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Una noche para la historia con System of a Down en Londres

Bandas: System of a Down – Queens of the Stone Age – Acid Bath
Lugar:
 Tottenham Hotspur Stadium (Londres) – 13 de julio de 2026
Texto
: Jesus Figueirido
Fotos: Jesus Figueirido / Clemente Ruiz

Con las entradas completamente agotadas, mucho antes de que sonara la primera nota ya se intuía que aquello iba a ser una noche especial. Más de cinco horas de música unieron a Acid Bath, Queens of the Stone Age y System of a Down en el norte de Londres, en un cartel tan improbable como efectivo que fue elevando la intensidad hasta desembocar en un final absolutamente demoledor.

Hay conciertos que entretienen, que impresionan, y luego están los que te golpean en el pecho, te dejan sin voz y te recuerdan por qué el metal sigue siendo una de las formas de expresión más poderosas que existen. La primera noche de la gira británica de System of a Down en el Tottenham Hotspur Stadium perteneció, sin discusión, a esta última categoría.

Los encargados de abrir la velada fueron Acid Bath, cuya esperada reunión sigue despertando fascinación entre los seguidores del sludge metal. Su actuación, áspera y oscura, fue el contrapunto perfecto para un estadio que todavía se llenaba lentamente, pero que ya respondía con entusiasmo a cada riff pesado y a la intensidad de una banda que conserva intacta su personalidad.

Con el sol todavía iluminando el lugar, Queens of the Stone Age tomó el relevo con la seguridad de quien domina cualquier escenario. Josh Homme y los suyos ofrecieron una hora de rock musculoso y elegante, alternando clásicos como «Regular John», «The Lost Art of Keeping a Secret», «Little Sister», «Go With the Flow» y «No One Knows» con temas más recientes como «Paper Machete». El cierre con «A Song for the Dead» dejó al estadio perfectamente preparado para el verdadero terremoto de la noche, porque, pese al nivel mostrado por las bandas anteriores, el plato fuerte todavía esperaba su turno.

La introducción de «Soldier Side» bastó para disparar la expectación entre las más de sesenta mil personas presentes. La respuesta llegó de inmediato con «B.Y.O.B.», un inicio demoledor que marcó el tono de un concierto intenso, frenético y sin apenas momentos para tomar aire. Lo que ocurrió sobre el escenario fue un despliegue de energía difícil de igualar. Serj Tankian y Daron Malakian dirigieron una actuación intensa, imprevisible y perfectamente medida, en la que cada canción parecía elevar todavía más el nivel de la anterior.

El repertorio fue un auténtico regalo para los seguidores de todas las épocas del grupo. «Suite-Pee», «Chic ‘N’ Stu» y «Prison Song» encendieron los primeros pogos gigantes de la noche que dieron paso a «Aerials», que transformó el estadio en un inmenso coro. Después fueron cayendo «I-E-A-I-A-I-O», «Innervision», «Darts» y «Genocidal Humanoidz», celebrada como una más entre los clásicos de la banda.

En cuestión de segundos podían pasar de desatar un muro de sonido a provocar las risas del estadio, una dualidad que solo System of a Down maneja con tanta naturalidad. «Needles», «Bounce» y «Psycho» transformaron el lugar en un inmenso mar de cuerpos saltando, mientras que «Radio/Video», «Hypnotize» y «ATWA» permitieron que la emoción encontrara espacio entre la avalancha sonora. El clímax llegó, inevitablemente, en el tramo final. «Chop Suey!» fue coreada por absolutamente todo el estadio, convirtiéndose en uno de esos momentos que justifican por sí solos la entrada. «Lonely Day» sirvió como un breve respiro antes de que la banda enlazara «Lost in Hollywood», «Streamline», «Spiders», «Forest», «War?» y «Roulette» en un tramo final tan sólido como intenso.

Y entonces llegaron los dos golpes definitivos.

Los primeros acordes de «Toxicity» bastaron para que el estadio estallara una vez más. Miles de voces acompañaron a la banda hasta que «Sugar» puso el broche de oro a una actuación devastadora.

Después de tantos años de ausencia en los grandes escenarios británicos, System of a Down demostró que su propuesta sigue siendo única. Su combinación de metal, punk, experimentación, crítica política y melodías imposibles continúa sonando tan vigente como hace dos décadas. Lo más impresionante, sin embargo, fue comprobar que esa mezcla sigue generando una conexión casi física con el público. Londres asistió a una celebración del rock más imprevisible, una descarga emocional compartida por miles de personas y la confirmación de que, cuando System of a Down sube a un escenario, la electricidad no solo circula por los amplificadores… recorre también cada rincón del estadio.

Muchos regresos acaban apoyándose en el pasado. El de System of a Down fue justo lo contrario. La banda sonó con la misma rabia de siempre y el público respondió durante toda la noche como si fuera la última oportunidad de verlos.

Londres no presenció simplemente el regreso de System of a Down. Vivió una de esas noches que recuerdan por qué el metal sigue siendo capaz de reunir a decenas de miles de personas para gritar contra la guerra, contra el conformismo y contra todo aquello que merece ser cuestionado. Si este concierto era una declaración de intenciones para la gira europea, el listón ha quedado peligrosamente alto. Londres respondió, la banda también. System of a Down firmó un regreso a la altura de su leyenda y dejó una primera fecha difícil de igualar para el resto de la gira.

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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