Evento: Black Templar Extreme Metal Fest III
Lugar: Almunia de San Juan (Huesca) – 13 de septiembre de 2025
Texto: Sergio Martínez
Fotos: Necroshorns
Cambio de ubicación para la tercera edición del que aspira a ser un punto de referencia anual para todos los amantes de los sonidos más extremos con especial dedicación al black metal. Tras la destacada edición del pasado año en Monzón parece que la falta de acuerdos con el ayuntamiento de la localidad ha obligado a su traslado a la vecina localidad de Almunia de San Juan que lo hizo con los brazos abiertos. La organización lo puso fácil habilitando autobuses lanzadera desde Monzón hasta La Almunia.
El recinto del festival era ideal, campo de futbol con una carpa para el escenario, un pabellón contiguo que servía de localización para los stands de la feria y con otra parte como backstage para los músicos. También se habilitó el acceso a la piscina municipal para los asistentes.
Los noruegos Carpathian Forest (uno de los cabezas de cartel) y Svarttjern se cayeron del cartel el día anterior del festival, hecho que comportó no pocas divergencias en las redes sociales, aún así, quedó un cartel con 10 bandas y toda una larga jornada de conciertos por delante.

Abrieron el festival los británicos Blood Countess, aunque desgraciadamente, no llegué a tiempo para verlos. Según me comentaron, black metal de buena calidad y que gustó a los primeros asistentes del festival con un setlist centrado en su único álbum completo llamado Occulta Tenebris.
Dark Wisdom, llegados desde Colombia, fueron la siguiente banda. Black metal sin concesiones de esta banda que desconocía previamente. Conectaron muy bien con el público entre el que había una importante colonia colombiana. El sonido, como suele pasar al inicio de estos festivales, fue mejorable durante su actuación, cosa que se solucionó a medida que avanzaba el festival.
Acto seguido llegó el turno de los madrileños Termogaunt, que sustituían a los gallegos Marthyrium que no pudieron asistir al festival por un tema de salud de uno de sus miembros. Black-thrash de nueva hornada, una banda joven que promete dentro del estilo y que mostraron muy buenas maneras. Destacar que para cerrar tocaron una versión de Uruk Hai, algo que vendría a ser un reconocimiento de esta joven banda a unos veteranos del género como son sus paisanos.
Después llegó la hora de los montisoneses Ouija, arrasando con su death-black y dejando testigo de por qué son una de las grandes bandas del genero en nuestro país. Celebraban su 30 aniversario como banda y repasaron temas de toda su discografía, con especial hincapié en su disco más venerado Riding into the Funeral Paths, con temas como “Crossing the 7th Gate” o “Unbridled Transylvanian Passion”, ésta última para mí, una de las mejores canciones de Black metal de toda la historia. Mucha pasión y seguramente también tensión liberada en el escenario, ya que algunos de sus miembros también tuvieron labores en la organización del festival, y por experiencia propia, decir que no es nada fácil organizar y actuar en un mismo evento. En definitiva, un gran homenaje para la banda local.
La siguiente banda en subir al escenario fueron los colombianos Nebiros, que desplegaron su directo ante una audiencia entregada a su black metal sin concesiones. Los encuentros con amigos no me permitieron seguir con detalle su directo, pero decir que los asistentes parecían disfrutarlo al máximo.

Fue con la aparición de los brasileños Thy Light que la calidad del sonido subió un peldaño. Hicieron las delicias de sus fans con su depressive black metal, lineal y muy profundo, con mucha melodía. En temas que sonaron como “A Crawling Worm in a World of Lies” se mete dentro tuyo esa melancolía que desprenden sus guitarras. Tuve la oportunidad de hablar antes del concierto con su vocalista/guitarrista y alma mater Paolo Bruno, una persona muy afable y cercana. A mi parecer, uno de los mejores conciertos del festival. Seguro que sería una banda muy interesante de ver en una sala.
Llegó el turno de los cabezas de cartel, los austríacos Belphegor, una banda que demostró profesionalidad y carácter, menudo directo! Con una puesta en escena espectacular, con cruces, fuego y demás parafernalia sobre el escenario, repasaron temas sobretodo centrados en su último álbum de estudio The Devils. Creo que todos los asistentes podemos coincidir con la perfecta actuación de Helmut Lehner y compañía. Black-death estilo Behemoth o Hate, directo y con un sonidazo. Para mí, la actuación más potente de todo el festival.

De los suecos Mephorash (siguiente banda) había escuchado su último álbum Krystl Ah y la verdad, me parecen una gran banda. Tampoco pude seguir con detalle su directo pero puedo decir que gozaron de un gran sonido y de muchos fieles encantados con su actuación. Buen ocult black metal, con mucha atmósfera y unos pasajes evocadores.
Llegó entonces el turno de los vascos Numen, una institución del black metal estatal. Con la potente voz de Aritz, los teclados envolventes de Eöl (que por cierto, ha sacado disco nuevo con su one-man-band Elffor) y los riffs afilados de Jabo, todo empacado por la labor de su bajista Lander y su batería (desconozco si es el mismo que en Cerebral Effusion), dieron un conciertazo de black metal con raíz folk, con un sonido tremendo, igual que las bandas anteriores. Para los que seguíamos allí, fue otro de los grandes conciertos de la jornada.
Y enorme la papeleta para la banda Lethargic, que era cerrar el festival después de los cabezas de cartel y el huracán vasco. Lamentablemente, tuvieron que recortar su repertorio debido a la falta de tiempo y también por ello prescindieron de los triggers en la batería para empezar lo antes possible su show. A pesar de todo eso, fueron una grata sorpresa para mí, cuajaron una actuación muy buena (y muy corta) con un sonido impecable. Desplegaron su death-doom, pesado y profundo, repasando temas como “Decúbito Supino” o “Letárgico Lisérgico” de su álbum Woodoo Tumba. Lástima que a esa hora gran parte del púbico ya se había ido debido a que ya salían los autobuses lanzadera para regresar a Monzón, pero eso no fue óbice para que los pocos que quedamos allí disfrutáramos de ese cierre del festival.
El ambiente, como siempre, de lo mejor, mucha camaradería, oportunidad para reencontrase con muchos amigos de la escena que vinieron desde múltiples puntos de la geografía estatal e internacional (Alicante -saludo compañeros!, Catalunya, Zaragoza, Madrid, País Vasco, Andalucía, Francia, UK…) y también conocer gente nueva.
Puedo decir que nos fuimos a casa con una sonrisa en el rostro. En un contexto mundial en el que las desigualdades entre la población no dejan de crecer, las matanzas indiscriminadas de civiles no cesan, jornadas como la del Black Templar son un oasis que nos permiten disfrutar al máximo de una pasión como es la música, en este caso, el metal extremo, y de toda su comunidad, que es lo que lo hace grande.






