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Megadeth y la Consagración del Thrash en una arena propia del Siglo XXI

Bandas: The Cost – Crisix – Megadeth
Lugar: Roig Arena, Valencia – 25 de mayo del 2026
Fotos: Rubén Rosinos
Texto: Miguel Raga

No os voy a engañar, entrar al Roig Arena esta primera vez supuso pasar los primeros minutos tratando de asimilar el coloso arquitectónico que teníamos ante los ojos. Estamos, sin temor a equivocarnos, ante la auténtica meca de los conciertos del siglo XXI en toda la Península Ibérica. La flamante arena valenciana se vestía de gala para albergar la primera fecha de la que aparentemente es la última gira europea de Megadeth.

Los encargados de abrir la tarde fueron The Cost. La banda se mostró sumamente agradecida e impactada por la magnitud del recinto; en palabras de su propio frontman, estar ahí arriba compartiendo tablas con Megadeth era «un auténtico sueño cumplido». Su propuesta estuvo guiada de principio a fin por una imponente sección rítmica, donde la descomunal pegada de la batería marcaba el paso milimétrico del bajo y las guitarras.

Desplegaron pasajes melódicos sumamente complejos, muy cercanos a las estructuras del metal progresivo moderno. Aunque es cierto que este enfoque técnico obtuvo una aceptación algo moderada por parte de las primeras filas que ansiaban las caricias de los pogos. Asimismo, contar en sus filas con el mismísimo Estepario Siberiano a los parches juega en otra liga. Tener un virtuoso en las baquetas como él, convierte al combo en un power trío devastador que no admite término medio.

Tras casi dos años de parón absoluto en los escenarios nacionales, los de Igualada, Crisix, se plantaban ante un público masivo que rugía con impaciencia. A remarcar la gran presencia de metalheads procedentes de tierras catalanas, lo que ayudó a aumentar el efecto “wow” del esperado retorno.

Y ¡vaya manera de regresar! Ya que pronto abrieron fuego rescatando temas de su imprescindible segundo álbum, Rise… Then Rest, con trallazos de la talla de «Bring ‘Em to the Pit».

Para el quinto tema de su set, la masa ya estaba completamente desbocada, coreando a pleno pulmón el demoledor estribillo de «World Needs Mosh». Juli, pletórico y visiblemente emocionado, tomó el micrófono para agradecer el masivo calor del retorno: «Gracias por esta energía… ¡qué complicado es vivir sin esta mierda!», exclamó antes de hacer reventar la pista con «Get Out the Way», extraída de su cuarta placa de estudio. Fue el detonante definitivo para que la mecha de los pogos ardiera sin control.

En este punto toca destacar alguna mejora técnica del recinto y es que el revestimiento del suelo del Roig Arena demostró no estar a prueba de resbalones, que no evitó caídas de a los moshers ante la inevitable presencia de cerveza derramada. Para redondear el show, la banda presentó en sociedad su nuevo cañonazo, «Fast», una pieza de techno-thrash experimental donde los samplers y el hardcore techno se apoderaron momentáneamente de la arena bajo el lema «We want the future».

Como ya es tradición, se batieron en un devastador popurrí de versiones dispuesto a derribar la estructura del pabellón, encadenando riffs de «Fight For Your Right» (Beastie Boys), «Walk» (Pantera) y el icónico himno «Antisocial» de los franceses Trust (popularizado por Anthrax). El clímax llegó con el bombazo definitivo, que no por previsible fue menos deseado: «Ultra Thrash» cerró la descarga. Con semejante acumulación de adrenalina, Marc “Busi” no pudo contenerse y terminó volando sobre las cabezas de las primeras filas metido en pleno circle pit.

Pasados siete minutos de las diez de la noche, las luces se apagaron para entrar en la nostalgia y recibir a Dave Mustaine y sus escuderos. Roig Arena ya presentaba un aforo acorde con la dimensión de la velada ya que cerca de 10000 almas esperaban el reencuentro con actitud y sonido de su pasado.

El inicio del espectáculo y el primer tema, “Tipping Point” quedó relegado a un mero ajuste técnico en las mesas; la voz de Mustaine se percibía prácticamente inexistente y sepultada bajo un exceso de efecto reverb que deslució el arranque. Sin embargo, los ingenieros de sonido hicieron los ajustes pertinentes y a partir de la segunda descarga, «Hangar 18», el sonido se ecualizó de forma milimétrica.

El sonido mutó en una muralla contundente, cristalina y equilibrada, donde cada instrumento gozaba de su justa y merecida presencia. Qué bien sentaron aquella entrada de línea de bajo de “She-Wolf” y los grandiosos riffs de “Angry Again” mientras miles de almas valencianas gritaban al unísono: ¡Megadeth! ¡Megadeth!

“I Don’t Care” fue el segundo corte que sonó de su reciente disco homónimo dando la entrada a la soberbia “Poison Was The Cure”. El saludo de Mustaine a la audiencia fue fiel a su reputación: escueto, sobrio y al grano, sirviendo en bandeja la rabiosa declaración de intenciones que es «Sweating Bullets» convirtiendo el recinto en un grandioso karaoke.

No debe haber sido fácil elegir el set para una hora y media justa de concierto, centrando este en el “Rust in Peace” y “Countdown to Extinction” dejando fuera himnos como “A Tout Le Monde” o “In My Darkest Hour” que a mi personalmente es de los que me generan más agrado.

Incluso con este set, como era de esperar, la comunión entre Mustaine y el virtuoso guitarrista Teemu Mäntysaari quedó patente en los constantes juegos de Call and Respose dentro de “Mechanix”, demostrando que la actual alineación posee una fuerte solidez en las cuerdas.

Aquí una de las sorpresas de la noche, “Ride the Lightning”, de Metallica, rescatada de la época en que Dave era el guitarrista protagonista. Tras una pausa que duró menos que un pestañeo, el cuarteto regresó para hacernos cantar la hímnica «Tornado of Souls» seguida de la del final agonizante “Peace Sells”.

Claramente el comentario era sobre la voz de Dave que se está apagando para el cometido principal y profesional que es dar ese toque personal a cada una de sus canciones. Y es una evidencia que, aunque correcta, necesita ser arropada y acompañada por la de James LoMenzo, aparte de darle una línea de bajo a las canciones abrumadoras.

La noche tocaba a su fin, y el ya legendario grito de guerra «¡Aguante Megadeth!» tronó en los cimientos del Roig Arena, acomodando el imperecedero e hipnótico riff de bajo de «Symphony of Destruction». Con la leyenda hecha canción “Holy Wars.. The Punishment Due”, Mustaine consagró su legado de fin de era ante miles de almas, demostrando que se despide en la más absoluta cúspide.

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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