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Cierre del Sun & Thunder con más ganas que recursos

Festival: Sun & Thunder Fest
Lugar: Recinto de Marenostrum Fuengirola – Málaga – 17,18 y 19 de julio de 2025
Texto: Adriano H. Pinelo / Marta Grimaldi
Fotos: Marta Grimaldi / Aitana Bofill

Última jornada

Asistimos al último día del festival que, ojalá, hubiera durado un poco más…

Brutal Thin

Brutal Thin, desde Algeciras, son pura historia viva del metal underground andaluz. Llegaron al castillo de Sohail con la energía de una banda que lleva décadas sudando los escenarios más duros y pequeños, y dejaron claro que su música es una declaración de principios, no una pose.

Su concierto del sábado fue, simple y llanamente, una descarga demoledora que casi tira los muros del castillo. Ojo, que estamos hablando de las 14:30, a pleno sol y después de subir la interminable cuesta, y aún así estos sinvergüenzas no paraban: saltaban ellos, nos hacían saltar a nosotros, correr, gritar… y a ver quién era el o la valiente que se atrevía a quedarse quieto.

Abrieron esta última jornada en el Sun & Thunder dejando claro que no necesitan grandes fuegos artificiales para prenderlo todo. Desde los primeros riffs, con temazos como “Nuestro Fuego” y “Super Dios”, la banda conectó al instante con su público y nos invitaron a romper las reglas.

Lo de Brutal Thin es actitud real, callejera, mezclando thrash, hardcore y letras que siguen metiendo el dedo en la llaga social. El público, aunque no era multitudinario, formó una pequeña hermandad, y les dieron sus respectivos pogos y coros a pleno pulmón.

Y cuando cerraron nadie quería que aquello terminara, te lo aseguro. Y por si fuera poco, salieron a despedirse al más puro estilo Ozzy, como en “Back to the Beginning”. Atentos a nuestras redes sociales, que tenemos entrevista sobre este momentazo.

Ciclón

La banda encarna la estirpe del heavy metal clásico, pero lo hace sin concesiones a la nostalgia fácil. Con base en Madrid y una actitud de guardia vieja, Ciclón se presento con una puesta en escena que remiten directamente a la época dorada del género.

Lo suyo es un homenaje constante a la esencia del metal con sus coros de puño en alto. Ciclón ademas aporta un plus de teatralidad introduciendo en sus canciones de directo personajes, como por ejemplo el mítico V de Vendetta, para así convertir sus shows a la vez en una experiencia lúdica y reivindicativa.

El repertorio de Ciclón se mueve por todos los rincones del metal, alternando entre trallazos como «Ese es el juego», «Kamikaze» y «Una vez más». En cada canción queda claro que para ellos el metal es una forma de comunicarse, de resistir y de diferenciarse del resto. Ciclón mira al pasado, pero no para quedarse ahí, sino para impulsarse y seguir difundiendo esa esencia, asegurándose de que nuestro rollo, y por supuesto, el suyo, nunca muera, porque, sinceramente, pocos transmiten esa pureza al compartirlo como lo hacen ellos.

Jolly Joker

A primera vista, la apertura del Sun Stage, frente a la playa, iba a ser bastante tranquila, pero no, Jolly Joker subió al escenario y en menos de dos minutos ya estaban contagiando buen rollo y familiaridad entre bromas y agradecimientos, convirtiendo el directo en una auténtica fiesta entre amigos.

Su hard rock funciona porque es sincero y brillante. Cada tema era una invitación a soltarse, a formar parte de esa especie de familia improvisada que la banda va construyendo con cada show y que temas como «Fuck It All», «Little Cadillac» y «I am Rock And Roll» ayudan a fomentar. Lane Lazy lideró con carisma, tanto en la voz como en la actitud, y el resto del grupo no se quedó atrás, entregados al cien por cien pese a las limitaciones de la hora.

Su fuerza está en la cercanía, en la autenticidad y en la complicidad que generan en cada concierto, y que te deja enganchado completamente.

Azrael

El calor en el castillo era inaguantable, solo los más valientes fueron capaces de resistirlo, y no eran pocos.

Azrael apareció, y no se guardó nada. Salieron con determinación, arrancando directos, con actitud. Abrieron fuego desde el primer segundo, dejando claro que su heavy metal sigue teniendo mucho músculo. El repertorio, aunque breve, fue intensísimo, con momentos que emocionaron a más de uno. Pistas como “Tres y el apocalipsis”, “Tarde ya” o “Sacrificio” hicieron que el público se les uniera a corear. Los músicos, al borde del escenario, agradecían con gestos, sonrisas y miradas cómplices.

Azrael ya lleva más de 30 años haciéndonos disfrutar y siempre es un placer encontrarlos en un gran evento.

Wheel

Uno de los momentos más hipnóticos en general de los tres días de duración del Sun and Thunder llegó con Wheel, la banda finlandesa de metal progresivo. El cuarteto de Helsinki ofreció una experiencia envolvente, con un sonido denso que nos atrapó en una espiral de capas sonoras.

Sus temas retumbaban con una mezcla de gravedad y belleza, entrelazando grooves densos con silencios que hablaban por sí solos. Wheel vino a incendiar aún más la calurosa tarde, con un set que fue una inmersión plena en su oscuro universo.

Daeria

En pleno calor del castillo, Daeria mostraron que habían venido a pasárselo bien… y a arrastrar consigo a todo el público presente.

Alguno con bañador, pistola de agua en mano y una actitud descaradamente festiva, ofrecieron un concierto que sacó muchas sonrisas. Pero, más allá del humor veraniego, desarrollaron una descarga seria, sólida y sentida, en la que canciones como «Maléfica», «Morfeo» o «Fénix» formaron parte.

Andalucía respondió con gusto, con el calor de las gargantas coreando… y el divertimento de no esquivar evidentemente el agua de la pistola.

Blackbriar

De vez en cuando, en un festival lleno de nombres conocidos, aparece una banda que no esperabas. Así fue el caso de Blackbriar, que se desmarcaron de la línea general con una propuesta que directamente te hechizaba.

Desde su solemne entrada, envolvieron el recinto como si hubieran salido de un cuento oscuro para poner música a la caída del sol. Melodías frías, atmósferas densas en temas como «Arms of The Oceans», «Far Distant Land» O «Until Enternity», todo se movía entre la delicadeza y la tormenta, en un equilibrio hipnótico difícil de explicar.

Como era de esperarse, el protagonismo recayó en la figura central de su vocalista Zora Cock, y la despedida fue tan elegante como el resto del show.

Eluveitie

Llegábamos a la recta final del festival con una banda cuya propuesta fusiona como pocas el death melódico con la tradición celta, entre instrumentos medievales y un sentimiento que, en directo, puede llegar a ser sobrecogedor, Eluveitie. Su sonido fue impecable, cada instrumento, cada capa armónica, cada detalle, encajaba como en una maquinaria bien engrasada.

Los artistas que componen Eluveitie desbordaban carisma por los cuatro costados. Aunque hubo momentos mágicos, especialmente algunos hicieron estallar a los más fieles con «A Rose for Epona», «The Call of the Mountains» y «Premonition». Perfectos.

Freedom Call

Coros y fiesta… con algo de piloto automático y un público deseoso de levantar el puño y corear sus himnos. La banda llenó de alegría y metal el castillo. El arranque fue directo aunque el uso de pistas pregrabadas especialmente con los sonidos del teclado desentonó en un festival donde hasta el show de W.A.S.P, que ya es mucho decir, había sido auténtico.

Pese a estos detalles, la banda cumplió con lo prometido, entregando un show con un repaso a sus temas más célebres «Silver Romance», «Out of Space» o «Metal is for Everyone», participativo, siendo uno de los conciertos más cálidos del día. Quizá no el más técnico ni el más intenso, pero sí uno de los más disfrutables para quienes buscan, ante todo, divertirse. A veces, la verdadera magia está en la conexión simple y honesta con el público.

Uriah Heep

Uriah Heep es el gran ejemplo de que hay bandas que siguen defendiendo con orgullo el valor de la música real. Así lo demostraron los británicos que, ofrecieron un concierto tan impecable como emocionante. Con la elegancia de quien lleva medio siglo sobre los escenarios y la pasión de quien aún tiene mucho que decir, conquistaron a todos los allí presentes, que además estábamos con la boca abierta hasta el suelo.

El sonido fue perfecto, todo fluía con naturalidad, con una producción equilibrada donde cada instrumento tenía su espacio y su peso. Sin excesos ni adornos disfrutamos de ese hard rock clásico tan puro con tintes progresivos que definió una era… y que aún hoy suena con la misma fuerza que la voz de su grandísimo vocalista, Bernie Shaw.

Dieron un repaso a su repertorio más añejo, navegando por décadas de historia. Riffs densos, secciones vertiginosas y ese aroma inconfundible a los inicios del rock pesado británico. La complicidad de los músicos se notaba en las miradas, y nos la transmitían. Uno de los momentos más emotivos llegó con “Stealin’”, ese himno que puso a prueba la sensibilidad de todos los presentes. Y como no podía ser de otra forma, el cierre vino con “Easy Livin’”, uno de esos temas que envejece tan bien como la banda misma, contagioso y lleno de vida. Un final apoteósico para una noche que supo con ellos a gloria.

El único punto agridulce fue la coincidencia horaria con Tankard en el escenario de arriba, lo que dividió inevitablemente a la audiencia. De hecho fue el aspecto más criticado del festival. Queremos verlos a todos, no ir a un concierto a medias…

Tankard

Si el thrash metal tuviera que elegir a su banda más desvergonzada, Tankard ganaría de lejos. Llegaron con su espíritu fiestero y sin ningún complejo tras un buen brindis… aunque lo hicieron con unos diez minutos de retraso que, en un festival con solapes como el de esa noche, costó caro, porque muchos tuvieron que abandonar a mitad para no perderse a Uriah Heep en el escenario principal.

Lo de Tankard fue puro descontrol, sin filtros, solo thrash sucio, rápido y rabiosamente divertido. La banda salió con ganas de liarla con sus ritmos cortantes, coros que se gritan con la cerveza en la mano, y esa escena delirante en la que el vocalista decidió pasarse el micrófono por todos los rincones posibles de su anatomía. Sí, todos.

En lo musical, fue un repaso de manual a lo mejor de su legado, «The Morning After», «(Empty) Tankard»… una avalancha de trallazos con sabor a cerveza caliente, callejón y furgoneta vieja a punto de explotar. Eso sí, por primera vez en mucho tiempo no tocaron “Space Beer”, uno de sus himnos más icónicos y esperados.

Pocos locos consiguen lo que ellos, convertir cada canción en una excusa para saltar, chocar y reírte de todo. Tankard siguen siendo los borrachos más lúcidos del thrash metal.

Primordial

Los irlandeses Primordial, comandados por el inquebrantable Alan Averill arrancaron sin medias tintas, y fueron tirando temazos, «No Grave Deep Enough», «To Hell or the Hangman», apoderándose del escenario sobrios, concentrados, en una actuación precisa y contundente.

El misticismo celta se dejaba escuchar en su demoledor y breve set. Y cuando parecía que ya nada podía superarlo, nos regalaron la devastadora “Empire Falls”, ocho minutos de rabia y gloria. La banda nos atravesó con su arte nacido de su tierra, de su sangre y la memoria de su pueblo.

Opeth

Que barbaridad lo de Opeth. Un concierto…no, estos nos ofrecieron una experiencia sensorial meticulosamente diseñada, donde su música e imagen se entrelazaban como parte de un mismo lenguaje. Cada canción llegó acompañada de proyecciones que completaban cada detalle del mundo interior que hay en sus temas.

El set cubrió distintas épocas del grupo, «Master’s Apprentices», «The Leper Affinity», «§7», «In My Time of Need», «The Night and the Silent Water», «§3», «Ghost of Perdition», «Deliverance», pura belleza. Hubo pasajes donde el público ni respiraba, atrapado entre los arpegios y las imágenes, y otros en los que las cabezas se mecían al ritmo de los golpes de caja.

El lenguaje de Opeth es otro, distinto al de todo lo que había pasado por aquí en estos tres días tan intensos. Vives con ellos esos momentos donde las emociones se esculpen y cada nota encaja como parte de un diseño más grande que la propia banda. Magníficos.

Käbrones

La primera edición de Sun and Thunder llegaba a su final, y Käbrones subía al escenario para cerrar la jornada frente al mar con alma de batalla, aunque el reloj no jugó a su favor.

Tardaron en arrancar, sí, pero cuando lo hicieron, entregaron guiños cómplices al público y temas que tienen ya mucha historia. A pesar de los problemas de sonido (que fueron más que evidentes), se mantuvieron firmes. El público, cantó junto a ellos los éxitos del set, “Maritormes”, “La Leyenda de La Mancha”, “Molinos de Viento”, y eso fue lo que nos quedamos.

Käbrones vinieron a dejarlo todo, incluso si el viento no soplaba a favor.

Batushka

En el Castillo, cerraba Batushka, y si te lo has perdido, no sabes lo que has hecho. Estos sí que cambiaron el ambiente del lugar. Con un despliegue visual y musical impresionante, la banda polaca ofreció la experiencia más sobrecogedora del festival. Desde los primeros minutos, con velas encendidas y campanas sonando en la penumbra, quedó claro que lo que iba a suceder no era algo común.

Vestidos con túnicas y ocultos en la oscuridad (hasta el batería, y ya hemos hablado de la calor de Andalucía en julio), aparecieron y comenzaron su liturgia con cantos que más que interpretados, fueron predicados. El idioma, el misticismo, los silencios y el juego de luces tenuemente coreografiado, creó un ritual donde era fácil perderse y difícil salir ileso.

Quedabas hipnotizada. Era como estar en mitad de un ritual ortodoxo en ruinas, con guitarras de ocho cuerdas en lugar de incienso, y una batería sepultada que, aun desde las sombras, marcaba el pulso del rito. Impactaba el control absoluto del espectaculo. Batushka es una experiencia espiritual, un descenso a la oscuridad sagrada.

Muchas carencias, pero con correcciones… el público no fallará

Queremos destacar algunas de las cosas buenas que vivimos en este festival. En primer lugar, la amabilidad del personal fue excepcional, especialmente el equipo de seguridad. Desde aquí, todo nuestro agradecimiento.

Había gradas frente al escenario, lo que permitía disfrutar de los conciertos desde una posición más relajada. Además, nos sorprendieron con pequeños detalles, en las barras, por ejemplo, a los fumadores les regalaban una cajita adaptada para tirar las colillas sin contaminar, como una especie de caja de cerillas ecológica. También nos daban un colgante muy práctico para no perder el vaso reutilizable, fomentando así el cuidado del entorno.

Otro gran punto a favor fue la cercanía a la playa, y lo mejor, se podía entrar y salir del recinto libremente, lo que daba mucha libertad y comodidad durante todo el festival.

Sería injusto cerrar esta crónica sin mencionar algo evidente, y es que hubo bastantes «sombras», y no precisamente las que se echaban en falta en un recinto abrasado por el sol. La zona de acampada fue ridícula, sin infraestructura digna, y para colmo, según nos enseñaron varios de los asistentes al festival en fotos, compartida con jabalíes. Algunos recibieron la devolución del dinero. Los puntos de agua eran pocos y, evidentemente allí, estaban calientes.

La cuesta hacia el castillo, sin alternativa ni camino habilitado desde otros puntos, fue una tortura diaria, pero lo peor sin duda, fue el solape de bandas. Este error de base rompió lo que para muchos es sagrado, poder ver todo por lo que ha pagado y añadir que, poner bandas a las 14:30 en plena Andalucía, bajo un sol que funde hasta tu voluntad, es directamente una falta de sentido común.

Los fallos técnicos también fueron demasiado frecuentes, pantallas apagadas, mezclas desequilibradas, escenarios con retrasos… detalles que, uno a uno, no arruinan nada, pero juntos sí empañan la experiencia. Y eso duele, porque los andaluces necesitamos este festival.

A pesar de todo esto, queremos pensar que fue una primera edición con margen de mejora. Queremos pensar que los errores se tomarán como aprendizaje, porque si lo corrigen, Sun & Thunder puede convertirse en un referente. Y sí, estaremos ahí para verlo. Con o sin cabezas de cartel mediáticos, volveremos. Porque cuando el metal llama, respondemos con el corazón en alto. Solo pedimos que la próxima vez, nos lo pongan un poco menos cuesta arriba… literalmente.

Próximo reportaje del Festival con fotos exclusivas en nuestra revista física del mes de septiembre.

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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