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The Real McKenzies: Con faldas y a lo loco

Bandas: The Real McKenzies – Reina Roja
Lugar: Sala Nazca (Madrid) – 22 de julio 2026
Texto y fotos: Héctor Sanfer

Cuando el calorcito de julio aprieta, un buen refugio es un concierto en una sala fresquita y resguardada bajo tierra como búnker en la guerra. Pero si a eso le sumamos la desbandada general por las inminentes vacaciones de verano, el resultado es un concierto en petit comité donde disfrutar de la música (sin los agobios de un sold out) se convierte en una experiencia más que gratificante y si encima le sumamos música tabernaria y unos buenos pogos… ¡el show está servido!

Tibios Comienzos

La verdad que me gusta llegar pronto a los conciertos, soy bastante previsor por si hay atasco en la carretera, el metro se retrasa o un kaiju enorme decide atacar la ciudad ¡ojo! Pero por pronto que llegue siempre me suelo encontrar con público haciendo cola para situarse lo más cerca posible del escenario para luego intentar cazar púas, baquetas y set list… pero esta vez no, la puerta estuvo desierta hasta que llegaron un par de compañeros fotógrafos.

A las ocho de la tarde se abrieron las puertas y accedimos a la sala. A medida que descendía los tramos de escaleras de la Nazca, una sensación entre inquietud y expectación me invadía. De no ser por los carteles de The Real McKenzies repartidos por toda la sala, hubiese creído que me había equivocado de sitio.

Tímidamente fue llegando el público a cuentagotas, apenas éramos una treintena cuando el reloj marcaba las ocho y media y Reina Roja comenzaba a tocar. Con los primeros acordes del grupo madrileño, la sala recibió a un buen puñado más de público que consiguió generar un ambiente más cálido y acogedor que los momentos previos.

Se notaba cierta complicidad entre público y músicos, cantando a coro varios de los temas del grupo. Acompañando al sonido celtic punk con un guitarreo bastante interesante, pudimos disfrutar de unas melodías con bastante frescura provenientes de su violín y flauta que aportaban diferentes matices a cada tema. No sin ciertos problemas de sonido el grupo defendió lo mejor posible un escenario demasiado pequeño para los siete integrantes que forman la banda con temas como “Banshee”, “Camino de vuelta” y “Nadie murió hoy”.

Aunque el cierre del show fue bastante espectacular con ambas guitarras de la banda tocando entre el público mientras el respetable montaba un circle pit alrededor de estos, la actuación de Reina Roja quedó un poco alejada de las expectativas de lo que se podía esperar de un telonero de The Real McKenzies.

Hasta que llegó su hora

El público apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando los canadienses salieron pisaron el escenario arrasando con “Shackelton” con guitarras súper potentes y espídicas que sumergieron al público en un fervor que los hacía saltar y corear el tema. Desde luego quedaba claro que la idea del vocalista Paul McKenzie no era dejarnos descansar ni un segundo arengando a los asistentes a bailar y montar pogos a pie de escenario en cada tema.

Si echabas un vistazo al público y te fijabas en sus caras, quedaba claro que estos tíos salieron al escenario con la partida ganada. Sonrisas, carcajadas, gente cantando y bailando y muchas ganas de pasar una muy buena noche en compañía los canadienses.

Podría relataros todos y cada uno de los temas que tocaron, pero no serviría de mucho ya que lo importante del show no eran las canciones, era lo que transmitían sobre el escenario y como consiguieron conectar con su público. Sabían lo que querían (queríamos) en cada momento y nos hacían vibrar con cada tema, con cada guitarreo frenético, con cada golpe de batería y por supuesto, con cada nota de la gaita gallega que lucía junto a ellos.

Tocaron temas súper divertidos y potentes como “Too many fingers”, “The skeleton and The Taylor” junto a himnos míticos de la banda como “Mainland” y “Nessie” con las que consiguieron que el público estallase y algún crowdsurfer tímido se lanzase desde el escenario. Incluso pusieron a remar a toda la sala como si los propios noruegos guiasen la remada a ritmo de tambor y grito.

Con “Pour Decissions”, “The Tempest” y “Chip” llegaba la triste realidad del final de un concierto, que se fue tan rápido como los riffs de guitarra que lo narraron.

By Héctor Sanfer

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