names, it was the musicians from Brasília who reminded everyone what it means to be alive, to be conscious and to be willing to use music as a tool for transformation. It was beautiful to witness and one of the best shows of the festival.

Now, if the past is to be visited, Jinjer is the final destination for those seeking what is most contemporary. The Ukrainian band Jinjer, as part of their Latin America Duél Tour 2026, delivered a memorable performance. With the repertoire focused on the album Duél, nobody at the festival represented extreme vocals better than Tatiana Shmayluk. Seeing her vocal transition live on the Bangers stage was understanding that modern extreme metal can be, at the same time, beautiful and terrifying, demonstrating her impressive capacity to transition perfectly between clean and melodic vocals and deep and aggressive growls. She personified the poetry of noise.

While the main stages boiled with the international bands, the Sun Stage witnessed a true lesson in Brazilian technique and fury. Crypta was one of those bands that placed the audience in a dilemma. Their show coincided with big names from the Hot and Ice stages, but whoever chose the Sun Stage did not regret it. It was the moment in which the female presence at the festival showed its most aggressive and competent face. Seeing four Brazilian women commanding a stage of that size, with such extreme sound, was proof that, although the roots of national metal are deep, Crypta’s present is the place where everyone wanted to be. If the festival set the tone with extreme metal, the Brazilian women were the conductors of this symphony of brutality. It was impressive to see them live.

Black Label Society erected a monument to the brute force of heavy metal. With Zakk Wylde displaying an enviable physical and technical form, the band unloaded a setlist that functioned as a rite of passage between celebration and reverence. From classics like ¨Funeral Bell¨ to the crushing weight of “Stillborn,” every note seemed to carry the weight of a story written with sweat and strength. A living tribute to the legacy of giants such as Dimebag Darrell, Vinnie Paul and the master, it was truly emotional.

As my coverage partner, who besides registering everything through the lenses is also an absolute fan, will produce a complete and detailed review separately, I will not extend myself into technical details. I leave to him the mission of dissecting every detail while I keep with me the feeling of having seen a legend in full form.

The classic lineage was honored masterfully on Saturday with Onslaught, who delivered to the audience the experience of those who helped pave the genre. As headliner of the Sun Stage on the first day, the British achieved absolute success with a crowd present in force, distilling exactly what was expected from them, pure, brutal and energetic thrash metal, the essence of what Onslaught helped create more than 40 years ago.

The great highlight of the performance was the triumphant return of legendary vocalist Sy Keeler. After a period away, his return to the stages was the fuel that generated contagious enthusiasm among the fans, and his presentation reaffirmed his position as one of the most iconic voices in the history of the band. Commanding this sound machine, founder Nige Rockett led with the mastery of someone who has dictated the rhythm since 1982. His rhythm guitar, allied with new member Nik Sampson.Jeff Williams, on the foundation since 2006, provided the stability that allowed this renewal to happen organically. James Perry sealed the ensemble, keeping the engine of the band at maximum rotation with impressive technical aggressiveness. The result was a renewed lineup and a powerful presentation that conquered the Brazilian audience. The show was widely considered one of the highlights of the festival, ending Saturday night as a full stop that promises to continue.

Sunday

If Saturday left us exhausted by the intensity of the pits, Sunday summoned us through curiosity and respect for legacy. Crossing the gates of the Memorial again was like reuniting with an old friend, the impeccable organization and crystal-clear sound were still there, but the energy in the air was different, denser and more progressive.

Project 46 had the ungrateful, but powerful mission of opening the main stage of Bangers Open Air 2026 on Sunday at noon, a strategic time slot that placed them as warm-up for the rest of the day bringing the technical brutality that defines the contemporary Brazilian deathcore scene. As the audience entered, they were faced with a band that ignored the fact that the sun was still high and the floor was still gaining body. It was the energy drink many people needed to cure the hangover from the festival’s first day.

At the heart of the afternoon, the Ice Stage received Nevermore in a return that was much more than nostalgia where the group returned to Brazilian stages honoring the legacy of Warrel Dane with a technically impeccable performance, definitive proof that progressive metal is, before all else, an intellectual and emotional experience. There were doubts about how the band would sound with their new lineup and new vocalist Berzan Önen, but what was seen was a rebirth, it was not a simple return, it was an affirmation of identity. In 50 minutes overflowing with emotion, the band
proved it is possible to honor a giant legacy while embracing a new direction, marking a turning point in progressive metal where they demonstrated that it is possible to resurrect a legend without falling into the trap of being only a copy of the past. Nevermore is a living, vibrant and necessary force in the present.

While the afternoon advanced and the Ice Stage already overflowed with people from the new and old school, Winger delivered a show of irreproachable quality. The band also has its guaranteed place among the most sophisticated compositions of the festival. Besides impeccable executions that included memorable solos by Reb Beach on guitar, they showed that the technique that consecrated them decades ago continues being the pillar of a performance that does not need artifices to shine. Whether or not it was a farewell mattered little before the visceral delivery on stage. Winger played with the urgency of those who know that the present is the only real stage, transforming Sunday into a tribute to their own history, a band that proved classic American hard rock still possesses the strength and relevance to conquer crowds in 2026.

If Winger proved that melodic sophistication has its guaranteed place, Noturnall demonstrated that technical brutality also deserves the same respect. While the last chords still warmed the air on the Ice Stage, a new energy pulsed on the Sun Stage. It was time for progressive metal to prove that it does not inhabit the margins, but rather the nervous center of the genre.

Henrique Pucci was the rhythm of this machine, with drumming from another planet maintaining a tireless double pedal like a true human metronome. Upon this iron foundation, Xakol built memorable and complex bass lines that gave depth to each composition while Guilherme Torres, the young promise who already speaks the language of the masters, drew in the air with solos of indisputable authority on his seven-string guitar. Commanding this elite unit, Thiago Bianchi unified the chaos with powerful vocal leadership. Together, the four consolidated Noturnall as a
living entity, delivering technical quality that places them, by right, at the top of the pyramid of national progressive metal. The show was memorable and widely praised, living proof that Brazilian progressive metal prospers.

The union of Adrian Smith and Richie Kotzen on the Bangers Open Air stage was the moment in which the festival allowed us, with class, to visit the past. The Smith/Kotzen project brought a sophistication that served as a breath amid the brutality of extreme metal, proving that friendship and musical chemistry are, in fact, forces that time does not erase. It was the meeting of two worlds, the classic British heavy metal of Adrian Smith, legendary guitarist of Iron Maiden, and the virtuosic American blues-rock of Richie Kotzen, celebrating technique without losing soul. In this
scenario, Brazilian bassist Julia Lage was the driving force of the presentation, uniting visceral energy and technical rigor in a magnetic stage presence. Besides anchoring the sound, she brought a new dimension to the performance with precise backing vocals and a contagious vibration. The setlist extended through compositions that alternated between the structural precision of British metal and the improvisational freedom of blues-rock, consolidating Smith/Kotzen as a project capable of uniting tradition and contemporaneity in a masterful way, also leaving the certainty that true musical excellence transcends genres and generations, uniting fans from different eras in a trance of virtuosity and elegant nostalgia.

If the past is a great place to visit, Roy Khan was our most refined guide. With a performance that bordered on the sacred, he reminded us that metal is also made of pauses, breaths and poetry. It was music in its purest and most melancholic state, leaving the audience in a trance. The legendary vocalist of Kamelot (1997-2011) performed on the Sun Stage on Sunday. This was a special moment because it marked the launch of his first chapter of solo live presentations, entitled Soul Society. One of the truly special moments was the presence of guests, the talented Adrienne Cowan, known for her vocal versatility. And by the overwhelming entrance of Alexander Krull that created an authentic celebration bringing together musicians who make history together.

With the setting of the sun and the Memorial already immersed in darkness, the atmosphere of the festival changed drastically. It was the perfect scenario for what would come next. Krisiun brought the absolute weight of death metal. It is a band that does not ask permission, it invades. With an energy that seemed to come from a private hell, the trio played with the characteristic brutality that defines them. The Brazilian band, formed by brothers Moyses Kolesne (guitar) and Max Kolesne (drums), together with Alex Camargo (bass and vocals), represents a lineage of death metal that goes back to the giants of the genre. Since their formation in 1990 in Ijuí, Rio Grande do Sul, Krisiun built a career of more than three decades based on a simple philosophy, pure death metal. The show at Bangers consolidated Brazil as the epicenter of extreme metal at the festival, proving that, for Krisiun, time only serves to make the steel even sharper. A band that makes no concessions, that does not soften the edges and that does not apologize. Krisiun delivered one of the purest moments of the festival.

In the middle of the chaos I had to renounce Krisiun for a few moments and run to see a band that awakened an uncontrollable curiosity inside me. On the Waves Stage, Silverdust was, without a doubt, the theatrical surprise of the festival. Watching the Swiss band on stage was like seeing a chapter of a Tim Burton book come to life through metal. Led by the charismatic Lord Campbell, they delivered a Victorian performance, with striking visuals, theatrical elements and a gothic atmosphere. Silverdust brought a gothic elegance that is rarely seen in extreme metal festivals. With a theatrical, dark and gothic metal genre, the group delivered an experience that goes beyond music, being a true visual and sonic spectacle that contrasted in an interesting way with the more traditional thrash and heavy metal bands of the festival.

There are presentations that function as celebrations and others that seem like full stops covered in glory. What we witnessed at the Memorial was one of those moments of transition that tighten the chest. Angra’s show at Bangers Open Air 2026 was, without a doubt, a historic moment for Brazilian metal. With impeccable production and gala performances, the band delivered everything expected from a giant. However, for those who followed the several metamorphoses of the group like me, the feeling was bittersweet. We celebrated the past and the Rebirth era, which shaped the character of so many fans, but we were confronted with a future that, although technically brilliant, sounds different.

It was difficult to say goodbye to the voice of The Wizard Fabio Lione, a presence that guided us through the last 14 years. There, before the curves of the Memorial da América Latina, I realized that the future perhaps would have been more beautiful if it had found a dignified full stop, instead of insisting on constant reinventions. Angra continues, but the pioneering spirit of master André Matos, the grace that Edu Falaschi personified and that the Fabio Lione helped sustain seems to have been left behind on that stage.

I stayed to hear few songs, but, the energy for me was no longer the same, I did not feel the vigor that would make me stay until the final chord. It is important to say that this is not about questioning anyone’s musical competence. Everyone there are elite musicians in their categories. It is about connection, something that I truly did not feel among them as a group at that moment. So, in an act of honesty with myself, I decided to leave and headed toward Udo Dirkschneider’s show. There, I found a symptomatic scenario, a legion of fans with Angra shirts who, just like me,
seemed to seek in that traditional and honest heavy metal the energy they no longer found on the main stage. It was my final exercise of renunciation, honoring the legacy, but admitting that, for me, Angra’s journey ended there.

Meanwhile, Dirkschneider delivered a show of irreproachable quality on the Sun Stage. The living legend of German heavy metal, founder and original vocalist of Accept (1968-1987) and creator of the successful solo career with U.D.O, was on the special Balls to the Wall 40th Anniversary Tour, celebrating four decades of the album that changed the history of metal. The phrase Balls to the Wall transcended the music to become a manifesto of authentic rebellion, a symbol of pure, fearless and uncompromising metal. Dirkschneider proved that legends never die, they become more valuable with time and in a setlist filled with classics, we cannot fail to mention the moment when the epic “Balls to the Wall” echoed. His powerful voice, magnetic presence and unwavering dedication reaffirmed that metal is eternal, and that forty years later, the message of rebellion, oppression and human rights encapsulated in Balls to the Wall continues being as relevant, necessary and powerful as it was in 1983. It truly was a unique moment in this Bangers experience. After marathoning days of pure sonic intensity, the task of synthesizing everything we lived becomes an exercise in gratitude and recognition. By overflowing this experience into words, I can affirm that Bangers Open Air 2026 “visited the past” of metal, but also used it as a foundation to build a festival that looks forward.

The balance between the nostalgia of classic rock and the fury of modern metalcore was what transformed this mass of people into a unique tuning, where women were not only participants, but indisputable leaders. FromJohanna Sadonis in Lucifer to Sharon Den Adel in Within Temptation, passing through the impressive versatility of Tatiana Shmayluk in Jinjer, through the technical precision of the women of Crypta and Mayara Puertas of Torture Squad, through the magnetic presence of Lauren Hart from Arch Enemy, and through the brilliance of Thalìa Bellazecca in Primal Fear and Jéssica Falchi in Korzus and Julia Lade de Smith/Lotzen. The festival proved that female protagonism in metal today is synonymous with technical excellence, ticket selling power and, above all, artistic leadership. With performances that were widely considered among the best shows of the festival.

In this edition of the festival, it became clear that metal is no longer a territory to be conquered by us women, but an empire that we already help govern with the mastery of those who make this noise that thinks their most powerful form of freedom.

Music is the noise that thinks. But it is also the force that transforms people, and people transform the world. Between the weight of metal and the modernist architecture of the venue we were changed by this instigating noise. We left as spectators of a festival, but also as individuals renewed by the tuning of a present that knew, like few others, how to honor the past. Bangers Open Air 2026 was an event of collective transformation where every note, every stage, every moment reminded us that music is, in fact, the universal language of change. We left the Memorial, but the noise that thinks now lives within us

By Marcelle Luz

Artículos relacionados