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Tercera jornada del Resurrection Fest 2026: Gorras rojas y disfraces para Limp Bizkit

Bandas: Bleed From Within, Borknagar, Cavalera Conspiracy, Dying Wish, End It, Gaerea, House of Protection, Hulder, Initiate, Limp Bizkit, Madmess, Mourir, Nevertel, Not Yet, Nukore, Okkultist, Oslo Ovnies, Pants Off, Return to Dust, Rosalie Cunningham, The Fall of Atlantis, The Rasmus, Trivium
Lugar:
Resurrection Fest, Viveiro (Lugo) – 3 de julio de 2026
Texto:
Òscar Saro
Fotos:
Juan Sanz y Xabi Aresti

Es una evidencia que a la humanidad siempre le ha gustado disfrazarse. Hacerlo parece teñir de fiesta cualquier momento y amplificar la sensación de estar pasándolo bien, tanto para quien cambia de apariencia como para quien contempla la transformación. Lo que probablemente nació ligado a motivaciones ceremoniales o rituales, cuando el ser humano empezó a cubrirse con cornamentas, pieles o máscaras, fue evolucionando a lo largo de la historia hasta adquirir un carácter más popular y festivo, muchas veces relacionado con la necesidad de escapar, aunque solo fuera durante unas horas, de una realidad demasiado rígida u opresiva. Esa tradición ancestral ha llegado intacta hasta nuestros días. No solo pervive en los carnavales que llenan de color los calendarios de medio mundo, sino también en cualquier celebración colectiva en la que la gente se reúne para romper con la rutina, compartir una experiencia y celebrar la vida.

Los festivales de música son, sin duda, uno de esos espacios. En ellos es habitual encontrarse con personas disfrazadas de una variedad casi infinita de personajes, criaturas y ocurrencias imposibles. El Resurrection Fest nunca ha sido ajeno a esta costumbre y, edición tras edición, siempre aparecen asistentes dispuestos a cambiar de piel antes de entrar en el recinto, como si el disfraz les permitiera convertirse por unas horas en alguien diferente: alguien más libre, más visible y, sobre todo, preparado para dejar huella y pasarlo a lo grande.

Pero hasta aquí no he explicado nada nuevo. Esta introducción me sirve, en realidad, para centrarme en lo que vivimos durante la tercera jornada del Resu 2026 y, especialmente, en esa sensación de que existen bandas capaces de despertar con más fuerza las ganas de disfrazarse. Su historia, una estética escénica reconocible y la propia naturaleza de su música actúan como catalizadores de esa necesidad de transformarse. Ese fue, sin duda, el efecto provocado por la presencia de Limp Bizkit como cabeza de cartel. Y no me refiero únicamente a la gran marea de gorras rojas, convertidas desde hace décadas en un guiño a Fred Durst y en una especie de código colectivo entre los seguidores de la banda. También abundaron las cuadrillas uniformadas con el mismo modelo de camisa estampada y colores vistosos, así como quienes eligieron máscaras diversas en homenaje a Wes Borland, conocido por convertir el maquillaje corporal y los disfraces cambiantes en uno de los rasgos visuales más reconocibles del grupo. Tampoco faltaron los seguidores que no se conformaron con vestir una camiseta de la banda, sino que completaron el atuendo con pelucas y collares de estética rapera. Todo ese imaginario, directamente inspirado en la iconografía de Limp Bizkit, fue llenando el recinto de un aire cada vez más carnavalesco y terminó por convertir el tercer día del festival en una celebración que empezó mucho antes de que la banda pisara el escenario.

Más allá de este atrezo tan particular, tampoco faltó gente disfrazada de toda clase de personajes, incluidos esos dinosaurios que parecen haberse convertido en una especie en plena expansión dentro del ecosistema festivalero. Un servidor se dedicó a inmortalizar parte de todo este imaginario, que podéis ver tanto en el siguiente collage como en el reel que hemos añadido al final de la crónica. Mención honorífica para la emblemática pareja formada por Aida y Andrés, siempre presentes y con los que me hizo mucha ilusión hacerme una foto.

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Crónica del miércoles 1
Crónica del jueves 2

Empecé la tarde pasando un momento por el Desert con The Fall of Atlantis, formación de metalcore procedente de Madrid. Había muy poca gente frente al escenario a aquellas horas, pero quienes habían acudido compensaban la escasa cantidad con una entrega absoluta. La energía no siempre se mide por el número de asistentes.

Pude acercarme antes de que los gasteiztarras Nukore acabaran con su combinación de metal, hardcore y rapcore. Una auténtica descarga que provocó las primeras nubes de polvo delante del Ritual. Una gran alegría ver encima del escenario al compañero Álvaro Foronda, con el que el año pasado hicimos equipo para las crónicas de esa edición, y que este año ha cambiado la cámara fotográfica por un bajo que sonó poderoso. Nuestra presencia en el Ritual, no nos permitió acercarnos a ver a los gallegos Pants Off en el Chaos.

El primer paso por el Main Stage tuvo como protagonistas a Nevertel, banda estadounidense formada en Tampa, Florida. Uno de sus vocalistas, de origen cubando, se presentó recordando sus orígenes españoles. El grupo desplegó una propuesta muy accesible construida a partir de dos voces melódicas, guitarra, batería y abundantes bases electrónicas. Su mezcla de metal alternativo, hip hop y electrónica entraba con facilidad y no tardó en encontrar respuesta. El público comenzó formando un gran círculo que terminó convertido en un enorme wall of death y, en otro momento del concierto, llegaron incluso a abrirse dos circle pits simultáneos. Para una banda que pisaba por primera vez nuestro país, la bienvenida difícilmente podía haber sido más convincente.

La coincidencia con Nevertel nos dejó sin poder ver a Madmess, trío de rock psicodélico originario de Oporto, Portugal. Su actuación en el Desert prometía uno de esos viajes instrumentales de aroma setentero que tan bien encajan en aquel escenario, pero en ese momento la actividad del Main nos tenía completamente atrapados.

Por nuestra parte, fuimos a conocer a Not Yet, banda nacida en la propia Viveiro y formada en 2022. Jugaban en casa y se notó. Su sonido nos remitió por momentos al metal alternativa y el grunge, aunque su propuesta también bebe del post-hardcore y de las atmósferas del shoegaze. La banda agradeció repetidamente el apoyo recibido y aprovechó para presentar algunas composiciones recientes. Generaron un gran momento de felicidad local en el Ritual. Mientras, otro concierto que quedó fuera de nuestra ruta fue el de los Oslo Ovnies, formación riojana de post-rock y post-hardcore que ocupaba el Chaos.

La explanada del Main Stage ya presentaba una entrada considerable cuando aparecieron The Rasmus, banda nacida en Helsinki, Finlandia. Unos vídeos animados proyectados sobre la pantalla trasera acompañaron una actuación en la que el grupo demostró que conserva una conexión evidente con un público que se subió al barco en el 2003 con el gran éxito “In the Shadows”. Era su primera visita al Resurrection Fest y llegaban después de haber actuado la noche anterior en Barcelona. La banda finlandesa fue creciendo sin necesidad de artificios excesivos, apoyada en un público con ganas de pasarlo bien y en una Emilia “Emppu” Suhonen que aportó energía y presencia desde la guitarra. Como era previsible, reservaron para el final “In the Shadows” y mostrarnos una explanada bastante llena, cantando ese himno del rock europeo de principios de siglo. La actuación de The Rasmus coincidió con la de Mourir, formación francesa de black metal atmosférico, en el Desert Stage.

El siguiente destino fue el Ritual, donde actuaban Okkultist, banda de death y black metal procedente de Lisboa, Portugal. La imagen de Beatriz Mariano, con una larga melena dominando el escenario, encajaba perfectamente con una propuesta en la que tanto la estética como la música se movían dentro de una oscuridad profunda. El ambiente fue creciendo lentamente y terminó abriéndose un tímido mosh pit entre las primeras filas. No fue una explosión multitudinaria, pero sí una reacción coherente con un concierto denso, sombrío y más orientado a envolver al espectador que a buscar una respuesta inmediata. El cruce de horarios volvió a impedirnos acercarnos al Chaos para ver a Initiate, banda de hardcore procedente del sur de California.

Y así llegamos a una de las explosiones más grandes de toda la tercera jornada. Los escoceses Bleed From Within, originarios de Glasgow, salieron al Main acompañados por columnas de fuego y una escenografía rematada con grandes estructuras puntiagudas. “Zenith” y “Sovereign” sirvieron para activar rápidamente una explanada en la que ya se congregaba una multitud importante y donde, a juzgar por la cantidad de voces que acompañaban cada canción, una parte considerable del público conocía perfectamente su repertorio.

La banda recordó su relación con España y su anterior paso por el Resurrection Fest en 2022, mostrándose como una formación plenamente acostumbrada a escenarios de estas dimensiones. Temas como “Levitate” o “I Am Damnation” evidenciaron esa combinación tan efectiva de músculo rítmico, melodía y estribillos concebidos para ser cantados por grandes multitudes.

En la parte trasera del escenario apareció un grupo de Resukids, con los que Scott Kennedy llegó a interactuar. Uno de los grandes momentos visuales llegó durante un auténtico río de crowd surfers que avanzaba hacia el escenario, mientras el vocalista pedía a todos que levantaran los brazos y se agarraran a la persona que tenían al lado. El tramo final, con “God Complex” e “In Place of Your Halo”, mantuvo intacta la intensidad y confirmó que Bleed From Within atraviesan un momento de enorme solidez. Contundencia, espectáculo y sentimiento colectivo se combinaron en uno de los conciertos más completos y celebrados de la tarde

En el Desert nos esperaba Rosalie Cunningham, cantautora británica, acompañada por una banda capaz de trasladarnos varias décadas atrás. Su música desprendía claros aromas setenteros y sonó de maravilla, moviéndose con naturalidad entre pasajes psicodélicos y desarrollos progresivos. Uno de los detalles más llamativos llegó cuando la bajista abandonó momentáneamente las cuatro cuerdas para incorporar la flauta travesera, reforzando todavía más aquella sensación de estar asistiendo a un concierto rescatado de otra época. Fue una propuesta diferente dentro de la jornada y una de esas actuaciones que justifican por sí solas la existencia del Desert Stage. Mientras permanecíamos allí, la estadounidense de raíces belgas Hulder desplegaba su black metal en el Ritual Stage.  Tampoco conseguimos llegar al Chaos para ver a Dying Wish, banda de metalcore procedente de Portland, Oregón.

Otro de los momentos más potentes de la tarde lo protagonizaron los estadounidenses Trivium, formados en Orlando, Florida, que comenzaron su concierto con “Pull Harder on the Strings of Your Martyr” acompañada de fuego y contundencia, en una auténtica declaración de intenciones. Para “A Gunshot to the Head of Trepidation”, vimos nuevas llamaradas y grandes columnas de humo ampliaron una producción que no dejaba de crecer. Un siempre risueño Matt Heafy nos saludó varias veces con un “eskerrik asko” que estaba fuera de lugar pero que causó buen rollo. Serpentinas negras disparadas al aire para “The Sin and the Sentence”. Y así llegamos a una “Until the World Goes Cold” que sonó sencillamente espectacular, combinando su vertiente más melódica con la potencia instrumental de una banda con carácter. Especialmente descomunal estuvo Alex Rüdinger. El batería recientemente incorporado a la banda ejecutó cada parte con una precisión y una fuerza extraordinarias, convirtiéndose en uno de los grandes protagonistas de la actuación. A todo ello se añadió la aparición de un gran monstruo hinchable, más fuego y un enorme wall of death que volvió a dividir la explanada. El final fue todavía más coreografiado. Heafy hizo arrodillarse al público y, al comenzar “In Waves”, miles de personas saltaron simultáneamente mientras unas serpentinas blancas volaban sobre sus cabezas. Trivium se despidieron a lo grande, nuevas llamaradas y la sensación de haber ofrecido uno de los conciertos más contundentes y espectaculares de esta edición del Resu.

La magnitud de aquel concierto nos impidió acercarnos al Desert para ver a Return to Dust, banda de rock alternativo y grunge procedente de Los Ángeles. A la misma hora, los portugueses Gaerea, originarios de Oporto, nos mostraron su post-black metal al Ritual Stage. La oscuridad casi ceremonial de su música, sus capuchas negras con simbología y un juego de luces inspirado, constituyeron un bolo sugerente y desgarrador. También quedó fuera de nuestro alcance el concierto de End It, banda de hardcore procedente de Baltimore, Maryland. Cuando comenzaron en el Chaos ya estábamos buscando una posición desde la que afrontar la llegada del gran cabeza de cartel.

La expectación era enorme cuando los estadounidenses Limp Bizkit, nacidos en Jacksonville, Florida, tomaron finalmente el Main Stage. “Hot Dog” sirvió como punto de partida y fue recibida con una lluvia de vasos que comenzó a sobrevolar al público. Apenas hubo tiempo para recuperar el aliento antes de que “Break Stuff”, situada sorprendentemente al inicio del repertorio y repetida de nuevo al final, desatara la primera gran explosión colectiva de la noche.Wes Borland volvió a convertir su presencia en un espectáculo dentro del propio concierto, apareciendo completamente vestido de negro, cubierto por una espectacular máscara de calavera de inspiración brutalista, construida con láminas blancas y negras, grandes placas doradas a modo de escamas, dos imponentes penachos de plumas negras y una especie de estampa religiosa fijada en la parte frontal. Con semejante despliegue visual, ¿Cómo no iba a presentarse el público disfrazado para recibirlo?

Una máscara que contrastó con la temperatura ambiente, al igual que el abrigo con el que apareció Kid Not, ocupando el lugar del añorado Sam Rivers, a quien la banda dedicó un emotivo recuerdo durante la actuación. Las letras de las canciones aparecían escritas en las pantallas, un recurso que permitía apreciar todavía más el mérito de la particular forma de cantar y rapear de Fred Durst, aunque la mayoría de los presentes no necesitaba ayuda alguna para seguirlas. El cantante manejó el concierto con su habitual mezcla de provocación, humor e interacción. La versión de “Faith”, de George Michael, volvió a demostrar cómo Limp Bizkit son capaces de apropiarse de una canción ajena hasta convertirla en parte inseparable de su propio universo, mientras que “My Generation” fue coreada de principio a fin. En uno de los momentos más irreverentes de la noche, Durst buscó algo en su bolsillo para terminar sacando una peineta, gesto perfectamente coherente con esa actitud burlona y que continúa defendiendo sin complejos.

La parte central mantuvo una sucesión constante de canciones reconocibles. “Livin’ It Up” y “My Way” hicieron avanzar el concierto entre saltos y coros multitudinarios, mientras “Eat You Alive” mostró una cara más áspera y agresiva. “Re-Arranged”, en cambio, permitió rebajar momentáneamente la velocidad y recuperar el componente más atmosférico y melancólico de la banda antes de que llegara otro de los grandes rituales de la noche. “¿Alguien tiene que trabajar mañana? Esta canción va sobre tu jefe”, anunció Durst antes de lanzar “Rollin’ (Air Raid Vehicle)”.

“Nookie” volvió a activar a la explanada y “Full Nelson” incorporó uno de esos momentos imprevisibles que distinguen sus conciertos, con una aficionada que las redes han bautizado como Vomit Queen por sus pasos en el escenario. Después, “Boiler” y la versión de “Behind Blue Eyes” ofrecieron el tramo más reposado y emocional. Esta última consiguió uno de los coros más sinceros de la velada.

“Take a Look Around”, con su riff cinematográfico y amenazante, preparó el desenlace antes de que la recuperación final de “Break Stuff” cerrara el círculo.  Más que un concierto convencional, aquello funcionó como una gigantesca sesión de nostalgia activa: canciones nacidas a finales de los noventa y principios de siglo que continuaban provocando una respuesta física, masiva y sorprendentemente vigente. El público cantó, saltó y se lanzó sobre las cabezas de los demás como si aquellas canciones acabaran de publicarse.

En una esplanada central absolutamente repleta, nos fue imposible ver a Borknagar, veterana formación noruega nacida en Bergen, que trasladaba al Desert su particular combinación de black metal, folk y metal progresivo. La última gran cita de nuestra ruta fue Cavalera Conspiracy, proyecto brasileño liderado por los hermanos Max e Iggor Cavalera. La gira estaba concebida para recuperar íntegramente Chaos A.D., el histórico álbum de Sepultura de 1993, y el Main Stage se transformó en un espacio de oscuridad tribal, dominado por un cuerpo colgando cara abajo, telones negros y una iluminación abrasiva. Desde la entrada demoledora de “Refuse/Resist” y “Territory”, los Cavalera descargaron el disco con una crudeza feroz, sin concesiones y con Iggor golpeando la batería como si quisiera derribar el escenario. “Slave New World”, “Propaganda” o “Biotech Is Godzilla” fueron encadenándose como auténticos mazazos hasta convertir la madrugada en una celebración de las raíces del metal extremo sudamericano.

Quedaba todavía actividad en el Chaos con House of Protection, dúo estadounidense formado en Los Ángeles por Stephen Harrison y Aric Improta. El último cruce de la jornada volvió a obligarnos a elegir.

Terminaba así un viernes definido por la diversidad y por una sucesión de contrastes difícil de encontrar fuera del Resurrection Fest. Del metal alternativo local de Not Yet al rock melódico de The Rasmus; de la potencia de Bleed From Within y Trivium a la psicodelia progresiva de Rosalie Cunningham; de la oscuridad de Okkultist a la fiesta multitudinaria de Limp Bizkit; hasta la fuerza tribal de Cavalera Conspiracy. Cuatro escenarios, innumerables cruces y una jornada en la que el público no se limitó a contemplar el espectáculo, sino que decidió ponerse gorras rojas, disfrazarse, gozar y transformarse para dar la bienvenida al cabeza de cartel y a todas las bandas que los acompañaron.

By Oscar Saro

Me falta tiempo para hacer todo lo gue me gusta. Adicto al rock en directo, metalhead, enamorado de la montaña, apasionado de la ciencia ficción y con cerebro de programador desde que un Spectrum entró en casa. Fundador de Sudando Rock (@sudandorockcom)

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