Nuestro sitio web utiliza cookies para mejorar y personalizar su experiencia y para mostrar anuncios (si los hubiera). Nuestro sitio web también puede incluir cookies de terceros como Google Adsense, Google Analytics, Youtube. Al utilizar el sitio web, usted acepta el uso de cookies.

Dirty Honey en Barcelona: Miel en vena y rock en plenitud

Banda: Dirty Honey
Lugar: Razzmatazz 2 (Barcelona) – 20 de julio de 2025
Texto: Òscar Saro
Fotos: Quico Gras

Lo de Dirty Honey ya no es potencial, es plenitud. Tocan como una banda que sabe que está en su mejor forma: suenan afilados, confiados, sin freno. Poder verlos en directo es gozarlos en el punto exacto en el que todo encaja: las canciones pesan, el escenario les pertenece, la voz brilla singularmente, la guitarra te hace estremecer sin remedio y cada gesto parece el de una banda que está viviendo su mejor momento.

Esta es la sensación que me han dado los californianos en su nuevo paso por Barcelona, con la gira Mayhem & Revelry Tour ’25 para presentar su brillante nuevo álbum grabado en directo (Mayhem and Revelry Live – 21 de febrero de 2025) y tan solo unos días después de haber teloneado a los mismísimos Scorpions en el Navarra Arena de Pamplona. Todo ello de la mano de Madness Live.

En EE. UU., Dirty Honey juegan en casa y allí el rock clásico americano todavía mueve un gran mercado. Bandas relevantes han contado con ellos para abrir sus giras (The Black Crowes, Guns N’ Roses, Slash o Mammoth WVH) y los medios en general ya los tratan como parte del relevo serio del rock americano. Pero en Europa tengo la sensación de que aún son una joya por descubrir. Y, quizás por eso, conciertos como el de ayer en Barcelona tienen ese punto especial: los ves de cerca, sin teloneros, en plenitud de forma y con esa sensación de gozar de un tesoro a punto de desenterrarse.

En la sala Razzmatazz 2 de Barcelona, una audiencia más voluminosa que la que vimos en la Sala Apolo en el 2024 se reunió para celebrar una noche gloriosa de rock americano. Tanto las camisetas como las canciones que sonaron antes de que subieran al escenario ya nos anunciaban que las comparaciones son inevitables. Y es que estos angelinos tienen aires de Greta Van Fleet, de los Aerosmith más rockeros, de aquellos Guns N’Roses primerizos que nos volaron la cabeza, o también de los The Black Crowes iniciales. Tirando más atrás, incluso les podemos ver detalles de AC/DC, Led Zeppelin o de los propios The Rolling Stones. Pero no es bueno simplemente comparar, también es indispensable ver los rasgos propios. Dirty Honey son puro hard rock. Tienen un enfoque directo, crudo y sus canciones van al grano. No tienen una ambición progresiva ni apelan tanto al legado setentero del sur de EE.UU., sino más bien a la cultura de club y de carretera. No imitan, toman el lenguaje clásico y lo convierten en un idioma propio. Son puro rock’n’roll y eso se destila rápidamente en el ambiente de sus conciertos, algo que se contagia entre el público.

En Barcelona arrancaron media hora más tarde de lo previsto y, tal vez por ello, el público estaba muy expectante y se encendió nada más empezar “Gypsy”, detalle que hizo que LeBelle exclamara “Tenemos una fiesta en Barcelona, ¿no?”. A pesar de algunos problemillas técnicos iniciales, con este primer tema ya hizo corear al público, marcando un patrón que se repitió durante todo el concierto.

Con el segundo tema, “California Dreamin’” Notto continuó sintiéndose incómodo con el sonido de su Les Paul, pero los técnicos lo ayudaron a estabilizarlo. A pesar de ello, el tema sonó enérgico y el público continuó presentando su candidatura a cantarlo todo.

Tiraron de tópicos para dedicar “Heartbreaker” a las “bellas españolas en la sala” y nuevamente vimos al público corear el estribillo con ganas. Y con “Get a Little High” vimos uno de sus temas más demoledores, que realmente causó estragos en toda la sala.

Para “Coming Home (Ballad of the Shire)” Smolian cambió el bajo por una guitarra acústica y Notto tocó un dobro con el slide en el dedo meñique. Así transitaron por los momentos menos eléctricos de la noche que continuaron con una genial versión de “Honky Tonk Women” (The Rolling Stones) en un estilo más cercano al del nombre del tema, honky tonk.

LaBelle bromeó con las camisetas de las primeras filas y dejó claro que ellos no tenían camisetas azules en su merch. Así encendieron un “Don’t Put Out the Fire” en el que se el cantante se bajó del escenario para subirse a la barra del bar (“Quiero un tequila”) y, desde ese púlpito, hacer cantar ese estribillo rabioso a todo el público.

“Another Last Time” es otra de las canciones que entran por los poros y que todo el mundo cantó con ganas. Y con un solo de guitarra que desembocó en el reconocible riff de “When I’m Gone” acabaron su pase principal con toda la emoción a flor de piel, abandonando el escenario a gritos de unos “¡Oeoeoeoe!” que no cesaron hasta que la banda volvió.

Ya para el encore final, nos deleitaron con una “You Make It All Right” en la que Marc mostró sus registros más agudos. Una “Won’t Take Me Alive” en la que el cantante nos grabó con el móvil mientras pedía que todo el mundo saltase y una “Rolling 7s” final, en la que la letra empezó más tarde porqué el público coreó el riff inicial y alargaron el momento de improvisación.

Largos aplausos y reverencias de agradecimiento para dar por finalizada una noche de pura energía rockera de las que te hacen sentir afortunado por haber estado allí.

Marc LaBelle demostró que es un cantante descomunal, con una voz raspada y aguda en absoluta plenitud y que aporta una sensación de urgencia y pasión. En una actualidad en la que hemos visto cantantes históricos del rock y del metal de voz aguda alargando su leyenda con registros lejanos a sus mejores condiciones (Axl Rose, Brian Johnson, James Le Brie…), es una auténtica bendición encontrar un cantante que está en plena forma vocal y que lo sabe y lo explota con personalidad. John Notto es el segundo gran pilar de la banda, a cargo de una guitarra que edifica todo el sonido de los angelinos. Riffs con gancho y muy pegajosos que te invitan moverte irremediablemente. Y solos expresivos y melódicos que entran a través de la piel. No usa una distorsión excesiva y pudimos apreciar con nitidez y emoción todos sus fraseos y solos. Justin Smolian es un bajista extraordinario que no se limita a marcar el ritmo de los temas y que tiene muchos momentos de contrapuntos que acompañan y enriquecen los temas, usando melodías que dialogan con la guitarra o la voz. En el concierto de ayer lo sonorizaron especialmente bien y lo pudimos apreciar y disfrutar. Y Jaydon Bean, que se incorporó a la banda en el 2023, ayer mostró que encaja perfectamente en el proyecto, con una batería de un trabajo constante en el bombo y en la caja, pero con dinámicas sutiles, transiciones cuidadas y mucho sentimiento.

Dirty Honey no necesita grandes artificios, su música respira con la naturalidad de quien ha encontrado su lugar en el mundo. En este concierto nos mostraron un show revitalizante, de canciones sólidas, de mucha presencia escénica y actitud, y de una perfecta conexión con el público. Lo suyo no es nostalgia, es plenitud en presente continuo, un estado de gracia que celebramos y que ayer nos hizo sentir muy vivos.

Para los que queráis revivir el concierto de ayer, os dejamos un setlist de las canciones que tocaron:



También dejo un enlace al vídeo resumen que preparamos, en el que queda patente el «conciertazo» que se marcaron:

By Oscar Saro

Me falta tiempo para hacer todo lo gue me gusta. Adicto al rock en directo, metalhead, enamorado de la montaña, apasionado de la ciencia ficción y con cerebro de programador desde que un Spectrum entró en casa. Fundador de Sudando Rock (@sudandorockcom)

Artículos relacionados