Bandas: Primal Fear – Ronnie Romero
Lugar: O2 Academy Islington (Londres) – 11 de marzo de 2026
Fotos: Jesús Figueirido
Vaya por delante destacar que el combo germano Primal Fear son unos gigantes de por sí en el género del power metal, acorde con los grandes grupos cómo Helloween, Sabaton o Powerwolf, pero desafortunadamente sin haber alcanzado el estatus correspondiente que realmente se merecen.
Esa infravaloración se percibe por estos lares tal y cómo explicó su cantante Ralph Scheepers, han tenido dificultades principalmente logística y burocráticas por culpa del infausto Brexit y sus inconvenientes trabas para aterrizar más a menudo a las islas británicas y demostrar todo su poderío. Pero todo esto, no ha impedido que se mantenga en el candelero por casi tres décadas en la cúspide del género.
Por lo que a mí me respecta Primal Fear son la sintonía de mi propia vida, momentos inolvidables y entrañables de mi existencia, entrelazando su excelente música con momentos puntuales que me transportan a tiempos pasados. Desde que cancelaron su visita programada en septiembre de 2020 por culpa de la pandemia, tenía marcado en rojo en el calendario esta fecha y no podía faltar a la llamada.
Londres no siempre ha tenido un romance particular con el Power Metal alemán, y la cita en el O2 Academy Islington fue la excepción. Ubicado en el corazón del centro comercial Angel Central, el recinto conocido por su ambiente íntimo y una acústica que favorece la contundencia, colgó el cartel de Sold Out semanas antes para su Domination World Tour 2026.
Desde las 19:00 horas, la fila de chaquetas de cuero y parches de Metal Is Forever pululaban por la plaza.Se barruntaba algo especial en el aire. Primal Fear regresaba para presentar su decimoquinto álbum de estudio, !que se dice pronto!, Domination, un trabajo monstruoso que ha devuelto a la banda a sus raíces más heavy y directas.Pero primero en escena un telonero de altos vuelos.
Ronnie Romero: El Invitado de Lujo
La velada comenzó a las 19.30 en punto con una descarga de adrenalina pura a cargo de Ronnie Romero. El vocalista chileno, cuya trayectoria incluye nombres como Rainbow y el súper grupo Elegant Weapons, demostró por qué es una de las voces más solicitadas del género. Con una presencia escénica abrumadora, Romero calentó los motores de una audiencia que, para el tercer tema, ya coreaba su nombre.
Su set, equilibrado entre material solista y guiños a los clásicos que lo hicieron famoso. Comenzó con la habitual fuerza arrolladora con el tema del mismo nombre de su reciente álbum Backbone de 2025, para seguir en la misma tónica con «Bring The Rock” y “Eternally”, también del mismo disco, todo con el buen acompañamiento del virtuoso guitarrista y fiel amigo José Rubio, sentando cátedra con una imponente puesta en las tablas, verdaderamente un tándem de lujo.


Para calentar más el ambiente sonó la inconfundible y famosa versión de Rainbow “Stargazer” y ya desde el público tomaron buena nota y empezaron a rendirse a sus pies. ”Never Felt This Way” mantuvo el nivel de contundencia al igual que “Castaway On The Moon” de su disco Too Many Lies, Too Many Masters de 2023. Tiempo para otra obra maestra del Heavy Rock clásico de Rainbow con la aplastante “Kill The King” demostrando una vez más toda su gran faceta vocal…brillante. Sin bajar el pistón nos trae “Chased By Shadows” acompañado del contundente solo de guitarra del maestro José Rubio, en ese instante pude comprobar alrededor mía que Ronnie era la reencarnación del mismísimo DIO según comentaba la peña, todo un gran halago.
Abrumador despliegue en escena el que estábamos presenciando. Se aproximaba el final del set y nos toca un tema, según Ronnie infravalorado de los mismísimos Deep Purple que da título al disco The Battle Rages On de 1993 y el cual él le tiene una gran estima y una vez más hace subir la temperatura en la sala que la acoge con entusiasmo. El cierre es con la poderosa “Vengeance” para acabar por todo lo alto. Un auténtico paseo triunfal, siendo el prólogo perfecto de «Heavy Metal de alto octanaje” y lo que faltaba por venir.




La Entrada Triunfal: «I Am The Primal Fear»
A las 21:00, las luces se extinguieron y la intro grabada “We Walk Without Fear” desató el delirio e inmediatamente la magnífica “Destroyer”. Cuando Ralf Scheepers saltó al escenario, su imponente figura y su icónica voz de «sirena de niebla» dejaron claro que los años no pasan por él. Abrieron fuego después con «I Am The Primal Fear», el himno que da nombre a su nueva era, seguido sin respiro por la velocidad y contundencia de los clásicos de sus comienzos como «Final Embrace» y sobretodo “Nuclear Fire”, un clásico inamovible que convirtió el foso en un mar de cabezas moviéndose al mismo compás, estampando su sello desde un principio.
Ralph se movía constantemente cómo pez en el agua, arengando al público y alzando el puño continuamente. Las huestes hacían lo propio y la comunión se reflejó al instante. La pausa llegó con la canción homónima de su gran disco Seven Seals de 2005, de grandes recuerdos para mí. La formación actual es sencillamente una apisonadora. La noticia de que el maestro Magnus Karlsson se uniría a la gira completa por primera vez en años fue el ingrediente secreto que elevó la ejecución técnica a niveles estratosféricos. El duelo de guitarras entre él y la nueva incorporación de Thalia Bellazecca en temas como «The Hunter» y “Tears Of Fire” fue una lección magistral de armonías y shredding.


El concierto se estructuró cómo un viaje a través de casi tres décadas de historia. Primal Fear en todo su esplendor, poder y gloria. El sonido fue impecable. El bajo de Mat Sinner, el arquitecto detrás de la banda, retumbaba por las cuatro paredes, aunque se echaba en falta su dinamismo de antaño sobre el escenario, mientras que la batería de André Hilger mantenía un doble bombo incesante que no dio tregua durante los 90 minutos de actuación.
Llegamos al meridiano del bolo sin darnos cuenta, cuando peta por los altavoces “King Of Madness” y la atronadora “The End Is Near” elevando la temperatura a extremos de ebullición. Turno para poner a prueba la virtuosidad de Magnus Karlsson con la brillante interpretación de la instrumental “Hallucinations” con Bellazecca de gran escudera a las seis cuerdas. La locura persiste con la impresionante y emotiva “Fighting The Darkness”, una canción que personalmente no me es indiferente y me pone siempre la piel de gallina, simplemente majestuosa.
Tras una breve pausa que la banda utilizó para las pertinentes presentaciones de los miembros del grupo, con el lapsus de Ralph pidiendo perdón a Thalia por no empezar por ella, la banda regresó para un bloque final demoledor. El clímax alcanza su esplendor con la impresionante y brutal «Chainbreaker», marcando el regreso a 1998 que hizo vibrar los cimientos de la Academy. Momento de ver a todos los integrantes para tocar a capella el tema acústico de “Hands Of Time” previo paso que preparó el terreno para el himno absoluto de «Metal Is Forever”, la canción épica y el himno metalero por antonomasia, donde Ralph Scheepers demostró un control vocal asombroso, alcanzando notas agudas que desafían la lógica humana.
Cerraron la noche con la velocidad vertiginosa de «Running In The Dust», dejando a los fans exhaustos pero eufóricos. Perfecto colofón.





Lo vivido en Islington fue una declaración de principios. Primal Fear no solo sobrevive, sino que domina, valga la redundancia. Con una producción visual sobria pero efectiva y un sonido que rozó la perfección, los alemanes demostraron que el acero sigue templado. Londres se rindió ante el águila, y la sensación general al salir a la fría noche de marzo era clara: el Heavy Metal, cuando se hace con esta honestidad y potencia, es invencible. El regreso a los escenarios confirma otro episodio para la leyenda europea del combo alemán, una noche en la que se doctoró la guitarrista Thalia Bellazecca.
Resurgieron sobre las tablas con esfuerzo, precisión y una clara unidad de propósito. Todo ello se encarna especialmente en su frontman, Ralph Scheepers, cuya imponente presencia insufla al grupo una fuerza arrolladora. El resultado fue una noche inolvidable que reafirma su legado y rozó lo verdaderamente apoteósico.









