Bandas: A.A. Williams, Blood Incantation, Converge, Cwfen, Distant, Dogma, Donuts Hole, Down To Suffer, Elwood Stray, Frontierer, Gridiron, Hamlet, Hand of Juno, Imminence, Iscream Never Ground, Kruddö, Marilyn Manson, Mastodon, P.O.D., Stellvris, The Family Men, The Gems, The Vintage Caravan, Todo Mal
Lugar: Resurrection Fest, Viveiro (Lugo) – 4 de julio de 2026
Texto: Òscar Saro
Fotos: Juan Sanz y Xabi Aresti

Hay lugares que uno empieza a echar de menos antes incluso de abandonarlos. Eso pasa el último día de un festival, que siempre se afronta con una especie de sentimientos encontrados. Se entra al recinto con las ganas de exprimir al máximo los últimos momentos, pero también con el cuerpo ya marcado por tres jornadas de conciertos, polvo y noches demasiado cortas.
Pero no hace falta que pase el tiempo, ni que la distancia haya hecho su trabajo A veces basta con vivir intensamente el último día, con notar el cansancio acumulado en el cuerpo y darte cuenta de que todo el mundo habla de que ya queda poco, para entender que ya quieres volver. El Resurrection Fest tiene algo de eso: ahora que está de moda la Odisea, puedo explicar que Viveiro es como una Ítaca ruidosa y temporal de la que uno se marcha sabiendo que el viaje de regreso ha empezado en el mismo instante de la despedida.
El último día de esta edición del 2026, el sábado 4 de julio, fue el más caluroso y, por momentos se notó en lo demandada que estubo la sombra que proyectaba el Main Stage. A diferencia los otros tres días, no se vieron demasiadas camisetas ni imaginario relacionado del cabeza de cartel, Marilyn Manson. Pero eso no quita que, en el momento de su show, la esplanada central volviera a mostrar un lleno absoluto de una multitud con intención de no perderse ni un detalle.
En el momento que escribimos esta crónica, la organización ya ha anunciado orgullosa que esta edición ha sido la más grande de la historia, con más de 140.000 asistentes, siendo el jueves el día de mayor afluencia. (Ver la noticia en nuestra web). Realmente es una cifra que causa impacto y que demuestra la magnitud de este festival y el gran trabajo que hay detrás.
No te pierdas nuestra crónicas de los días anteriores:
Crónica del miércoles 1
Crónica del jueves 2
Crónica del viernes 3
Comenzamos la cuarta y última jornada del Resurrection Fest pasando a ver a los cántabros Down To Suffer, encargados de inaugurar el Desert con una primera descarga destinada a quienes se resistían a alargar el último descanso. Vimos al cantante bajar a un público reducido pero activo, que lo acabó alzando en volandas.
A la misma hora, los japoneses Iscream Never Ground asumieron la siempre importante misión de abrir el Main. Su propuesta sirvió para poner nuevamente en funcionamiento el escenario principal y empezar a convocar a un público que todavía iba entrando progresivamente en el recinto. Con una estética, un fondo de escenario y un tipo de música muy relacionado con el manga, les vimos ejecutar un concierto intenso que hizo levantar el polvo de la esplanada. En paralelo, los catalanes Donuts Hole llevaron al Chaos su combinación de metal moderno, contundencia y pasajes electrónicos.

Continuamos en el Ritual, donde aparecieron Stellvris, banda de metal moderno procedente de Praga. La actuación vivió un momento inesperado cuando la cantante tuvo que abandonar durante unos instantes su posición para solucionar algún problema, aunque continuó cantando mientras lo solucionaba detrás de escenario. Lejos de romper el concierto, este fue creciendo en intensidad y participación del público. Nicola Hofmanová se vistió con una camiseta de la selección española y propuso un pequeño reto: pidió que comenzara el crowd surfing y prometió regalar la prenda a uno de los participantes. Finalmente fue una chica la que se hizo con ella después de alcanzar la parte delantera. Posteriormente, consiguieron que el público se arrodillara antes de volver a levantarse con toda la energía acumulada. Una actuación de generó mucha energía positiva.
Mientras en el Desert, El dúo de Bermeo Kruddö, formado por Txaber Miravalles y Jon Ander Santamaría, demostró que dos músicos bastan para levantar un auténtico muro de sonido, combinando la pegada atronadora de la batería con una guitarra grave y musculosa. Estaban en el desierto, pero realmente lo atravesaron en apisonadora, con una actuación preparada a conciencia y con varios amagos o falsos finales para continuar tocando varias veces perfectamente sincronizados. Son una banda que en Metal Hammer queremos especialmente y nos hizo mucha ilusión verlos tocar en el Resu.
El Main recibió a Hamlet, una de las formaciones fundamentales para comprender la evolución del metal alternativo en castellano. El nombre del grupo aparecía en grandes letras al fondo mientras la banda desplegó una actuación construida a partir de la experiencia, el músculo y una comunicación constante con un público entregado. Luis Tárraga iniciaba varios de los temas desde alguna de las plataformas, utilizando ese punto para impulsarse y saltar. Momentos de caza mayor para l@s fotógraf@s. Molly, por su parte, nos hizo gritar y también consiguió que todos se arrodillaran, una imagen que se ha convirtiendo ya en una de las constantes colectivas del festival. Uno de los momentos más físicos llegó con “Egoísmo”, para la que se abrió un enorme wall of death. El choque de ambos lados levantó una nube de polvo que durante unos segundos pareció engullir las primeras filas. Hamlet reservaron para el final dos de sus composiciones más reconocibles, “J.F.” o “Irracional”, culminando su paso por el Resu en el momento de máxima conexión con un público que conocía perfectamente su material.
Mientras los suecos The Family Men llevaron al Chaos su propuesta imprevisible y abrasiva, nosotros nos acercamos al Ritual, donde TodoMal ofrecieron un concierto oscuro y muy bien trabajado. A pesar de que su música generó menos movimiento entre el público que otros de los vividos durante la jornada, vimos a mucha gente disfrutando de su propuesta. La banda aprovechó su paso por Viveiro para presentar «Humanised Gods», publicado precisamente el día anterior, convirtiendo el concierto en una de las primeras oportunidades para escuchar en directo su material recién estrenado.

El protagonismo regresó después al Main con Imminence. Los suecos volvían a Viveiro con una propuesta de metalcore que ha encontrado en el violín de Eddie Berg uno de sus elementos más reconocibles. Su anterior relación con el festival y el crecimiento experimentado durante los últimos años hacían que esta vez llegaran en condiciones de ocupar con autoridad el escenario principal. Los vídeos proyectados al fondo, la iluminación, los pasajes interpretados con el violín y los movimientos tanto de Berg como de un Harald Barret muy gesticulante, vestido con un traje negro largo, dotaron al concierto de una dimensión diferente.
En el Desert Stage, The Gems trasladaron al festival un rock de evidente aroma clásico. Las suecas se mostraron cercanas desde el principio y Guernica Mancini se dirigió al público en castellano. Nos ofrecieron un conciertazo de hard rock brillantemente construido con guitarras clásicas, armonías vocales y sonrisas. Uno de los momentos más divertidos llegó cuando enseñaron al público a brindar diciendo skål, la expresión sueca equivalente a “salud”. Duolingo dirigido por The Gems.
Vimos el inicio del concierto de Frontierer que encargaron de devolver el Chaos a sus parámetros más extremos, convirtiendo el concierto en una experiencia exigente y explosiva desde la primera canción. Nos fuimos hasta el Ritual, donde llegó el turno de Hand of Juno, que se presentaban por primera vez en el Resurrection Fest. La banda italiana salió con una puesta en escena marcada por el vistoso vestido rojo de Melissa Bruschi y expresó repetidamente su sorpresa por la acogida recibida: «Vuestro país es precioso y vosotros sois increíbles», dijeron ante un público que respondió con entusiasmo a su debut en Viveiro. Los riffs pesados y las percusiones mecánicas convivieron con momentos más envolventes, mientras la cantante alternó registros melódicos con una interpretación más agresiva y teatral. El resultado fue un concierto oscuro, moderno y muy visual, capaz de sonar contundente sin renunciar a una cierta vocación bailable.
De nuevo en el Desert, Cwfen ofrecieron una actuación envuelta en una atmósfera oscura y envolvente, aportando un cambio de textura antes de que la jornada entrara definitivamente en sus horas de mayor afluencia.

P.O.D. ocuparon un Main que presentaba una imagen extraordinaria. Probablemente fue el día en que más lleno se encontraba el recinto a aquellas horas de la tarde, demostrando que la trayectoria de los californianos y canciones instaladas desde hace décadas en la memoria colectiva todavía mantienen una enorme capacidad de convocatoria. Al principio aparecieron algunos problemas para escuchar con claridad la voz de Sonny Sandoval, aunque la situación fue mejorando a medida que avanzó el concierto. Frente al escenario no tardó en ponerse en marcha una corriente continua de crowd surfers, a la que se sumaron un grupo Resukids en la posición privilegiada del fondo del escenario. La banda sorprendió además recuperando “Don’t Let Me Down”, justificando la elección con una explicación difícil de discutir: a todo el mundo le gustan los Beatles. El tono más reposado del tema apenas supuso una tregua, porque poco después Sandoval pidió que se abriera un gran moshpit. La respuesta fue inmediata y el centro del público se convirtió en una masa circular de cuerpos, polvo y movimiento.
En el Chaos Stage, Gridiron llevaron el peso del hardcore estadounidense hasta sus últimas consecuencias. Sus ritmos contundentes y su actitud frontal mantuvieron la intensidad cuando el festival se aproximaba ya a sus conciertos principales. Mientras tanto, en el Ritual recibió pudimos ver a Distant, que acompañaron su deathcore con pancartas e ilustraciones de motivos extremos. Sobre el escenario dominaba una estética amenazante, perfectamente alineada con la voz cavernosa y profundamente gutural de Alan Grnja. La música terminó trasladando esa violencia hacia el público y no tardó en abrirse un circle pit frente al escenario. Distant ofrecieron una actuación sin apenas concesiones, apostando por el impacto físico y por una densidad sonora que se podía cortar con un cuchillo.
En el Desert, A.A. Williams aportó uno de los contrastes más marcados de la noche. Su combinación de oscuridad, delicadeza y crescendos emocionales construyó un espacio de introspección en medio de una jornada dominada por el movimiento y la contundencia.

Y así llegó uno de los conciertos más deseados por el que escribe estas líneas. Mastodon regresaban al Resurrection Fest cuatro años después y lo hacían atravesando una etapa profundamente transformadora, tras la muerte en 2025 de Brent Hinds, un alma tan rebelde como elemental en la historia de la banda. Sabíamos que la nueva etapa los convertía en un quinteto, con Nick Johnston a la guitarra y João Nogueira reforzando las composiciones desde los teclados. Troy Sanders se encargó de cantar el primer tema, “Tread Lightly”, mientras que Brann Dailor pasó a ser el vocalista del segundo tema, “The Motherload”, desde la batería, manteniendo esa combinación de precisión rítmica y capacidad vocal que constituye una sus grandes singularidades.
Uno de los momentos más interesantes llegó con la presentación de “Your Ghost Again”, adelanto del nuevo trabajo Marrow Deep, que Mastodon publicarán a finales de agosto. La canción fue dedicada a Hinds y sonó extraordinariamente bien, para confirmar que la banda todavía tiene mucho camino creativo por recorrer. Con “Megalodon”, Brann pidió que se abriera el círculo y el público respondió mientras los crowd surfers continuaban avanzando sin descanso. Parte de la trama visual de la canción se desarrolló en el centro es espacio abierto, con una multitud sentada remando, como si toda aquella extensión de polvo fuera Pequod. “Crack the Skye” es sin duda mi álbum favorito de la banda y el tema homónimo sonó sencillamente alucinante. El vídeo proyectado por detrás le dio una dimensión que no había experimentado hasta la fecha. A falta de poder escuchar en directo “The Czar”, quizás por el peso que tenía Brent en esta composición, Nogueira aprovechó un momento de protagonismo en los teclados para hacerle un guiño al cierre vocal que el fallecido hacía en este tema, pero en esta ocasión tan solo con la melodía.
“Spiraling up through the crack in the sky
Leaving material world behind
I see your face in constellations
The martyr is ending his life for mine”
Remataron el concierto con “Mother Puncher”, “Steambreather” y “Blood and Thunder“, con mucha gente celebrándolos y gozándolos con sinceridad. Mastodon es dueño de un metal progresivo difícil de ejecutar y con muchas capas. Me entristece mucho que ya no este Hinds, pero me alegra poder ver que la banda tiene un nuevo futuro. El concierto del Resu fue extraordinario por la respuesta del público y por esas proyecciones visuales llenas de simbología y psicodelia que, mostradas al tamaño gigante de todo el fondo del escenario principal, otorgaron una dimensión diferente a unas canciones que ya poseen una enorme riqueza instrumental.
A continuación, Converge tomaron el Chaos para ofrecer una descarga construida desde la intensidad permanente. Pocas bandas entienden tan bien el hardcore como una forma de tensión física, emocional y artística, y su actuación volvió a situar el listón del escenario en uno de sus puntos más altos.

En el Ritual, las integrantes de Dogma cambiaron sus hábitos religiosos por camisetas de la selección española, aunque mantuvieron los velos, las cofias, los rostros pintados y las medias negras, en un guiño similar al que ya habían mostrado durante su paso por el Rock Imperium. Más allá de una propuesta muy calculada, centrada en una imagen deliberadamente provocadora y rodeada últimamente por la polémica sobre los cambios forzados de integrantes bajo la dirección de una figura en la sombra, su música funciona con bastante eficacia. A caballo entre el hard rock y el heavy clásico, su actuación sorprendió a quienes todavía no las conocían y terminó convenciendo a buena parte del público.
Cuando llegó la medianoche, el Main quedó preparado para recibir a Marilyn Manson, cabeza de cartel de la última jornada. Las grandes cruces luminosas de doble asta que dominaban el escenario reforzaron desde el principio una iconografía reconocible, mientras una iluminación tremendamente potente envolvía a la banda. Manson empezó con fuerza mediante “Nod If You Understand” y enlazó rápidamente con “Disposable Teens”, antes de ir recuperando diferentes etapas de su repertorio. Entre ellas tuvo un peso especial el material de 1996, año de publicación de Antichrist Superstar, un disco indispensable para comprender tanto su impacto musical como la controversia que acompañaría desde entonces a su figura. Canciones como “The Beautiful People”, “The Dope Show”, la versión de “Sweet Dreams (Are Made of This)” o “Personal Jesus” sostuvieron un concierto basado en el reconocimiento inmediato y en una puesta en escena que explotó su imaginería clásica. El músico encontró frente a él un público dispuesto a cerrar el Main Stage celebrando algunos de los himnos más conocidos del metal industrial de las últimas décadas.
Sin embargo, la música todavía continuaba en los otros escenarios. The Vintage Caravan tomaron el Desert para desplegar su rock psicodélico y setentero. Los islandeses encontraron en la madrugada el contexto perfecto para prolongar el viaje mediante largos desarrollos instrumentales, guitarras cálidas y una energía de apariencia inagotable. Elwood Stray mantuvieron activo el Chaos con su mezcla de hardcore y metalcore, reservando una última descarga para quienes todavía conservaban fuerzas después de cuatro días de festival. Y, a la misma hora, Blood Incantation asumieron la responsabilidad de cerrar el Ritual. Su death metal técnico, cósmico y progresivo convirtió los últimos minutos del Resurrection Fest en un viaje extremo hacia territorios difíciles de clasificar, poniendo punto final al festival con una propuesta tan exigente como fascinante.
Después de cuatro jornadas, decenas de conciertos y un número incalculable de circle pits, walls of death y crowd surfers, el recinto empezó a vaciarse. Pero marcharse de Viveiro nunca significa cerrar completamente la experiencia. Apenas se atraviesa por última vez la salida, comienza ya la cuenta atrás para regresar a ese lugar al que uno empieza a echar de menos incluso antes de haberlo abandonado por completo.






























