Bandas: Killswitch Engage + Fit for an Autopsy + Decapitated + Employed to Serve
Lugar: Razzmatazz, Barcelona – 2 de octubre de 2025
Texto: Marcelle Luz
Fotos: Luca Apperti
El pasado jueves las paredes curtidas por décadas de música de la mítica sala Razzmatazz temblaron bajo el peso de una jornada que convocó a tres generaciones de fieles del metalcore. Una marea humana se congregó, movida por las ganas de vivir una noche inolvidable.
El cartel era una alineación de titanes: Employed To Serve, Decapitated, Fit For An Autopsy y, como colofón, los legendarios Killswitch Engage, que regresaban a España tras años de espera. Lo que ocurrió en Razzmatazz fue una liturgia de decibelios y sudor.
Employed To Serve
Abrir la noche no es tarea fácil, pero los británicos Employed To Serve asumieron el reto con una fiereza admirable. La vocalista Justine Jones, esa figura aparentemente menuda pero de garganta abismal, desató un torbellino de furia. A su lado, Sammy Urwin, David Porter, Nathan Pryor y Casey McHale cimentaron un muro sónico que no dio respiro.
La banda desplegó un repertorio dominado por su reciente trabajo Fallen Star (2025), un álbum que destila crudeza y madurez en igual medida. Cada tema fue una descarga de adrenalina, un golpe directo al pecho. Lo mejor llegó cuando Jesse Leach (de Killswitch Engage) apareció por sorpresa para compartir escenario en “Whose Side Are You On?”, detonando una ovación que pareció incendiar la sala. Ese instante fue la primera señal de que la noche sería legendaria.
Employed To Serve encendieron la mecha de una noche que no conocería la calma.
Decapitated

Lo de Decapitated fue un asalto. Tras la cancelación de su gira anterior, la banda polaca regresó con hambre de revancha, y se notó desde el primer riff. Vogg, guitarrista, líder y alma de la formación, emergió como un titán empuñando su instrumento. Cada nota suya era una exhibición de técnica y poder.
El setlist fue un repaso a su historia, un viaje sin concesiones que arrancó con “Cancer Culture” y continuó con una cadena de temas devastadores: “Just a Cigarette”, “Earth Scar”, “Never” y la infaltable “Spheres of Madness”. La banda se movía como una máquina perfectamente engrasada, y el nuevo vocalista Eemeli Bodde devoró el micrófono. Su presencia escénica fue imponente.
El tramo final con “Suicidal Space Program” e “Iconoclast” fue pura apoteosis. El público, en trance, respondía como un solo organismo a cada embate del doble bombo. Fue el tipo de actuación que no deja testigos, solo creyentes. Y aunque su papel era el de teloneros, su descarga fue tan colosal que bien podrían haber compartido el trono de la noche.
Con su 30º aniversario a la vista, Decapitated dejó claro que sigue siendo una de las fuerzas más respetadas y temidas del metal europeo.
Fit For An Autopsy

A continuación, el escenario se tiñó de un tono más oscuro y contemplativo. Fit For An Autopsy no necesita presentaciones entre los devotos del death metal progresivo, y desde el primer instante hicieron gala de su capacidad para combinar brutalidad con sensibilidad atmosférica.
El público los recibió con respeto reverencial; se notaba que había allí una legión que conocía cada compás, cada pausa calculada. Joe Badolato, celebrando una década al frente de la banda, fue el hilo conductor de una actuación visceral y elegante al mismo tiempo. Su voz, áspera y melódica a la vez, actuó como puente entre los extremos sonoros del grupo.
El setlist fue un viaje introspectivo por su discografía más reciente. Sonaron temas densos y progresivos como “Lower Purpose” y “The Sea of Tragic Beasts”, entrelazados con pasajes de una belleza melancólica en “Hostage” o “Savior of None / Ashes of All”.
Fit For An Autopsy demostró que su arte va más allá del deathcore, ellos son arquitectos de un sonido que se eleva por encima del género. Su interpretación en Razzmatazz fue una clase magistral de control dinámico, donde el ruido se convirtió en arte.
Killswitch Engage
Y entonces, el momento más esperado. Las luces se apagaron. El logo de Killswitch Engage se proyectó al fondo del escenario como un estandarte. La banda irrumpió con “This Consequence”, tema homónimo de su nuevo álbum (2025), y desde ahí el tiempo pareció detenerse.
Durante casi dos horas, Killswitch Engage tejió un recorrido emocional por tres décadas de historia. Desde himnos insoslayables como “My Curse”, “The End of Heartache” y “Rose of Sharyn”, hasta sus composiciones más recientes, cada canción fue recibida como una plegaria colectiva.
Jesse Leach demostró por qué es uno de los frontmen más carismáticos del metal actual. Su conexión con el público trascendió lo físico; cada palabra y gesto, parecía hablar directamente a cada asistente. Entre crowd surfing y gritos de unión, Jesse aprovechó para lanzar mensajes sobre salud mental y comunidad: recordatorios de que el metal también puede sanar.
A su lado, el incombustible Adam D., mitad guitarrista, mitad comediante apocalíptico, dio una clase magistral de showmanship, culminando con una inmersión épica entre la multitud durante “My Last Serenade”. Completaron la formación Joel Stroetzel (guitarra), Mike D’Antonio (bajo) y Justin Foley (batería): una alineación tan sólida y cohesionada que parece forjada en acero.
El sonido fue impecable y la entrega de la banda alcanzó niveles que solo pueden describirse como trascendentes. En ese momento, Razzmatazz dejó de ser una sala para convertirse en un templo.
El cierre fue un estallido de gratitud mutua. Si el destino es justo, España formará parte del próximo tour europeo. Porque lo de esa noche fue una celebración de la vida a través del ruido y una promesa cumplida: Killswitch never say die.
















