Banda: El Drogas
Lugar: Razzmatazz 1, Barcelona – 09 de mayo de 2026
Texto y Fotos: Jaime V. “Jaimax”
El Drogas (Pamplona, 1959) lleva más de cuatro décadas siendo una de las voces más reconocibles y respetadas del rock estatal. Enrique Villarreal creció en el barrio pamplonés de la Txantrea, y esa procedencia obrera y navarra ha sido siempre el origen de sus letras directas, comprometidas y reivindicativas.
Figura clave dentro de Barricada durante más de treinta años, ayudó a construir buena parte de la banda sonora del rock urbano en castellano, firmando canciones que siguen pasando de generación en generación y que todavía hoy mantienen intacta su fuerza en directo.

Tras su salida de Barricada en 2011, lejos de abandonar, retomó Txarrena, proyecto que ya había arrancado en los noventa y que ahora se convertía en su actividad principal. En 2012 le cambió el nombre definitivamente a El Drogas, manteniendo la misma formación y todo el repertorio acumulado. Desde entonces no ha parado de girar y girar, visitando decenas de ciudades estatales, llenando los recintos y participando en grandes festivales como Rock Fest BCN, Viña Rock, Extremusika o Pirata Fest, entre otros.
Su nueva visita a Barcelona fue en la sala Razzmatazz, con sold out y lluvia abundante en la calle, aunque dentro el ambiente parecía ser mucho más seco, dado que la gente necesitaba mojarse por dentro también. Además, la banda logró un lleno absoluto en las cuatro actuaciones anteriores ofrecidas en su tierra natal, reafirmando el enorme vínculo con su público local.
Al abrirse las cortinas estaban en una posición digna de portada de CD. Durante dos horas y cuarto repasó distintas etapas de su trayectoria. No pudieron faltar clásicos de Barricada como Balas Blancas, No Hay Tregua o En blanco y Negro convivieron con temas en solitario (o de Txarrena) como Frío o Peineta y Mantilla, demostrando que su cancionero aguanta el peso de cualquier noche grande.



Y lo hizo arropado por una banda que estuvo a la altura en todo momento. Txus Maraví brilló a las guitarras con solos precisos y con carácter, sin un gesto de más. Eugenio Aristu «Flako« sostuvo el bajo con la solidez de quien conoce cada tema como si fuera suyo, mientras Nahia Ojeta (sustituyendo a Brigi Duke) marcó el pulso desde la batería con una contundencia que se sentía en el pecho. Los cuatro llenaban el escenario con una puesta en escena compacta y poderosa, dejando que fuera la música la que ocupara todo el espacio.
Villarreal no se limitó a cantar, en varios momentos cogió la guitarra, y en otros bajó al foso para acercarse al público, borrando cualquier distancia entre él y los asistentes. Varias generaciones compartiendo espacio, cantando y bailando juntas, con ese reconocimiento que solo se le da a quien lleva décadas sintiendo que es de los suyos.
A sus 66 años, con un físico y fuerza juvenil, sigue siendo exactamente lo que siempre fue, y esperamos que siga siéndolo muchísimo más tiempo, ofreciendo noches de Rock ‘n’ Roll.




