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Leyendas del Rock 2025: Tercera jornada – Viernes 8

Festival: Leyendas del Rock 2025
Lugar: Villena – Alicante – 6, 7, 8 y 9 de agosto de 2025
Fotos: Rubén Rosinos
Texto: J.A. Lux, Quim Brugada, Òscar Saro

Una reunión clandestina sobre mesas abiertas y sillas vacías

Parecían haberse alcanzado ciertas treguas para, en la tercera jornada de estas olímpicas graduaciones, poder merodear sin represalias alrededor de las marcas secas de plasma esparcidas por los distintos agentes implicados, sobre la roca y el follaje que recubría estos juegos del hambre por venir. Helios asfixiaba con tesón y los cuervos acechaban en las sombras para recoger cualquier objeto brillante desprendido en el forcejeo por la supervivencia. Los lamentos de los villanos se elevaron por encima del rugido de las máquinas y la conciencia colectiva se unió en un único idioma.

Entonces Elvenking, con sus pinturas de guerra, subieron sus pendones al escenario Jesús De La Rosa, y desde ese trono vacante de convicción, elevaron sus plegarias de power metal con elementos folk y congregaron al resto de clanes que por las lindes acampaban en busca de la ventura del caído. Es un cuarto de siglo el que los italianos llevan perpetrando el asalto al nuevo mundo con ancianas tonadas, escondidas tras los árboles que gobernaron desde las asaduras de la tierra hasta la galerna que orienta a las nubes. Su último pergamino, “Reader Of The Runes – Luna”, es la tercera parte de una trilogía que ha madurado desde su concepción en 2019 y que, además, ha endurecido su forja para embestir más allá de las voluntades. Cuentan con una fórmula a la que es difícil resistirse y donde la voz del ex cantante de Hell In The Club mesmeriza, incluso cuando sufrimos por él y la cornamenta de ciervo que porta durante menos de diez minutos, por lo que la lógica anticipó una respuesta extendida a lo largo de las arenas del tiempo del día antes del sabático. “Thoes of Atonement”, “Pagan Revolution”, “Silverseal”, “Neverending Nights” o “Elvenlegions” prendieron la mecha que posteriormente los germanos, más joviales, Rauhbein (NR Stage), avivaron para que su humareda hobbit poseyera a todas las ánimas a las que se les olvidó que el teléfono móvil existe. Sólo tienen tres sellos en su visado, pero si no fuera por la voz de Henry Rauhbein, tan aguardentosa como expresiva, podrían pasar por ser una banda llamada a dar juerga hasta al “cuñado” más desfasado que, ¡oye!, con dos chupitos de hidromiel incluso hasta cuelan… “Adrenalin” que da título a su último disco de 2024, “Komm Mit Uns”, “Die Welle” (que nos recuerda a unos Ghost menos eclesiásticos y más llanos) o “Freier Frei” tomaron la voz popular para dejarla ronca durante un par de días más al menos.

Entre medias, Lonely Fire (NR Stage), quienes editaran en 2024 un fenomenal disco de adult oriented rock en combinación con un hard Rock melódico con grandes dosis de Shy, Whitesnake, Fm o Europe, dan pan (pura masa madre) y circo (cinco estrellas) mientras Novelists Fr se preparan para la contención del invasor en el escenario Azucena. Su vocalista Francis es realmente bueno y los telares con los que la banda decora sus interpretaciones son vistosos y de primera calidad. Quizás no fuera la mejor hora ni el mejor día para gozar de las guitarras de Carlota y de Antonio, conocedoras del estilo a la perfección, tampoco de los teclados de Pablo que nos transportan a otra época. Los cartageneros tomaron este “último rule”, ejerciendo la jerga para homenajear a su tremendo “The Last Ride”, para coger más experiencia de puertas para afuera y seguir contándose entre lo más destacado en el escaparate de estas viandas.


Empiezan con complicaciones de sonido los franceses Novelists justo cuando van a establecer su línea de defensa con una Camille Contreras que no puede expandir sus destructivas cuerdas vocales entre apagones y acoples. La sobriedad del escenario nos indica que han venido a pelear sin más trucos que su adiestramiento de técnica asesina. Los machados de “adamantium” que portan los superdotados Nicole Delestrade (bajo), Pierre Danel y Florestan Durand a las labores de masteleros, son dagas diamantinas letales que apenas dejan abrasión cuando se hunden por debajo de nuestros músculos. Amael Durand, el hermano a la batería, no ceja en su empeño de acribillarnos con cada golpe de baqueta, con cada estallido de plato en su esfuerzo por elevar el metal progresivo de ejercicio djent y poesía ambiental por encima de corrientes carentes de belleza y abstracción, pero sobre todo alma. Camille domina la escena, derrocha glamur y tira de amplitud de registros (“Say My Name” de “Coda”- 2025) además de hacer sus pinitos con la guitarra, empezando ella sola “Mourning The Dawn” (“Okapi”-2024). De esas mismas sesiones nacieron “Prisoner” y “Turn It Up” que abren un cráter que es sorteado por todo tipo de bailes exóticos de última formación. “Terrorist” (“Deja Vu”- 2022) contradice a los apesadumbrados e ilumina nuevas vías de escape. De los mejores en lo suyo, con cero griterío de heroicidad impostada, han resuelto el entuerto.

Se interponen, ya que ellos en su día no se abrazaron a lo común, el jurado de voces bienaventuradas que son Van Canto (JDLR Stage) (de ocho han pasado a cinco), para intentar frenar otro día al labio de teñirse en negro. A capela y con dictados de tambores marciales, su requerimiento inquisitorio que ya ha dejado de mantener en vilo, tan solo puede apaciguar momentáneamente la tensión de la soga que se extiende en busca de gaznates, como si de una víbora se tratase. Vuelven a parecer problemas peritos, como si algún ente maligno quisiera boicotear los intentos de pacificar estas refriegas, silenciando a los agasajados con el don de la música desde la caja torácica y a través del corazón. Casi veinte años desde su concebimiento su modus operandi se antoja más anecdótico que macizo, incluso al evocar “Wishmaster” de Nightwish o “Fear of the Dark” de Iron Maiden. Más anécdota que emisión.



Cruachan (NR Stage) retaron con alevosía a los anfitriones de la relatividad y llamaron a filas a todos los gamberros y gamberras, pícaros y bohemias que por su camino se cruzaron. Los irlandeses gozan de una reputación solvente, a pesar de que su black haya ganado más enteros celtas que sus invocaciones nórdicas. Más de tres décadas de pillaje y saqueo en nombre de Satán los emparenta con la humanidad más caprichosa y, por ello, su honra carece de escrúpulos, da igual que se maquillen con pinturas de guerra azul o que su entrepierna se refresque con faldas, ellos querían un botín de adeptos sudorosos y pasaron por encima de agonizantes para conseguir su empresa, más folclórica que nunca. Con una declinación predilecta por la instrumentación, sobre todo con el bufonesco violín, acertaron con su ofrecimiento en “The Living” y “The Crow” (“The Living and The Dead”- 2023), “I Am A Warrior” (“Blood On The Black Robe”- 2011), o “The Marching Song Of Fiach Mac Hugh” (“Blood For The Blood God”- 2014). No te los encuentres en una taberna…

En tierra de nadie se quedó el abominable destacamento finlandés capitaneado por la sobrenatural Noora Louhimo (escenario Azucena) y no lo digo porque no lo hicieran bien, todo lo contrario, son una banda como mínimo de notable en directo, pero, si le preguntas a un “metalpaco” te dirá que son demasiado modernos para él y, si le cuestionas sobre ellos a una “trending topic del metal” te dirá que suenan demasiado retro y te urgirá por los guturales. Como nunca llueve a gusto de todos y de todas, digamos que ellos vinieron a suavizar discrepancias y de esta guisa que le pique al que ajos coma. Han crecido tanto que ahora su carrera se ha de medir con las mayores estrellas del firmamento europeo antes de adueñarse del mundo. Música disco unida al metal, ¡vaya novedad! ¿Te suena “I Was Made for Loving You” de unos tal Kiss? ¡Venga! ¡Va! No has oído a una cantante con más ovarios que Noora en los últimos quince años, incluso con más coj…es que la mitad de gritones power que se atrapan el escroto con la cremallera, “y lo sabes…” como diría el señor Iglesias, aquel “porterucho” que se volvió un ultra exitoso cantante “latin lover”. Además su presencia es esencial y única, con una fastuosa labor de restauración detrás que opaca la visión de sus compañeros, inmensos en sus labores. Eero Sipilä, Janne y Joona Björkroth secundan a la dama de neones en necesarias labores corales, además de bordar sus cometidos como bajista, teclista-orquestador y guitarrista respectivamente. No debemos olvidar al guitarrista rítmico Juuso Soinio y al batería Pyri Vikki que completan un quinteto arrasador y que, como anunció Noora, tendrán nuevo disco para el diecisiete de Octubre, junto a dos conciertos de presentación del mismo, emplazados a Madrid y Barcelona. “Master Of Illusion” y “Eye Of The Storm” (“Circus Of Doom”- 2023) “Bastard Son Of Odin” (“Bringer Of Pain”- 2017) o “No More Hollywood Endings” del disco del mismo título y fechado en 2019, ¿necesitas más? Pues… ¡a pedir a la puerta del “Metadona”! Aquí no se reparte miseria…

Volvieron a redoblar las campanas para que las turbas careadas se ordenaran en sus puestos. A Dark Reborn (NR Stage) quizás el grupo menos conocido de la noche y a los que les ha tocado subir al escenario cuando los cabezas de cartel tocaban en los escenarios principales, acción que los nacionales asumen con total deportividad y comprensión, se mestizaron con todo aquel o aquella que necesite de la música en mayúsculas para respirar. Tras su gira europea con Ankor nada parece amilanarles, ni siquiera los problemas técnicos, persistentes en esta noche. Han adquirido templanza y profesionalidad, lo que aplicado a sus dotes para que el death metal melódico que arbolan junto a texturas menos paralelas manifieste, un halo ulterior, penetrante y ocupante. De nuevo la presencia femenina dirigiendo a sus compañeros es de agradecer, sobre todo cuando infecta con su versatilidad fluida y su imantación irresistible, de cadete de la cruz a mártir del averno, unas oraciones bien elaboradas que debieran ser emuladas en los deseos urbanos de las escuelas públicas. “Ritual” fue una llamada de Lur desde el foso para provocar un candente circle pit, y es que la ex Morphium no le debe nada a nadie excepto a su sacrificio continuo y el acompañamiento familiar de Denis Duran y Kevin (sustituyendo a Thomas Höffken) a las guitarras, Iván Sixto al bajo y Saul Rosales a la batería. En «Dark Matter» nos pusieron la piel de gallina con esa melodía que se nos deslizó por nuestro interior como si de un parásito habláramos para que con “Levitating the Void” reabrieran las suturas y nos apartaran con garra para caer en “Dust In The Ground” y presentar a Kevin. Cerraron su concierto con la primera canción de “The Last Echo”, su último disco en forma de obra conceptual de ciencia ficción, con un monumental “The Flight”. Misión cumplida, cuando lleguen todo lo lejos que se merecen, estoy seguro que recordarán esta fecha con nostalgia.

Podéis leer más acerca de A Dark Reborn en la entrevista que mantuvimos con ellos que se aloja en este enlace https://metalhammer.es/entrevista-a-a-dark-reborn-ganar-la-batalla-del-luarca-metal-days-ha-sido-nuestro-mayor-exito-queremos-tratar-de-ir-al-extranjero/

Feuerschwanz (JDLR Stage) desoyeron las invitaciones anteriores a la luz de la luna para armarse a conciencia y aplastar sublevaciones no sofocadas por los bandos que amerizaron horas antes. Su tono burlesco, dentro de un folk metal poco convencional en sus inicios, se torna más agrio en defensa de las dinastías abatidas. Ben Metzner, quien el día anterior ya tomó posiciones con Dartgnan, regresó revitalizado junto a Peter Henrici y al resto de la compañía, decididos a trazar una zanja de profundidades hirientes y con la finalidad de que todo el mundo, hechizados por su contagiosa algarabía épica, cayera de rodillas de una forma u otra. Visualmente persistentes y con los designios de su parte, volatilizaron la zona de batalla con un mentón altivo que unificó leyes y creencias para cercenar, de una vez por todas bajo el manto de estrellas, la proliferación de reincidentes. Fueron, en adición, unos juglares golfantes y, lo que iba a ser una contienda ejemplarizante no pudo dejar de mutar, también, en una juerga de proporciones desorbitadas. “Memento Mori” y “Highlander” (“Warriors”- 2024), “Metfest” (“Das Elfte Gebob”- 2020), “Bastard Von Asgard” y “Berzerkermode” (“Fegefeuer”- 2023) junto a “Uruk-Hai” han talado centenares de leños para ser convertidos en flechas de alcance multitudinario. Reivindicaron con sus rostros jadeantes una victoria anticipada.

El (NR Stage) contrató a los inquietantes El Altar Del Holocausto para que con sus sectarios oficios pusieran banda sonora instrumental, agónica, desolada e incluso alucinógena al duelo que se ha de mostrar, al recoger los cadáveres que se iban amontonando por la pedregosa trocha que dejaban libre los jubilosos supervivientes. Lo suyo es ser una rara avis en estas reuniones masivas, pero su post rock catastrofista debe medicarse, dos veces incluso, para cada escenario que dignifican y al que exorcizan sin idiomas divisores. Son toda una experiencia para quien ama la verdad de la armonía y las profundidades de este reflexivo prisma que, no solo por lo visual, inquieta al conservadurismo.







Con unos intercesores de lujo protagónico como los neerlandeses Within Temptation (escenario Azucena), quizás actualmente la banda de metal sinfónico más multitudinaria, se esperaba que su encomienda se rotulara sobre la música y sus beneficios desinteresados, pero, entre banderas de España y de Ucrania creo que se traspasaron algunas de las misivas menos dialogadas en abierto de un show. Por mucho que esta reseña reciba un trato metafórico y bélico, realizado para ejercitar la mente y con un debate “ficticio” diametralmente opuesto, creo que este escrito no debiera contar con un desarrollo real en manos de una banda tan ensalzada. Con (casi) todos los respetos a las ideologías individuales, si queremos que la música cambie el mundo, no se debiera realizar en un escenario al azar, en mi opinión, ya que la polarización actual es palpable y preocupante, una granada camuflada entre carcajadas que accidentalmente puede detonar, con tan solo un mal gesto, entre inocentes. Se pueden realizar conciertos/festivales BENÉFICOS y temáticos para mantener la integridad intacta, aprovechar las redes sociales para exponer los términos de cada cual con claridad y constancia, posicionar, a pecho descubierto, un activismo repartido y continuo con los merecidos recursos adquiridos por los derechos y mil cosas más, como no olvidar a otros pueblos que sufren genocidios permanentes e, incluso, recalcar la memoria histórica global en aras de no tropezar con los mismos cantos rodados. Pero, en este caso, en una juerga regada por alcohol y despreocupación, veo estéril hacer, de cara a la galería, postulaciones con una carga implícita de responsabilidad que no debería ser manoseada con superficialidad. Tras esta controvertida disertación, en lo rigurosamente musical, con una puesta en escena sustentada por columnas y dinteles de porte clásico, los músicos se encorsetaron en sus respectivas plataformas y, cuando bajaron de ellas pasaron con perfil bajo para que Sharon den Adel magnificara su figura y voz única. La perfección sonora con la que nos absorbieron me recuerda, como con Lord Of The Lost, y más con tanto trapicheo político, a una gala de Eurovisión y el aburrimiento que en ciertos tramos provoca. La voz de esta diosa estuvo muy elevada lo que, entre la austeridad que el espectáculo llevó, distrajo en ocasiones al acometido final con monotonía. Son muchos los singles que poseen y el “setlist” no flojeó, quizás sea el derroche de artificialidad que sirve de cohorte a Sharon, entronizado por nuestra facilidad de alabanza, lo que le bajó un par de grados de temperatura a esta “playlist” definitoria: “We Go To War”, “Wireless” y “Bleed Out” de su más reciente lanzamiento de mismo nombre (“Bleed Out”- 2023), los ya inolvidables “Stand My Ground” (“The Silent Force”- 2004), “Paradise (What About Us)” de “Hydra” de 2014, “Supernova” (“Resist”- 2019) o “Shot In The Dark” y “Lost” de “The Unforgiving” del ya lejano 2011. Mucha gente disfrutó, pese a las, vamos a tildar de minucias por el momento, lo que dejó un buen cabeza de cartel para una noche de verano bajo la luz de la luna.

El New Rock Stage acogió en sus dos últimas entregas a dos bandas que han vivido la experiencia de sus estilos al completo, metamorfoseándose en sí mismas para logra no repetirse, reinventarse e incluso acrecentar su número de seguidores. En primer lugar Lost Society con su thrash indulgente con el nu metal e incluso algunas acepciones “core”, dirigidos por la amplia figura estilizada en negro de su vocalista y guitarrista Sammy Elbanna atronaron a base de ejecuciones impecables que solo llevaban intros y atmósferas grabadas para entretener soberanamente. Uniformados de blanco neutro, Arttu Lesonen también a la guitarra, Mirko Lehtinen al bajo y Tapani Fagerström a la batería (ex Santa Cruz, curioso cambio de género) nos saltaron los dientes por bocazas, en un posicionamiento anti todo, y con más radicalidad sobre los absolutismos, ¡por fin alguien que no teme la obviedad! En su primera parada en el Leyendas sacaron beneficio de su ausencia de complejos, y con su rabia intacta, a pesar de contar con más melodía en la actualidad, no necesitaron de muchos comentarios para ganarse la simpatía del que ya está harto de ver quien la tiene más grande. “Blood On Your Hands” (“No Absolution”- 2020), “Awake”, “Stitches” y “112” que pertenecen a su último plástico, “If The Sky Came Down” de 2022, o “KILL (Those Who Oppose me)” que nos devolvió a 2013 y el disco “Fast Loud Death” fueron claras candidatas a refrescarte este y muchos otros veranos. Después debemos hablar de unos supervivientes de la escena doom y gótica, los alemanes Lacrimas Profundere. Con casi treinta años de perpetuidad melancólica sobre sus hombros y hablando un perfecto castellano, nominaron a Julian Larre, su vocalista, como el comunicador oficial de los germanos y una atenta recolección de diferentes edades con aparato locomotor. Pronto se bajó al foso el activo frontman y no tardando incitó al caos a los que allí le sujetaban la vela, para desquicio de los miembros de seguridad. Una más que agradable sorpresa la de estos coleccionistas de lágrimas que con “Obscurity” (single de 2014), “, “The Letter” (“The Grandiose Nowhere”- 2010), “Dead To Me” (“Antidote”- 2013), “Unseen” (“How To Shroud Yourself In Night”- 2022) junto a “Father Of Fate” y The Kingdom Solicitude” (“Bleeding The Stars”- 2019), hicieron un galante recorrido a una carrera que no ha gozado de los parabienes de otro coetáneos suyos que, como broma del destino, llevan años sin aportar.

Para calmar los últimos estertores de rebelión en el día de marras, se contó con la ayuda de dos líderes nacionales de la gesta y del folclore, Tierra Santa y Celtian, para soterrar a los insurrectos pasajeros de los trenes bala en los que se han convertido las veinticuatro horas de los speedicos días actuales. Los riojanos nos dignaron con su presencia diez minutos antes de lo previsto en el escenario Jesús De La Rosa, alumbrados como es poco habitual en ellos. Si antes utilizaban la ceguera como arma táctica para someternos, ahora utilizaron la sordera que nos propinó el exceso de vatios que escupieron insolentes en una mala ecualización y el silencio de la guitarra solista. La situación no mejoró a lo largo de la actuación, como demostró “Alas de Fuego” y así sucesivamente, lo que unido a la frialdad o antipatía, llámalo como quieras, que demuestra Ángel en su interacción con los que le pagan las alubias resulta poco edificante. Tan solo se limita a hacer cantar a los que allí husmean alejándose del micro y entregando el protagonismo a los más vivaces. “La Leyenda del Holandés Errante”, “Indomable”, “El Bastón del Diablo”, “Pegaso”, “El Canto de las Sirenas”, “Drácula” y “Sangre de Reyes”, clásicos que entre nuevos temas más anodinos no encontraron una respuesta como ellos hubieran deseado. A falta de tres canciones se cambió la guitarra de marras y así ya se pudo empezar a discernir con más claridad, sobre todo, los solos de “El Laberinto del Minotauro” y de “Legendario”. No ayudaron a sepultar a los nuevos contendientes de la amplitud metalera, y mucho menos con un líder que no tuvo su mejor día a las voces y que poco se preocupó por ejercer de la leyenda que se les atribuye por generaciones. Celtian desmontaban el escenario Azucena con multitud de problemas de sonido nuevamente, ¡joder! ¿Cómo es posible esto a estas alturas de la película? Con su folk metal comprometen un refuerzo indispensable para redirigir las estrategias y dar moral a los infatigables. Fueron sinceros y hasta pararon, sabían que no iban a poder batirse al nivel que se les presupone, pero aun así se ganaron respeto. Ese que al día siguiente y en acústico, para entretener a los magullados, seguro que entregan con mejor fortuna. Rosalía Sairem participó en su última alegación que, pese a los esfuerzos redoblados, tampoco pudo ayudar a la coronación absoluta de la ancestralidad, pero que sí dignificó la perseverancia por encima de la adversidad. La comunidad los alabó. Pronto los veremos en La Riviera, en Madrid, y otro elfo cantará…

Ganaron posiciones los asentamientos tribales que se confabularon en las horas de hoy para reverdecer su longevo imperio desierto, antaño, de amenazas feroces. La ofensiva orquestada por los humanoides de inteligencia en red se revolvieron con eficacia, pero les faltaron los aliados cuyo discurso de honra caló más hacia dentro que en su proyección al público.


En este reel publicado en nuestro instragam podéis ver un resumen visual de esta tercera jornada:

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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