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The Gathering y Mandylion: 30 años de un disco clave del metal gótico

Una admiración que crece con cada escucha

Antes de empezar a escuchar a The Gathering ya sabía de su existencia. No recordaba de dónde eran y nunca me había preocupado por poner la más mínima atención a lo que hacían, pensando que su música no era para mí. Simplemente sabía que había un grupo que se llamaba así. Hasta hace unos pocos años, cuando una casualidad que ahora no recuerdo me llevó a ver un vídeo de una actuación suya en un festival de los años noventa (Pinkpop Festival, en Landgraaf, Países Bajos, el veintiséis de Mayo de 1996).

La primera vez pensé que era divertido ver a semejante multitud, todo enloquecida y pendiente sólo de la música, en una época en la que aún no había móviles, o al menos no estaban por todos los sitios. También encontré a la cantante muy capaz, sobre todo para ser tan joven. De hecho, pensé que su voz era espectacular. Y era curioso verla tan sonriente, lo que suponía cierto contraste con la audiencia y el tipo de música que el grupo tocaba. Su cara era de alegría, pero también de cierta sorpresa, como si le pareciese extraño ver a tanta gente reunida para verla a ella y a su grupo. No pude evitar ver el vídeo al día siguiente, para de verdad fijarme en la propia canción, y después de unas pocas veces más, ya estaba enganchado. Lo que hice entonces fue dedicarme a ver más momentos de aquella actuación, y estos no hicieron más que confirmar que la gran impresión que me había causado aquel tema no era casualidad. Para mi sorpresa, pues efectivamente no es el tipo de música que yo suelo escuchar. Pero da igual.

Se trata de un grupo valiente y bastante consecuente con lo que a sus componentes les pasa por la cabeza en cada momento, a pesar de que esa honestidad los haya llevado a alejarse del heavy metal, un ámbito con el que desde hace tiempo sólo están relacionados gracias a sus primeros cuatro discos y poco más. Pero no creo que algo así haya supuesto que sus seguidores del principio les hayan dado la espalda, tan buenos como son a la hora de afrontar cada pequeño cambio que los ha visto pasar del doom gótico (eran catalogados, en un principio, como death/doom, pero su música de entonces no se parece al concepto que yo tengo de ese estilo, si he de tener en cuenta el sonido de otros grupos del mismo) a la difícilmente clasificable música que llevan haciendo desde hace bastantes años.

Tienen hasta doce discos de estudio, aunque la verdad es que yo sólo he escuchado tres. Suficiente para desarrollar una extraña admiración por este grupo, y más teniendo en cuenta que son esos tres los que unen sus inicios con el tipo de música que decidieron empezar a hacer a finales de los noventa. La evolución de uno a otro es llamativa, pero resulta natural a la vez, como si ellos mismos hubiesen sabido desde un primer momento que lo previsto para The Gathering era ir en cierta dirección y hubiesen preparado cada paso con antelación y a conciencia.

Dado que el pasado veintidós de Agosto se cumplieron treinta años de su edición, voy a aprovechar para hablar de Mandylion, probablemente su disco más conocido, el que los puso en el mapa, y el primero de los tres a los que acabo de referirme. Pero, sobre todo, el que supuso la llegada de la cantante a quien hice mención al principio, la sobresaliente Anneke Van Giersbergen.

Precisamente en motivo de este aniversario la banda se ha reunido con todos los miembros de esa etapa para celebrarlo en el que debía ser un único concierto en la ciudad holandesa de Nijmegen. La cosa se agotó en segundos y finalmente no fue un concierto, ¡¡llenaron cinco!!. Óbviamente la banda esta formación es la que la gente quiere ver y la que lanzó los discos más queridos. La banda no ha hecho oídos sordos, y viendo que pueden rendibilizarlo, el aniversario se va a alargar durante 2026 tocando en diversos festivales, en España Rock Imperium, algunos conciertos por Europa e incluso actuaciones en sudamérica.

El grupo (Oss y Nijmegen, Países Bajos) se creó en 1989, y desde ese momento, hasta casi llegada la mitad de los noventa, sacó algunas maquetas y un par de discos. El primero, Always… (1992), con un cantante llamado Bart Smits, pero Almost A Dance (editado en 1993, y que presentó a otros dos cantantes distintos, Niels Duffhues y Martine Van Loon, para sustituir a Smits y conseguir un contraste entre la voz normal de una mujer y la agresión habitual en el género) supuso una decepción, y a punto estuvo de traducirse en un muy temprano final para el grupo.

También hubo otra cantante (Marike Groot), que entro poco después, y ya en 1994, The Gathering decidieron empezar de cero, si se puede decir así, manteniendo el núcleo consistente en los cinco músicos que llevaban juntos desde el principio, y fichando a una cantante femenina (Van Giersbergen) que también se encargase de las letras. Se unieron al gigante alemán Century Media y optaron por un estilo algo más accesible, gracias a los teclados (que ya eran parte de su sonido) y a la privilegiada voz de la nueva cantante (ya sin voces extremas), pero sin perder ni la potencia, ni cierta vinculación con el doom metal, lo gótico, o el sonido de Black Sabbath.

En cualquier caso, no creo que esta descripción haga ninguna justicia a cómo suena Mandylion. Por un lado, y a pesar de que la música es lo suficientemente enérgica, uno no piensa en doom metal tradicional al escucharlo, ya que este disco es mucho más fácil de asimilar. Y por otro, también es verdad que las letras de Anneke no hablan de temas alegres, ni mucho menos. Es extraño, pero de alguna forma, esa voz y esa música se complementan mejor que bien, y esto es algo que se entiende mejor al ver las imágenes ya comentadas, en las que una chica sonriente canta letras tristes sobre música heavy y a ratos oscura.

Como ya he dicho, Mandylion (dicho nombre es una palabra griega bizantina sin ninguna otra acepción, que se usa para referirse al llamado Lienzo De Edesa, una tela con la imagen de Cristo que es considerada la primera reliquia o icono del cristianismo; no entiendo la relación del título con la imagen de la cubierta o el contenido del álbum) salió a la venta el veintidós de Agosto de 1995, a través de Century Media, con una extraña portada cuya autoría desconozco. Fue grabado en los estudios Woodhouse de Hagen, en Alemania, y de la producción se encargaron Siggi Bemm y Waldemar Sorychta, siendo también conocido este último productor polaco por su faceta como guitarrista, habiendo sido miembro de Grip Inc. junto a Dave Lombardo.

Mandylion empieza con “Strange Machines”, la canción que The Gathering interpretan en el vídeo al que me referí al principio y, si no estoy demasiado equivocado, también la más conocida de su carrera. Se trata de un tema sobre viajes en el tiempo que incluye menciones a personajes históricos y extractos de diálogos sacados de la película The Time Machine (dirigida por George Pal en 1960, y que a su vez adaptaba la obra homónima de 1895 escrita por H.G. Wells), y puede ser lo más aparentemente optimista (en cuanto a su música) de todo el disco. A pesar de eso, se puede encontrar aquí casi todo lo que se puede esperar del grupo en este álbum, pues además del conocido riff principal y algún que otro pasaje un poco más rápido, también hay una sección instrumental mucho más doom que cae como una losa sobre el oyente, en comparación con el resto del tema.

Si hay que algo le falte a “Strange Machines” y que esté presente, prácticamente en todos los temas, es melancolía, y ésta empieza a percibirse en “Eleanor”, un tema bastante más serio y con un comienzo apoteósico, gracias a los teclados iniciales y a la inminente llegada de los guitarristas y del bajo de Geerligs. Esta canción tiene sus momentos algo más rápidos, y también una sección un poco más extraña (una de las pocas con presencia del doble bombo de Hans), más que nada por la aparición de unos teclados que suenan como si alguien estuviese tocando un timbre. Pero sin duda, la estrella es Anneke. Y esto no ha hecho más que empezar.

Lo siguiente es la primera parte de “In Motion”, con una introducción de teclados que es replicada poco después por el riff principal. Es aquí cuando la melancolía anterior se adueña de todo el conjunto (Make me cry in vain), y creo que es en este tipo de canciones donde la voz de la nueva cantante es incluso más destacable. Muy buena, pero hay más e incluso mejor. Sobre todo cuando lo siguiente en llegar es “Leaves”. No sé a quién se le ocurrió la idea para la sección instrumental intermedia (seguramente a Rene, al ser él el guitarrista principal), pero es algo que hay que escuchar. Habrá a quien no le guste este tipo de pasajes tan nostálgicos, y no es que a mí me llamen especialmente la atención, pero es muy difícil escapar de uno como éste. Es como si el Otoño y todas las cosas que vienen a la mente cuando se piensa en esta estación, se convirtiesen en música. Ya sé que no es la primera vez que alguien hace (o intenta hacer) algo así, pero esta parte del tema es muy relevante. Deja hasta pequeño el resto, que por otro lado es lo suficientemente destacable. Y es que los músicos pueden ser muy hábiles y la cantante algo fuera de lo normal, pero sin canciones no se va a ningún sitio. The Gathering las tienen, y lo dejaron claro en este disco.

THE GATHERING – In Motion

“Fear The Sea” es el tema que me deja más despistado, ya que parece querer abarcar casi todos los matices del disco. Quizás no lo consiga, ya que la excesiva duración de la canción (en esta canción, ya que todos los temas son bastante largos y eso no supone ningún problema)  hace que en este caso el resultado quede un poco por debajo de lo ya visto antes, pero sigue siendo un tema muy válido.

A partir de aquí, la voz de Anneke se toma un descanso. No es que el oyente lo necesite, ni mucho menos, pero es muy buena señal darse cuenta de que el grupo no depende sólo de ella para seguir ejecutando su plan a la perfección. Primero con la canción instrumental que da título al disco, “Mandylion”, en la que la voz de la cantante sólo se escucha brevemente y sin pronunciar nada, y en la cual The Gathering dejan a un lado lo visto hasta ahora para mostrar otro tipo de inclinaciones musicales (World Music, por ejemplo) que los acercan un poco a grupos como Dead Can Dance, de quienes grabarían una versión un par de años después. No es algo a lo que prestes mucha atención al principio, pero va ganando con el tiempo y funciona muy bien como contraste.

Y segundo con “Sand & Mercury”, un enorme tema (en cuanto a su relevancia y duración) que resume perfectamente todo el álbum, y en el que Anneke sólo protagoniza unas pocas líneas que creo suponen un homenaje a Harold Gloudemans, un amigo de la banda fallecido en 1994 y a quien también se dedica el disco. Los tres primeros minutos, más o menos, muestran al grupo en estado de gracia, con esa alternancia entre las guitarras limpias y las partes más potentes, todo rodeado de la melancolía habitual. A partir de ahí, hay un par de minutos en los que The Gathering parecen uno de esos grupos de power metal épicos, con teclados que imitan a voces femeninas y todo, y después viene la parte más lenta (en la que ya aparece Anneke) y que recuerda más a lo visto en el tema previo. La canción en sí, acaba con otra sección instrumental preciosa que acerca el tema a lo comentado en “Leaves”, y cuando todo termina, aparece un fragmento de una entrevista que se realizó a J.R.R. Tolkien 1968, en la que éste cita unas palabras de Simone De Beauvoir acerca de la muerte que, según el propio escritor, son la motivación principal detrás de The Lord Of The Rings.

La segunda parte de “In Motion” cierra Mandylion de la manera más brillante posible, con una letra sobre lo que parece un drama romántico y gótico con muchas lágrimas y lluvia. El comienzo con ese sonido de cuerdas (supongo que a cargo de los teclados) es tan triste como brillante, algo que no hace más que aumentar al unirse Anneke. La manera en la que estira con su voz la última palabra de la línea Together with me es simplemente antológica. El resto del grupo se une a partir de ahí, y esto supone acercar esta parte a la primera, ya que los riffs imitan esas cuerdas previas, tal y como se hacía en el otro tema con el teclado. Y para cerrar el círculo, The Gathering traen de vuelta el estribillo ya nombrado de esa primera canción (Make me cry in vain), antes de retomar el contenido de la segunda y terminar el álbum. Espectacular.

THE GATHERING – Leaves

“Strange Machines” y “Leaves” fueron los singles del disco, y el segundo venía con un par de temas que no aparecieron en Mandylion. Se trata de “Adrenaline” y “Third Chance”, dos canciones algo más rápidas y bastante buenas ambas. Otra mezcla de la segunda aparecería en el siguiente disco del grupo, el genial Nighttime Birds, de 1997, con el que The Gathering más o menos se iban a despedir del heavy metal, para empezar con el ya mencionado Trip Rock, Shoegaze o como sea que se llame lo que empezaron a hacer desde entonces. El primer paso en esa dirección lo dieron en 1998 con How To Measure A Planet?, un larguísimo, sorprendente, y en general brillante trabajo en el cual ya no estuvo el segundo guitarrista, Jelmer Wiersma, y que cierra la trilogía a la que me he referido al principio.

Pero supongo que nada como Mandylion para conocer la etapa heavy metal de The Gathering.

Hasta otra!

Por Diego Torres Vicente

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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