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Motionless In White en Barcelona: oscuridad, rabia e identidad híbrida al servicio del espectáculo

Banda: Motionless In White + Dayseeker + Make Them Suffer
Lugar: Razzmatazz, Barcelona – 5 de marzo de 2026
Texto: Òscar Saro
Fotos: Alfredo M.Geisse

Motionless In White nos ofrecieron una experiencia total, un viaje entre el metalcore y el metal gótico e industrial, entre el terror y la distopía futurista, entre la emoción y el exceso.

En un jueves de marzo recién estrenado, una larga cola ya doblaba la esquina de sala Razzmatazz de Barcelona, mucho antes de la hora prevista para abrir las puertas del averno. En las primeras posiciones esperaban las y los fans más madrugadores que, en cuanto se permitió el acceso, echaron a correr nerviosos para conquistar las primeras filas: lugares privilegiados desde los que vivir el espectáculo cara a cara y, con un poco de suerte, colarse también en los vídeos de ambiente. Gente joven, más de una cara pintada, abundancia de looks de inspiración gótica y mucho tatuaje. Una audiencia totalmente alineada con la personalidad híbrida de los norteamericanos Motionless In White, que, pese a ser una banda de metal moderno, generan una expectación más propia de superestrellas del pop.

Es la segunda vez en poco tiempo que veo y escribo sobre esta estampa y sobre la veneración que despierta esta banda de Pensilvania, capaz de llenar hasta la bandera la sala grande de Razzmatazz dos veces en poco más de un año. Y eso invita inevitablemente a preguntarse por las razones de un fenómeno así. Después de poder volver a vivirlos en directo, estas son mis reflexiones:

La última vez fue el 4 de febrero de 2025, en otra noche que también cubrimos el mismo equipo que ha repetido en esta ocasión, junto a mi compañero y uno de los mejores cazadores de momentos que conozco, Alfredo M. Geisse. (Ver crónica del 2025).

Este 2026 tocaba reencontrarse con ellos en el marco de la gira europea The Afraid of the Dark Tour (curiosa esta tendencia de articular giras extensas a partir del lanzamiento de un sencillo), iniciada el 5 de febrero en Glasgow y rematada el 7 de marzo en Lisboa, precisamente un día antes de acabar de escribir estas líneas. Acompañados por los australianos Make Them Suffer y los estadounidenses Dayseeker, han recorrido veinte ciudades del Viejo Continente, incluidas paradas en Barcelona y Madrid, gracias a la apuesta constante del promotor local Route Resurrection.

Y, con todo esto, Motionless In White volvieron a demostrar por qué se han convertido en uno de los nombres más sólidos, singulares y espectaculares del metal moderno. Pero vayamos por partes y empecemos por los escuderos.


Make Them Suffer abrió fuego con un público entregado

Con el nombre de la banda ocupando toda la pantalla de fondo, Make Them Suffer dejó claro desde el principio que, aunque les tocara abrir la velada, no era un grupo desconocido para el público. El arranque con “Ghost of Me” sirvió para meternos en situación antes de que la maquinaria empezara a apretar de verdad. Con “Bones”, iniciada sobre las plataformas, la banda fue ganando terreno frente a una audiencia que le costó muy poco entrar en calor. Para cuando llegó “Epitaph”, ya se creó un vistoso mar de brazos moviéndose. En “Mana God” se repitió las manos en alto y apareció el primer moshpit de la noche. Así, entre todos los movimientos del público y esa mezcla de violencia controlada y emoción melódica marca de la casa, la banda fue construyendo un directo sólido y muy efectivo.

“Oscillator” mantuvo el pulso, pero uno de los momentos más celebrados llegó con “Erase Me”, cuando la banda pidió un circle pit y la sala respondió con fuerza. El tema arrancó de forma arrolladora, pero también dejó espacio para uno de esos instantes más suaves en los que el público se sumó coreando la melodía.

Mención aparte para el bajista, Jaya Jeffery, que me pareció especialmente poderoso. Llegó a lanzar una púa que cayó justo a mi lado, pero, al tener las dos manos ocupadas tomando las notas para escribir lo que os cuento, no pude ser más rápido que mi vecino y me quedé sin premio. También destacaré el papel de Alex Reade, encargada de los teclados, de lanzar gritos de guerra bien encajados y, sobre todo, de aportar esas voces limpias, que dan siempre un contrapunto melódico típico en el género y que, en su caso, tiene una textura y un contraste especial con la voz más extrema de Sean Harmanis.

Antes del final, la banda tuvo tiempo de pedir un aplauso para sus compañeros de gira. Y para rematar, “Doomswitch” puso el cierre con contundencia, dejando el ambiente ya perfectamente caldeado para los siguientes lances. Puedo dejar constancia que los australianos cumplieron de sobra con su papel y que entre el público vimos mucha gente que los conocía y los disfrutó, desde el que cantaba sus letras con mucha devoción a mi derecha, hasta el que no se perdió ni un paso en las danzas extremas.


Dayseeker abraza al público entre melodía y catarsis

Con una animación de fondo inspirada en el imaginario de su más reciente disco, Creature in the Black Night (octubre de 2025), los californianos Dayseeker fueron construyendo un directo muy visual, muy emocional y, sobre todo, muy pensado para conectar con el público.

La apertura con “Pale Moonlight” ya marcó el tono de la noche. El cantante Rory Rodríguez, dueño de un registro de voz particularmente melódico, arrancó prácticamente en solitario, antes de que el resto del grupo se incorporara poco a poco para dar cuerpo al tema. El cantante no tardó en meterse al público en el bolsillo pidiendo ruido y, en esta misión, pasaron a “Shapeshift”, una canción que comenzó desde la melodía más contenida para ir retorciéndose hasta extremos mucho más intensos.

Rory se quitó el abrigo de estética nocturna y explicó que era la primera vez que venían a Barcelona. Y así, continuaron con “Burial Plot”, para la que pidieron encender las luces de los móviles. Nos habló del nuevo álbum, para dar paso la nueva “Crawl Back to My Coffin”, que sonó muy melódica; y continuaron con la también nueva, “Bloodlust” que arrancó a base de rugidos más extremos y para la que pidieron un moshpit que se materializó con obediencia.

El cantante pidió ruido para sus compañeros de tour antes de enlazar con “Without Me”, una de las más coreadas de la velada. Ahí sí, la respuesta fue inmediata, con el cantante guiando a la gente para mover las manos de lado a lado. Manos que no se plegaron para “Crying While You’re Dancing”, y así continuar expandiendo el universo Dayseeker, junto a un momento solo de guitarra.

Tras una breve pausa, la banda regresó con “Creature in the Black Night”, el tema que da nombre a su último trabajo, reforzando la idea que su objetivo era presentarnos el nuevo material. Llegó el momento del discurso emotivo de Rory para hablarnos sobre el camino recorrido por la banda hasta llegar aquí, recordando aquellos días en los que tocaban para dos personas. Después sonó “Sleeptalk”, probablemente el tema más seguido de toda la actuación, con el público coreando el estribillo con bastante más convicción que en otros pasajes de la noche.

Antes del cierre con “Neon Grave”, el cantante nos aseguró que que estaban viviendo el mejor concierto de toda la gira y, aunque posiblemente es algo que se dice más de una vez, la verdad es que el público demostró estar plenamente conectado con su propuesta. Si más no, el púbico agradeció sus palabras y las vivió como un colofón perfecto para una actuación que fue de menos a más hasta acabar completamente encendida.

Dayseeker nos presentó su nuevo material en una actuación con la que demostraron una buena sintonía con el público a base de combinar vulnerabilidad, músculo y gancho escénico.








Motionless In White convierten Barcelona en un delirio hermoso y descomunal

Mientras preparaban el escenario, retirando la batería de sus compatriotas y dejando el espacio lo más diáfano posible para el despliegue escénico de la noche, sonaba música bailable y el público no solo la reconocía, sino que la coreaba con entusiasmo. Eso dice mucho del perfil de los seguidores de MIW: una audiencia abierta a todos los territorios y, como he comentado, totalmente alineada con la personalidad híbrida de la banda.

Aunque en Barcelona los organizadores ya nos habían advertido de que no podría utilizarse el fuego que la banda sí lleva en otros tramos de la gira, la sala solo permitía chispas y humo, el espectáculo fue igualmente imponente. Especialmente destacable fue la realización de vídeo proyectada en la pantalla trasera, que combinó imágenes en directo tanto de la banda como del público con visuales pregrabadas específicas para cada canción.

Al son de una campanas y sirenas, la banda subió al escenario acompañados de un mar de móviles alzados desde el primer instante. La descarga arrancó con “Meltdown” y no tardó en convertirse en un bombardeo visual, con las bailarinas con monos futuristas y cananas luminosas ofreciéndonos una apertura de muchas capas.

Con “Sign of Life”, dejaron claro que el show iba a jugar en la liga de los grandes montajes. Cascos, sierras radiales lanzando chispas, la letra de la canción proyectada en pantalla y una sala entera cantando cada palabra como si fuera un himno.

Chris Motionless nos saludó y nos transmitió un mensaje que dio a la noche un peso especial. Recordó lo enfermo que estaba un año atrás, en su último concierto en esta misma sala, y confesó que necesitaba volver a Barcelona. Así llegó “A-M-E-R-I-C-A” que sonbó brutal, con una pega casi industrial, que el público deletreó con fuerza y que vino acompañada de una lluvia de confeti. “Thoughts & Prayers” elevó aún más la intensidad, con gritos extremos iniciales y la coreografía de máscaras, trajes blancos, libros y pistolas de agua disparando hacia un público que aceptó encantado el castigo.

Uno de los momentos más coreados llegó con “Voices”. Bastó su riff inicial para que la pista cantara en una sola voz el estribillo, singularizando el título y confirmando que hay canciones que ya pertenecen tanto a la banda como a sus seguidores. El cantante volvió a saludar a la audiencia, preguntando cuántos habían estado allí un año atrás, o en el 2023 en el Resurrection Fest. Así, dio la bienvenida tanto a los novatos como a quienes les seguían desde hace dos décadas.

Sonó el nuevo sencillo, “Afraid of the Dark”, que da nombre a la gira y fue recibido de maravilla. Sonó devastador y fue cantado con una convicción impropia de una canción tan nueva. La misma respuesta obtuvo el más clásico “Werewolf”, introducida entre aullidos, voces en off y visuales de videoclip, con Chris arrancando prácticamente en solitario y una puesta en escena rematada por máscaras de lobo y chaquetas rojas que subrayaron el punto cinematográfico del tema.

La siguiente tanda mantuvo el listón altísimo. “Hollow Points” llegó con la imagen de una ciudad en llamas, mientras Justin Morrow reforzaba los coros limpios, y “Necessary Evil” encendió definitivamente a la sala con Chris pidiendo saltos antes de que, de nuevo, las radiales lanzaran chispas sobre un estribillo atronador y de que Ricky «Horror» Olson tuviera su momento de protagonismo. “¿Lo estáis pasando bien? Me encanta el ambiente”, soltó el vocalista, con esa mezcla de satisfacción y complicidad que aparece cuando un frontman sabe que tiene el poder de ponerse el público en el bolsillo.

Para “Slaughterhouse, nos pidieron ser protagonistas de la letra, respondiendo al “You fucking fascist” con el “You fucking pig”. El tema devolvió el sonido a un terreno todavía más industrial y agresivo. Y, en ese final en el que la canción se vuelve más pesada, vimos a todo el mundo desgañitándose al unísono. Momento sencillamente apoteósico. Después llegó “Rats”, para mostrar las bailarinas disfrazadas de ratas sensuales y montar una coreografía con cadenas alrededor del cantante, antes de entrar en la terrorífica “Disguise” para la que Morrow acentuó la atmósfera oscura con sus movimientos de marioneta diabólica.

Con “Scoring the End of the World”, la banda abrazó de nuevo esa estética futurista. Sierras radiales, banderas, un mar de brazos alzados y una sensación general de estar asistiendo a una trama distópica. Luego hubo tiempo para mirar atrás con “City Lights”, presentada por Chris como una canción antigua. El vídeo de ciudad futurista y las columnas de chispas acompañaron a un tema que fue muy cantado. Y para acabar el pase principal, “Not My Type: Dead as Fuck 2” convirtió la sala en una fiesta de ritmo industrial, pelotas de playa, cubos con caramelos y pompones, en uno de esos giros marca MIW donde el exceso se convierte en una seña de identidad. Con estas guisas, la banda dejó el escenario unos minutos para tomar aire antes del asalto definitivo.

El regreso con “Cyberhex” fue tan poderoso como cabía esperar, recuperando la estética futurista y con uno de los momentos de mayor contundencia en la batería por parte de Vinny Mauro. Pero el gran giro emocional llegó con “Another Life”, con base de teclado inicial, Ryan Sitkowski como protagonista junto a un fondo estrellado y la petición de encender los móviles para transformar la sala en una postal. El estribillo, en modo karaoke masivo, puso la piel de gallina, mientras abanicos con velos blancos y espuma terminaban de dar al momento un aire de espectáculo máximo.

Antes del cierre, Chris ofreció un discurso de despedida cargado de gratitud. Volvió a dar las gracias por esa segunda oportunidad, pidió una gran ovación para los teloneros y celebró la energía, las voces y toda la participación del público. Una despedida sentida que le sirvió para declararse “Eternally Yours” y cerrar la noche regalando rosas rojas.

Con un espectáculo lleno de momentos, Motionless In White no ofrecieron una experiencia total, un viaje entre el metalcore y el metal industrial, entre el terror y la distopía futurista, entre la emoción y el exceso. Una banda del siglo XXI que entiende el directo como un arte escénico completo y que, además, atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera.

By Oscar Saro

Me falta tiempo para hacer todo lo gue me gusta. Adicto al rock en directo, metalhead, enamorado de la montaña, apasionado de la ciencia ficción y con cerebro de programador desde que un Spectrum entró en casa. Fundador de Sudando Rock (@sudandorockcom)

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