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Hellfest Dia 2, Viernes: Acero alemán y medío siglo de Iron Maiden

Festival: Hellfest Open Air 2026
Lugar: Clisson, Pays de Loire (Francia) – 18 al 21 de junio de 2026
Texto: Cristina Trespando
Fotos: Miquel Raga

El viernes presentaba uno de los carteles más completos de la edición reuniendo a 52 bandas. En los escenarios principales convivían Queensrÿche, Accept, Helloween, Sepultura, Iron Maiden, Opeth, o Sabaton; en las carpas se podía pasar del death metal cósmico de Blood Incantation a la precisión técnica de Periphery, el death y thrash moderno de Sylosis y Crypta, o la oscuridad de Rotting Christ, Carach Angren, Blood Red Throne o la intensidad emocional de MØL

El Valley tampoco daba tregua para los amantes de los riffs pesados y las notas largas, el sludge progresivo de Mastodon, la psicodelia de Stoned Jesus, o la contundencia oscura de Conjurer, todas eran buenas opciones. Al mismo tiempo, el Warzone descargaba toda su rabia con bandas como Malevolence, Ceremony y La Dispute, junto a la violencia escénica de The Dillinger Escape Plan. Otra vez, el problema no era encontrar algo interesante, sino decidir a qué renunciar.

Las fuentes de agua estaban muy cotizadas y el ambiente empezaba a sentirse más rezagado. El calor ya hacía mella y en el aire se mezclaban el sudor, la crema solar y el polvo. Cada persona tenía una misión y lista de bandas única, pero casi todos compartimos una misma estrategia de supervivencia: buscar sombra, rellenar botellas de agua, y calcular los desplazamientos intencionadamente para pasar por las cortinas de agua.

En el Mainstage y a pleno sol, Queensrÿche aportaron una pieza importante de la historia del heavy metal estadounidense. Su nombre está ligado al desarrollo del metal progresivo y, especialmente, a “Operation: Mindcrime”, uno de esos discos que demostraron que el género podía construir una historia ambiciosa sin renunciar a los riffs y los grandes estribillos.

Con Todd La Torre al frente, “Queen of the Reich”, “Jet City Woman” y “Eyes of a Stranger” recordaron una época en la que el heavy metal empezó a ampliar sus estructuras y a exigir algo más de atención al oyente. Una rama más cerebral del género, pero todavía construida para funcionar sobre un escenario grande. Son una banda divertida para un ratito.

Bloodywood dejaron una de las energías más positivas del viernes. Su mezcla de metal moderno, rap, percusiones y elementos tradicionales de India funciona especialmente bien en directo, y se nota que disfrutan de verdad sobre el escenario. Esa actitud se transmite al público y convierte la actuación en una celebración más que en una simple demostración de fuerza.

Accept aparecieron con alrededor de medio siglo de historia sobre los hombros. Wolf Hoffmann continúa siendo el centro instrumental de una banda que ayudó a definir el heavy metal alemán. “Princess of the Dawn”, “Metal Heart” y “Balls to the Wall” siguen funcionando gracias a riffs sólidos, coros enormes y una sencillez mucho más difícil de conseguir de lo que parece, son otro clásico que hay que ver una vez en la vida si se tiene la oportunidad.

Helloween representaron después la cara más luminosa, rápida y orgullosamente excesiva del metal alemán. Michael Kiske, Andi Deris y Kai Hansen compartiendo el frente convierten la formación actual en una celebración de toda su historia y, por extensión, de una parte fundamental del power metal europeo. “Ride the Sky” y “March of Time”, agudos, guitarras gemelas y estribillos hechos para levantar los brazos. Siguen ahí. Siguen dando caña. Siguen siendo poweretas. Y hacen bien.

MØL llevaron la jornada hacia un terreno completamente distinto. Su combinación de blackgaze, post-metal y melodía vive del contraste: sentimiento y luminosidad, agresión y una sensación expansiva en las guitarras. La oscuridad de la carpa jugaba a su favor, con las luces atravesando el humo y un movimiento constante que no dejaba apartar la vista. Molan mucho. A veces tampoco hace falta complicarlo más.

Carach Angren trasladaron al Temple su mezcla de black metal sinfónico, relatos de terror y puesta en escena teatral. Con el rostro cubierto de corpse paint, temas como “The Carriage Wheel Murder”, “The Necromancer” o “Franckensteina Strataemontanus” reforzaron esa sensación cinematográfica que los distingue.

Ya entrada la tarde llegó el turno de Opeth. Mikael Åkerfeldt con gorro de cowboy y los suyos desplegaron su mezcla de death metal, rock clásico y pasajes atmosféricos con “The Drapery Falls” y “The Grand Conjuration” ante un público completamente entregado. En medio de un día dominado por el acero, la velocidad y los grandes coros, ofrecieron una pausa más progresiva sin perder intensidad.

Iron Maiden eran la gran cita del viernes, la gira Run for Your Lives celebra cincuenta años de trayectoria centrándose en sus primeros nueve discos. En lugar de limitarse a encadenar los sencillos más evidentes, el repertorio construyó un recorrido por las etapas que establecieron su legado.

El comienzo con “Murders in the Rue Morgue”, “Wrathchild”, “Killers” y “Phantom of the Opera” llevaba directamente a sus primeros años. Después de “The Number of the Beast” llegó uno de los grandes momentos: “Infinite Dreams”, recuperada tras décadas fuera del repertorio.

Bruce Dickinson apareció encerrado en una jaula mientras interpretaba el tema. Las luces y la escenografía reforzaban la sensación de estar atrapado entre el sueño, la paranoia y la realidad. Fue uno de esos instantes en los que Maiden demuestran que su espectáculo no consiste únicamente en sacar a Eddie o lanzar fuego: cada elemento entra dentro de la historia de la canción.

“Powerslave”, “2 Minutes to Midnight”, “Rime of the Ancient Mariner” y “Seventh Son of a Seventh Son” continuaron el recorrido antes de “The Trooper”, “Hallowed Be Thy Name” e “Iron Maiden”. Los bises llegaron con “Aces High”, “Fear of the Dark” y “Wasted Years”.

A Iron Maiden hay que ir a verlos. Bruce Dickinson sigue siendo un crack. Corre, cambia de vestuario, interpreta cada canción y controla un escenario gigantesco con una energía que muchos vocalistas bastante más jóvenes no poseen.  La única pena del concierto fue las restricciones a los medios de prensa, al igual que BMTH y Bad Omens, Iron Maiden prohibieron la fotografía a los medios no autorizados previamente, por tanto no os podemos ofrecer material gráfico de los mismos.

Cambio de registro con Rotting Christ, quienes llenaron el Temple con esa mezcla de oscuridad, músculo y ceremonia que los ha convertido en una institución del metal extremo europeo. Sakis y Themis Tolis llevan desde finales de los ochenta construyendo una identidad propia, cada vez más ritual, melódica y marcada por la historia y la mitología.

En directo mantienen una presencia poderosa, invocadora de cánticos. Son los macho men griegos del black metal mediterráneo: riffs que avanzan como columnas, brazos en alto y una conexión con el público que nunca falla. Siempre guays. Siempre efectivos.

Sabaton, ¿Quién os ha visto y quién os ve? Con más de veinticinco años cantando relatos bélicos a través de coros pegadizos y rimas, los suecos cerraron el Mainstage y nuestra jornada del viernes con una producción incapaz de hacer nada pequeño. El tanque convertido en plataforma para la batería dominaba el escenario, acompañado por fuego, pantallas y toda la iconografía militar que ya es icónica en el mundo del power metal.

“Ghost Division”, “Night Witches”, “The Red Baron”, “Bismarck”, “Primo Victoria” y “To Hell and Back” funcionaron como himnos construidos para ser cantados por una multitud. Su música puede gustar más o menos, pero Sabaton entienden perfectamente que sus historias necesitan una puesta en escena que las haga parecer todavía más grandes.

Sabaton fueron una banda que de una manera u otra creció conmigo, me recuerdan a cuando escuchaba sus discos en el instituto, a verlos por primera vez en concierto, en una pequeña sala de Tampa Bay frente a apenas 150 personas y que ahora llena un Mainstage haciendo que miles de personas salten y canten sus canciones. Una forma bastante directa de medir el paso del tiempo.

Las bandas no aparecen mágicamente en lo alto del cartel. Tocan en salas pequeñas, viajan, sobreviven, reúnen público y, si todo sale bien, un día colocan un tanque en Clisson.

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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