Evento: + Espárrago Music and Sound Festival 2026
Lugar: Pabellon de usos multiples, Huétor Tájar, Granada – 14 de marzo de 2026
Fotos: Virginia Marín
Texto: Pablo Martínez Pastor
Tras un inicio de año espantoso a todos los niveles (guerras, asesinatos de mujeres, auge de la extrema derecha…) por fin tenemos una buena noticia: ¡Regresa el Espárrago Rock! El 14 de marzo de 2026 volvió uno de los festivales decanos de rock en este país.
El Espárrago Rock es un festival distinto, su ambiente, la relación entre el público, el contacto de la gente y las bandas, el mimo de los organizadores pensando hasta en los últimos detalles, musicales o no (por poner un ejemplo, en las carpas de comida había todo tipo de alternativas, para que la comida no sea un problema, sino un placer)… Hasta en sus orígenes es distinto. Pues, para el que no lo sepa, el Espárrago nace en 1989, como iniciativa del Ayto. de Huétor Tájar, para promocionar uno de sus productos más típicos, el espárrago verde. No obstante ya en esa primera edición se involucraron bandas consolidadas como Los Ilegales, que regresarían en posteriores ediciones; la mítica banda granadina 091, que también repitió, y otras bandas de la escena local como Los Dementes.
A lo largo de su extensa historia otros grupos de relevancia concurrieron en el Espárrago, como Lagartija Nick con Enrique Morente (1998), Bad Religion (1997-98), Iggy Pop (1998-2002), Placebo, Beck o Neil Young (2001) entre otros muchos.
Y es que, durante su dilatada presencia en nuestro panorama cultural el Espárrago ha cambiado de sedes, empezando en Huétor Tájar, donde regresa esta edición, pasando por la capital granadina y por Jerez de la Frontera.
El cartel de la edición de su regreso a los orígenes está formado por grupazos como: Def Con Dos, Bala, Hora Zulú, Poncho K, La Gore, Quentin Gas y los Zíngaros, Arrecío y Superhéroes de Barrio. En esta edición el festival se presenta como +Espárrago Music and Sound Festival y se celebró en el Pabellón de Usos Múltiples de su ciudad natal.
Abrieron fuego los Superhéroes de Barrio con su música de batalla. Estos gallos rojos procedentes de La Vega, con su rumba intensa, punk y subjuntiva supieron calentar el frío y lluvioso día granadino arrastrando a un buen número de público local.
Tras ellos llegó el turno de Arrecío, grupo sevillano de guitarras potentes y voces melódicas, de letras controvertidas y actuales e influencias indie que sabe llegar a un público más joven con el que interactúa constantemente desde el escenario. Sorprendió tanto a sus fans como a sus críticos violando salvajemente un tema de Bad Gyal para responder a aquellos que les acusan de no ser un grupo de rock. Por cierto que anunciaron la inminencia de la publicación de su primer LP.



Con el escenario ya caliente se subieron Quentin Gas y los Zíngaros. Este grupo sevillano de mezclas imposibles supo acabar de caldear el ambiente con sus dosis de psicodelia, flamenco y rock aderezado con una presentación extravagante a la par que potente. Llevaron al público al clímax con temas clásicos como «Deserto Rosso» y otros nuevos como «Sentencia», una bulería rock, y en inglés.
Tras los zíngaros llegaró otra tribu, la de los punkies gitanos de Poncho K que acabaron de llenar el pabellón con un público que cantó masivamente los temas más conocidos de la banda.
Y cayó la noche. Llegó la Hora Zulú. No podía faltar para el regreso del festival una banda de la tierra, una banda del actual panorama granaíno. El grupo de Paco Luque (guitarra, ex Lagartija Nick), Aitor (voz), Javi (motor) y Álex (bajo) es una mezcla ecléctica de rock potente con influencias de rap-metal, nu-metal y un toque maestro de influencia andaluza. Según el diccionario un arabesco es un motivo decorativo caracterizado por intrincados entrelazados de formas geométricas típico del arte islámico. Pero también nos sirve perfectamente para explicar los solos y los riffs de guitarra del Ayatollah de las 6 cuerdas. Y es que Hora Zulú son una banda en la que conviven a la perfección la dureza y la contundencia de sus notas con la pulcritud de su ejecución. La intensidad y la densidad de sus ritmos son perfectamente compatibles con un sonido impecable que, lejos de restar potencia, realzan su contundencia de una forma casi quirúrgica. Todo ello magistralmente presentado por un frontman que dota al espectáculo de cierto tono teatral. Desde los primeros acordes del Ayatollah se abrieron las puertas de Mordor y se desataron todas las fuerzas del mal. El pabellón, a rebosar, saltaba con cada uno de los temas del grupo, incluyendo el único single de su nuevo trabajo, «Quizás Después», hasta llegar al éxtasis con «Andaluz de Nacimiento». Sin duda la dosis de directo zulú que habíamos ido a buscar.







Pasadas las 10 de la noche subieron al ring, dispuestos a perpetrar de una vez su anhelada venganza contra los mártires del rock, Def Con Dos. La mítica banda de Metal-Hip Hop de César Strawberry, se presentó ante sus fieles con la reciente incorporación (2025) de Mara Gilbert como segunda voz y los ya consolidados Samuel Barranco (voz) y Alberto Marín (guitarra), y dedicó a los asistentes todo su torrente habitual de sátira y ritmos pesados acompañados por la característica voz de César Strawberry.
Con un LP reciente, Cuarto Asalto (24), y sobre todo canciones míticas de toda su discografía (De cacería, Tuno muerto, Sigo siendo heterosexual, Agrupación de mujeres violentas, Ultramemia o El día de la bestia), ametrallaron al público con líneas de bajo que estallan en el pecho obra de “slap” J. Al Andalus, la guitarra salvaje de Alberto Marín, los ritmos electrónicos y las voces de César, Mara y Samuel. Como siempre su mensaje crudo y anti-sistema, con referencias constantes al mata-elefantes, a la violencia de género y a la ultraderecha hicieron subir la temperatura de la fría noche granadina. Acabaron con una advertencia para todos los presentes, por mal que esté la sociedad, la ultramemia no vencerá mientras existan festivales comprometidos y rockeros como el +Espárrago. Pero tranquilos, no es una despedida, los de César S. tendrán que seguir esperando ese infartito que los convertirá en mártires del rock.






Las responsables de otro de los terremotos de la noche fueron las gallegas Anxela Baltar y Violeta Mosquera, de Bala. A este grupazo ya lo vi en 2024 en el Marenostrum de Fuengirola acompañando a los míticos Queens of Stone Age, y mi primera impresión se vio confirmada en este espárrago. Las ondas sísmicas de su directo se debieron recoger en toda la red nacional de estaciones geofísicas. En aquella ocasión las vi junto al mítico bajista W.B. de la banda sevillana Panduro, que me dijo “ni necesitan bajo estas cabronas!”. ¡Cuánta razón!
Llegaron también con un disco reciente, Besta (2024), último de sus cuatro trabajos y el más stoner de ellos, al que acompañaron con numerosos temas de los primeros LPs, convirtiendo la nave en una selva salvaje de gritos y acordes. Inundaron el ambiente de una mezcla de rock sucio y garajero, con aroma a los ´90, grunge y punk que dejó atónitos a todos cuantos disfrutamos de su descarga. Las letras desesperadas y, en ocasiones negativas, acompañadas de su rabia habitual y la potencia de su música generan una experiencia auténticamente catártica y liberadora. Si quiero gritar mi rabia al viento, quiero hacerlo así.
La noche esparraguera finalizó de madrugada con más mezcla de estilos, con más fuerza, con más originalidad. Es decir, con La Santa Lidia La Gore. Música andaluza, rock, electrónica y techno al más puro estilo Prodigy se reunieron para finiquitar el festival. A la Gore se le hizo chico el escenario y saltó a montar su fiesta entre el numeroso público que disfrutaba de un gran show.
Un final apoteósico a una sesión de ouija musical para los que ya tenemos una edad y regresamos a grupos y escenarios de nuestra juventud, pero acompañados por una nueva generación de artistas y seguidores también sedienta de música, de cultura, de fiesta, de diversidad y de acción social.
Un final a la altura de un regreso que promete nuevas ediciones, sobretodo porque vimos un público muy transversal, que estuvo al pie del escenario toda la jornada, pero también observamos el éxito de los organizadores al traer artistas capaces de arrastrar a su público en oleadas diferentes. Porque creemos que, para que un festival tenga éxito, tiene que mantener su esencia, pero la pluralidad de estilos debe estar garantizada.




