Festival: Barcelona Rock Fest 2026
Lugar: Can Zam, Santa Coloma de Gramenet (Barcelona) – 3 al 5 de julio de 2026
Fotos: Alfredo Geisse / Jaime V.-Jaimax
Ya es habitual que la jornada de sábado en Barcelona Rock Fest sea numerosa en cuanto a asistencia, por ser tan apreciado día de la semana, y siempre acostumbra a haber algún nombre rutilante que pueda llegar a incrementar las ganas del personal de asistir, aunque solo sea una jornada. Eso sí, cualquiera que no estuviera dispuesto a soportar el intenso calor y el sol abrasador mejor que no se acercara a Can Zam. Sin prácticamente surtidores de agua donde remojarse, como en anteriores ediciones, y tan solo un par de fuentes perdidas del mismo parque los árboles del recinto fueron los únicos aliados.

Ya a más de 30 grados abrieron Dünedain. Notable asistencia, dadas las circunstancias ambientales y de horario, cuando el grupo inició con “A un paso del cielo” que ayudó a llevar mejor el calor con ese aire de positividad y melodía que emana su propuesta. Incluso hubo pirotecnia que ayudó a compensar en cierto modo alguna dificultad técnica. Supieron abrir con solvencia.
El club de bandas que exprimen cierta fama de finales de los 80 tiene un miembro dudoso con Tankard. Fueron una nota… ¿divertida? y con cierta notoriedad en aquellos años, extremo que les ha servido para actualmente poder seguir girando y manteniendo actividad. Gerre ha sido siempre la cara visible y mantiene la banda en directo. Por cierto, consciente del status del grupo lo reivindicó como una formación seria, y no solo una vez, intentando alejarse de la fama de borrachos juguetones y poco preocupados por la música. Fue paradójico escuchar después de eso temas como “Beerbarians” o un “Empty Tankard” alargado hasta la saciedad.

Mientras los alemanes descargaban a pleno sol parecía buena idea resguardarse del astro rey con Chino Banzai en la calurosa carpa. Ciertamente estáticos respecto a los cerveceros germanos se notó el paso de los años en la voz de Chino en temas como “Balas de hierro” dejando clara la vigencia de la pieza eso sí. La cosa se animó un poco más con “Rock Duro” y el tema homónimo “Banzai”, con bandera incluida. Demasiada nostalgia…
Poco tenía controlados a Bleed From Within y el hecho que fuera la única banda tocando en ese momento ayudó a que les prestara mayor atención. Deathcore de manual y muy acorde con la tendencia actual del género. Llenaron el escenario de pinchos y de motivos dorados que destacaba. La combinación de guturales de Scott Kennedy con las voces limpias de “Snev” Jones resulta dinámica aunque los tan manidos estribillos melódicos del género necesitarían una revisión aunque sean característica que parece imprescindible. “The End of All We Know” o “Levitate” hacen saltar al personal, más viendo como Kennedy se muestra comunicativo dejando claro que en Escocia no están acostumbrados al sol abrasador que le caía frontalmente. Dejando aparte las excesivamente saturadas baterías vimos a un grupo compacto y con ganas de ganar nuevos fans además de animar al personal para un Wall of death y un circle pit. Terminaron con “Insane Condition” e “In Place of Your Halo” con esas gaitas características.
Hacía mucho tiempo que no veía a Primal Fear en directo así que la curiosidad por ver la actual formación con Magnus Karlsson, Thalìa Bellazecca y André Hilgers era evidente, aparte de los de siempre, Ralf Scheepers y Matt Sinner. Por cierto, éste último se mantuvo en la misma posición, quieto, estático e inmutable durante todo el concierto. Supongo que los cinco años en los que ha sufrido una grave condición de salud y este mismo 2026 un corte profundo en una pierna con una tarima de batería que tuvo complicaciones han hecho mella. Magnus y Thalia forman un sólido tándem de guitarristas acaparando las miradas ésta última muy puesta en el show recitando cada tema. Ralp Scheepers está cómodo en el papel de frontman del grupo y mantiene buen nivel que pudimos comprobar en piezas como “Chainbreaker”, “Nuclear Fire” o la final “Metal is Forever” siendo un set muy de festival con piezas representativas. Una banda que se ha hecho monótona en muchas ocasiones pero sabe jugar su papel en directo.


Mientras en la carpa el registro era totalmente diferente con Napalm Death. Otros que hacía siglos que no veía y que quedó claro que tienen una parroquia muy fiel vista la asistencia y los moshpits. Mark «Barney» Greenway sigue siendo una bestia en escena. Poseído y con esa especie de danza que hace que vaya de un lado a otro como un loco peligroso mientras va soltando cada letra. Todo un veterano de esto de los gritos… La representación de sus seminales inicios y aquellos temas de segundos sigue presente con “You Suffer” o “ Scum”, y no faltó la versión del “Nazi Punks Fuck Off” de Dead Kennedys, o “Suffer the Children”. También se acordaron de su material más reciente como “Amoral”, la versión de “Politicians” de Raw Power, “How the Years Condemn”, “C.S. (Conservative Shithead)» o “Inside the Torn Apart”. Como siempre fuerte discurso antiracista y antihomófobo representativo del compromiso social de la formación. De total vigencia.

Parece increíble el status que ha obtenido una banda como Testament con los años. Encabezando giras por Europa y tocando en festivales siempre en buena posición de tarde y con una producción notable (¿alguien se hubiera imaginado esa gran calavera de brazos abiertos tras el kit de la batería? Si a eso le sumamos que no les vemos concierto malo pues la jugada parece asegurada. Además juegan a caballo ganador abriendo con “Into the Pit”. Si le sumas un set con “Infanticide”, “The electric Clown”, “Low” o “Practice what you preach” se traduce en disfrute asegurado con una formación, excepto en el puesto de batería, plenamente consolidada y mayoría de miembros con los que se ganaron un puesto en la escena a finales de los 80. La dupla Skolnick – Peterson sigue funcionando, el peculiar Di Giorgio y la solvencia de Chuck Billy hacen el resto conduciendo el cotarro. El cierre con “Over the Wall” acabó de machacar las cervicales que por movimiento y el sol ya empezaban a andar justas. Imprescindibles.
A Accept desde hace años se les da caña por todas partes… que si demasiado vistos, que si tocan demasiado o demasiado poco del material de los 80, que si Tornillo y los cambios de formación, que si van de teloneros… En fin, todo lo que te puedas imaginar. Sin embargo la banda sigue sacando discos, dicho sea de paso con un digno nivel, y tocando en grandes festivales en posiciones destacadas. Y, de hecho, ¿quién se puede resistir en el marco de un festival o los grandes clásicos que acreditan? Además el contexto de la actuación era celebrar 50 años y el montaje era como mínimo notable con batería elevada, muro de Marshalls… Sólo abrir con “Metal Heart” ya se ganaron a los ya numerosos presentes en el festival. Siguiendo con “Teutonic Terror”, que incluyó confeti en forma de papelitos con el logo del grupo y “Restless and Wild” pues qué decir…

Los críticos que les acusan de siempre tocar lo mismo en festival se quedaron sin argumento al sonar “Run if You Can”, “Love Child” y un mix incluyendo cosas como “Aiming High”. La cosa no se quedó aquí ya que “Breaker”, “Son of a Bitch” y la mítica “Princess of the Dawn” continuaron con la fiesta. Hubo llamaradas para finalizar con otro mix, con “Starlight” y “Losers and Winners”. Luego vino “Pandemic” y qué traca final… Ralf Scheepers de Primal Fear salió para cantar “Fast as a Shark” y Chuck Billy de Testament para “Balls to the Wall”. Por si no fuera suficiente “I’m a Rebel” con un Tornillo que siempre tendrá detractores pero que ya ha demostrado sobradamente su valía como vocalista del grupo sin discusión.
No resulta fácil estar pendiente de dos shows pero no pude resistirme al concierto de Hiraes en la carpa mientras Accept seguía a lo suyo.. La banda alemana de death metal con miembros de Dawn Of Disease y Critical Mess sorprendió con un concierto lleno de fuerza y un sonido más allá de la etiqueta con la que se identifican. Desde el death propiamente dicho hasta ramalazos black con las ambientaciones de unos Dark Tranquility. Britta Görtz acapara miradas mientras ofrece unos notables guturales y solvencia en escena. Presentaron su último Dormant con tiempo para temas de cuando se formaron allá por los años del Covid con “Under Fire”. Se hizo corto, muy corto. Todo un descubrimiento en directo, por temas, fuerza y actitud. Lástima del poco público que prefirió plato conocido.
Los guardianes de las siete llaves congelan el tiempo en Can Zam
Hay noches en las que la nostalgia y el presente se alinean para recordar por qué el Heavy Metal es para muchos como una religión. Los encargados de obrar el milagro no podían ser otros: los padres del Power Metal alemán, Helloween, que regresaban en su ya legendario y cohesionado formato de reunión para firmar un concierto sencillamente antológico. Cada vez que les he visto consiguen innovar y meter nuevos temas así como elementos para mantener el interés y la vigencia con todo el respeto a un glorioso pasado.
La expectación era máxima, y tras la canónica intro de Robbie Williams, “Let Me Entertain You”, que ya es un sello de la casa para calentar el ambiente, la locura estalló con los primeros acordes de “March of Time”. Ver a Michael Kiske y Andi Deris compartir el escenario, relevándose y doblando líneas vocales con una complicidad insultante, sigue siendo un espectáculo de otra galaxia. El primer golpe es notable y acto seguido aparece el monje de los Keepers como maestro de ceremonias que nos introdujo a la velada apareciendo en otros momentos puntuales para remarcar y presentar algunas partes del show. Sin dar un respiro, la banda se adentró en los intrincados pasajes de “The King for a 1000 Years”, demostrando que su catálogo moderno tiene tanto peso y épica como los clásicos inmortales.

El sonido en Can Zam había sido notable hasta el momento pero careció de volumen en un primer momento, pronto permitió que el torbellino de guitarras de Kai Hansen, Michael Weikath y Sascha Gerstner sonara suficientemente nítido y afilado. Himnos del calibre de “Future World”, con la obligada intro a cargo de Hansen y confeti, la demoledora “We Burn” y la apoteósica “Twilight of the Gods” transformaron el festival en un karaoke colectivo de miles de gargantas. Kai Hansen tomó el timón de las voces para hacernos viajar a las raíces del Speed Metal con una endiablada y veloz “Ride the Sky”, siendo una de las partes imprescindibles del show más teniendo en cuenta la excelente forma que muestra, flanqueado por “Into the sun” y “Hey Lord”.
Tras el bajón esperable que siempre trae un solo de batería, llegó uno de los momentos más coreados y festivos del festival: “I Want Out”, que no puede faltar con un público totalmente entregado. No les vamos a reprochar un momento de descanso pero el pasaje “íntimo” del show con Deris y Kiske armados únicamente con guitarras acústicas frena el subidón. Se sentaron al frente para marcarse un medley de “In the Middle of a Heartbeat” y “A Tale That Wasn’t Right”, con un guiño al “Let It Be” de The Beatles por parte de Kiske.
La recta final fue un ataque frontal a la nostalgia. Tras la rabia de “Heavy Metal (Is the Law)”, de nuevo con un Hansen soberbio, los alemanes desplegaron los más de trece minutos de “Halloween”, una obra maestra del género ejecutada de manera impecable y sin fisuras.
Para los bises, la banda se guardó una artillería que pocas formaciones en el mundo pueden igualar. Precedida por “Invitation”, “Eagle Fly Free” desató el delirio colectivo con Kiske alcanzando los agudos acostumbrados. Le siguieron la hímnica “Power”, una siempre juguetona “Dr. Stein” y, como colofón final, los compases del coro de “Keeper of the Seven Keys”, que el público barcelonés se negó a dejar de cantar incluso cuando las luces del escenario ya se habían apagado. Helloween llegaron a Barcelona no solo a entretener, sino a reclamar su trono. Una noche de pura felicidad metálica.
Sabaton, pirotecnia, tanques y una maquinaria perfecta
La gira por pabellones en Europa de Sabaton me consta que ha sido espectacular en muchos sentidos. En Metal Hammer os trajimos la crónica de sus shows en Oslo y Londres sin ir más lejos. Sea como fuere a nivel personal nunca me han terminado de enganchar. En BCN Rock Fest era una nueva oportunidad de me convencieran. De hecho, su ascenso a los puestos de cabeza de cartel es evidente en toda Europa.
Su paso por Can Zam fue una demostración de poderío logístico, efectividad y comunión con una masa de fans que devora cada una de sus lecciones de historia militar. Los suecos ofrecieron un concierto notable, impecable en lo técnico y visual.

Desde el arranque atronador con “Ghost Division”, la banda puso toda la carne en el asador: llamaradas, visuales y su ya icónico tanque como tarima para la batería. El inicio encadenando la épica de “Yamato”, la velocidad de “The Red Baron” y la hímnica “The Last Stand” funcionó a la perfección. Joakim Brodén capitaneó el escenario con energía incombustible, moviéndose como un resorte y ganándose al público desde el primer minuto. Fue la única banda que tuvo un guiño al público local saludando en catalán por cierto.
El repertorio estuvo repleto de sus paradas obligatorias, como “Great War”, “Stormtroopers” y esa emotiva “Christmas Truce” que visualmente fue de lo mejor de la velada. Hubo espacio para piezas demoledoras como “Night Witches” o la machacona “The Attack of the Dead Men”. El bloque central, rematado por “Bismarck” y la coreada “Primo Victoria”, desató los saltos colectivos de una explanada de Can Zam completamente entregada a los ritmos marciales del quinteto.
Sin embargo, en el marco de un festival adolece de la espectacularidad de su gira propia en temas como “Swedish Pagans” o “Coat of Arms”. Aún así, es un espectáculo magnífico, sí, pero no consigo que me enganche con su música. Tras una breve pausa, el grupo regresó para cerrar el festival con el dinamismo folk/metal de “To Hell and Back”.
Sabaton cumplieron con nota, divirtieron a las masas y ofrecieron un show visualmente imbatible, pero sigue el debate sobre si es un buen y vigente relevo para el heavy metal del hueco que van dejando los grandes clásicos. Un buen concierto que satisface, pero que difícilmente conmoverá a quienes busquen algo más que entretenimiento bélico de manual.











