Bandas: Beast in Black + Helloween
Lugar: La Nueva Carpa de Leganés, Madrid – 15 de noviembre de 2025
Texto: Òscar Saro
Fotos: Rubén Rosinos
Cuarenta años después, Helloween no solo celebran su historia: la reinventan, la ensanchan y la disparan al futuro. Y nosotros, una vez más, fuimos testigos privilegiados de su eterno vuelo. El heavy metal es la ley.
Dentro del espectáculo apoteósico que nos ofrecieron los alemanes Helloween el sábado 15 de noviembre en la Nueva Carpa de Leganés, en medio de una auténtica demostración de talento y rodeados de una descomunal escenografía en tres dimensiones, acompañada de humo, fuego, confetis y serpentinas, hubo un momento singular en que los artificios pararon y la banda viajó al pasado para tocar “Heavy Metal (Is the Law)” con tan solo su anagrama al fondo y una línea de amplificadores Marshall en tres dimensiones por sus espaldas.
“Fight hard / Live fast / Play loud / Step out of the crowd”

Una canción que escribieron en 1985 los veinteañeros Kai Hansen y Michael Weikath, en la que condensaron con este verso simple la filosofía que los había empujado a montar una banda de metal. Una de las piezas clave de Walls of Jericho, el primer LP de estudio del grupo, que muy poco antes había dado su primer golpe en la mesa con su EP homónimo de cinco canciones.
Entrando en la letra, me parece que los tres primeros mandamientos, “Lucha con fuerza, vive rápido, toca fuerte” podían ser relativamente alcanzables si se tenía tesón, actitud y un amplificador mínimamente potente. Pero el cuarto objetivo ya es otro cantar: “Step out of the crowd”. O sea, destacar entre la multitud, diferenciarse, triunfar, durar… Algo que muchos han anhelado, pero que muy pocos han logrado. Algo reservado para los elegidos.
Helloween lo logró. Y vaya si lo logró. Cuatro décadas después, nadie discute que los alemanes son uno de los pilares más influyentes del heavy metal, arquitectos del sonido que acabaría conociéndose como power metal y referencia absoluta para generaciones enteras de músicos. Sin embargo, muchas dificultades surgieron a lo largo de estos años y la banda pocas veces ha tenido una estabilidad como la actual.
La formación actual de Helloween cristalizó en 2016, cuando Michael Kiske y Kai Hansen volvieron a la banda tras décadas de distancias personales y capítulos cerrados en falso. Aquel regreso, fraguado entre reconciliaciones sinceras y la voluntad de mirar al pasado sin rencor, desembocó en la gira Pumpkins United (2017), donde quedó claro que la química entre todas las eras del grupo no solo funcionaba, sino que abría un horizonte nuevo. Con la formación ampliada: Kiske, Deris y Hansen compartiendo voces, junto al núcleo clásico, Weikath y Grosskopf, y los miembros de la etapa más moderna, Löble y Gerstner, los alemanes lograron algo excepcional: tender un puente real entre generaciones, unir a los fans del power metal de los 80, a los de la era Deris y a los más jóvenes en una sola identidad renovada. Una reunión que se transformó en una nueva etapa estable y creativa, culminada en su álbum conjunto Helloween del 2021 y en la consolidación definitiva con su reciente trabajo Giants & Monsters (29 de agosto del 2025) que tan buenas críticas está cosechando.
Helloween hoy en día es un septeto formado por:
- Michael Weikath – guitarra
- Markus Grosskopf – bajo
- Kai Hansen – guitarra y voz
- Michael Kiske – voz
- Andi Deris – voz
- Daniel Löble – batería
- Sascha Gerstner – guitarra
Nuestro compañero Albert Perera tuvo la grata experiencia de viajar recientemente a Holanda para encontrarse con la banda en los Wisseloord Studios. Aquí os dejo las dos partes de la genial entrevista que hizo:
- Michael Kiske (Helloween): “Una banda no puede hacerse relevante, lo eres o no lo eres” Parte I
- Andy Deris (Helloween): «El éxito del último disco eliminó presión» Parte II
También os comparto diferentes e interesantes puntos de vista del nuevo trabajo Giants & Mosters a cargo de compañeros de redacción:
Quien los haya podido ver en directo en esta nueva etapa hablará seguro de conciertos extraordinarios, donde los hemos visto presentar su legado en un estado de forma espectacular y destilando toda su sabiduría. Es en ese contexto que la banda llega al 2025, se siente con la fuerza de regalarnos este Giants & Monsters, su aclamado decimoséptimo álbum de estudio y, sobre todo, se ha ganado a pulso el derecho de celebrar su 40 aniversario de la mejor manera que saben hacerlo: encima de los escenarios. La gira 40 YEARS ANNIVERSARY TOUR ha empezado recorriendo 21 capitales europeas y continuará con su presencia anunciada en los festivales más importantes del viejo continente. Vienen de tocar en Lisboa el 13 de noviembre y, de la mano de Z! Live on Tour, han programado estas dos paradas que nos ocupan, el 15 y 16 de noviembre, en La Nueva Cubierta de Leganés.

Cuando el concierto se anunció hace más de un año, únicamente se programó la primera fecha del sábado 15. Pero la rapidez en llegar al sold out, espoleó al promotor a programar esta segunda fecha que, parece, se ha quedado alrededor del 80%. El que redacta esta crónica asistió al primero de estos conciertos y dejo constancia de un lleno absoluto que se notó en las largas colas bajo el frio de noviembre para entrar al recinto y especialmente en una grada donde los últimos en llegar se quedaron sin poder encontrar un hueco para sentarse.
Merecería un capítulo aparte la conocida dificultad que tiene la Nueva Cubierta de Leganés para tener un buen sonido y en esta ocasión no volvió a estar exento de polémica. Siendo totalmente consciente de que la apreciación de la calidad del sonido puede ser algo bastante subjetivo y, sobre todo, que puede variar dependiendo del lugar del recinto donde te encuentres, creo necesario explicar que la banda invitada a abrir las dos noches, los finlandeses Beast in Black, tuvieron, como mínimo en la primera de ellas que es en la que estuve, una sonorización bastante deficiente que impidió escucharlos con nitidez. Afortunadamente, los cabezas de cartel si que gozaron de un sonido de mayor calidad que nos permitió apreciar cada instrumento con bastante claridad, sin llegar en ningún caso a un sonido excelente.
Dicho todo esto, dejaré claro que lo del sonido se puede reducir a una pequeña anécdota en contraposición al grandilocuente espectáculo que nos ofrecieron los alemanes y que intentaré explicar en la descripción detallada de su concierto. Vamos por pasos.
Crónica de Beast in Black: Diez años de power metal bailable
Es cierto que los finlandeses tuvieron un sonido regular, pero a la mayoría del público pareció no importarles mucho y respondieron con energía desde el primer tema. Nos ofrecieron un buen repaso por su discografía de tres álbums de estudio e incluso tocaron los dos sencillos que han lanzado en el 2024 y que probablemente formarán parte de su anunciado cuarto trabajo.

A las 19:30 se apagaron las luces y arrancó una intro épica a la par que se levantaron los móviles de todos los contagiados por esa necesidad de grabar el momento inicial. Focos blancos iluminaron el escenario y cruzaron el recinto, mientras los enormes dibujos de bestias guardianas que acompañan al sencillo «Power of the Beast» aparecían en las pantallas laterales para resguardar todo el concierto. Al fondo, una gran pancarta con motivos de su tercer álbum y, a ambos lados de la batería, dos bloques de luz decoradas por sendos grandes círculos con la cabeza de la bestia. El público gritó. La bestia despertó.
Subieron al escenario Anton Kabanen, guitarrista y comandante del grupo; Máté Molnár un bajista de altura; Yannis Papadopoulos, voz líder y encargado de toda la interacción con el público; Atte Palokangas, batería en constante estado de malabarismo percusivo; y Daniel Freyberg (Crownshift, ex Children of Bodom) unido el 28 de octubre a la gira tras la inesperada marcha de Kasperi Heikkinen después de 10 años en la banda.
Sin más ceremonias, arrancaron “Power of the Beast”, con las tres cuerdas avanzando juntas en formación. En segundos, los brazos del público ya estaban en alto como una extensión natural de la canción. Kabanen se marcó el primer solo de la noche y el público respondió con una ovación general.

Con “From Hell With Love”, Beast in Black mezcló el heavy metal con la discoteca ochentera como si fuera lo más fácil del mundo. Y la verdad es que les funciona. “Buenas tardes, Madrid. Bienvenidos al the Beast in Black Tour, celebrando 10 años de historia”, saludó Yannis con expectación.
Le siguió “Blood of a Lion”, canción del primer trabajo, con el solo a cargo de Freyberg. Sin pausa, enlazaron con la velocísima “Sweet True Lies”, donde las guitarras se turnaron los solo.
Cuando arrancó “Cry Out for a Hero”, el recinto ya estaba coreando antes incluso de que Yannis lo pidiera. “Fantastic, Madrid”, celebró el vocalista antes de repasar la biografía del grupo. “Hemos lanzado tres discos… y estamos preparando el cuarto. Volveremos a presentarlo”, prometió.
Sonó “Enter the Behelit”, que empezó con un beat muy disco antes de endurecerse en un estribillo que entró directo al pecho. Empalmaron con la poderosa “Beast in Black”, donde los cuatro de a pie se juntaron en el centro formando una muralla de metal.

En “Die by the Blade”, el cantante apenas pudo arrancar antes de pedir un “¡ohohohoh!” que el público devolvió sin dudar. El recinto se movió entero. Entre risas, Yannis confesó que ayer, en un restaurante de la ciudad, probó todas las hamburguesas que encontró “para armarse de poder para el concierto de hoy”.
El karaoke colectivo continuó con “One Night in Tokyo”, estribillo gritable y fiesta en estado puro. Atte lanzó una baqueta a un técnico, que se la devolvía al vuelo. Después llegó “Blind and Frozen”, que Yannis inició arrodillado. Melodía simple para empezar, sí, pero es en el estribillo donde el tema estalló y provocó un salto generalizado.
“¿Queríais una más?”, preguntó el vocalista. Antes de seguir, felicitó el aniversario a Helloween y saludó a un joven fan en primera fila. “Una de mis canciones favoritas”, anunció antes de atacar “No Surrender”, que empezó fuerte y acabó aún más fuerte.
Así pusieron fin a su concierto y, mientras sonaba “Burning Heart” de Survivor, alzaron guitarras y bajo hacia el cielo, saludaron, agradecieron nuestra presencia y se hicieron la foto final.
Dejaron el escenario y un telón cayó para tapar el escenario y mostrarnos el conocido anagrama de los que estaban a punto de llegar.



Crónica de Helloween: Espectáculo grandilocuente para celebrar 40 años
Difícil es condensar en palabras todo lo que nos entregaron los alemanes en la celebración de su 40 aniversario: un espectáculo descomunal que rozó lo histórico. La banda demostró estar en un estado de forma deslumbrante, desplegando un repertorio que combinó con maestría los himnos eternos con cuatro piezas del nuevo trabajo, arropados por una escenografía 3D apabullante, y con fuego, humo, confeti y serpentinas incluidos. Mientras Kiske y Deris alternaban dúos, se repartían canciones para defenderlas en solitario y hasta regalaban un íntimo paréntesis acústico, los alemanes confirmaron que cuarenta años después Helloween es pura leyenda, pero siguen más vivos que nunca.

A mi siempre me parece un gran acierto los conciertos que tienen pantallas laterales con la cámara en directo siguiendo el desarrollo de cada músico. En el caso de Helloween, la realización fue espectacular y supuso una auténtica gozada ver a cada uno de los músicos de cerca, demostrando toda su técnica y sabiduría. A modo de pequeñas anécdotas, resaltaré que el único que no se cambió de guitarra fue Hansen, con su característica V roja con un ojo dibujado; que Kirske si se cambió varias veces de chaqueta, a cuál más llamativa; que Weikath fue de los siete el que se mostró más serio y concentrado, en contraste con una alegría generalizada y que la batería de cuatro bombos de Löble se ve y suena espectacular.
Se apagaron las luces y sonó “Let Me Entertain You” de Robbie Williams, que funcionó como aviso de que el show estaba a punto de arrancar. Un despliegue de láseres y pirotecnia hicieron caer el telón mientras una filmación con las portadas de todos sus trabajos marcó el paso de la banda sobre la tarima, entre una ovación que concentró toda la expectativa acumulada.
Los cuatro primeros temas llegaron con los dos vocalistas mano a mano. “March of Time” cayó primero y fue un karaoke colectivo; Kiske y Deris cantaron cara a cara mientras una enorme calabaza tridimensional vigiló desde detrás de la batería. Weikath y Hansen, este último con gafas de sol, alternaron solos hasta solaparse en una comunión con mucho significado.

Con “The King for a 1000 Years” la escenografía se volvió una locura, ambos cantantes subieron a los extremos de la batería mientras los tres guitarras dominaban el frente del escenario. “¿Qué tal Madrid? ¿Quién vuelve mañana?”, preguntaron. Pocos son los que parecían repetir y aprovecharon la coyuntura para pedirnos que gritáramos más que los que asistirán mañana. Competición o no, salió Kai solo y empezó la fiesta de verdad: Arrancó con un pequeño fragmento de “Gorgar”, saltando de inmediato a “Future World”, con tormenta de serpentinas y el público entrando en combustión. Así registramos el primer momento de máxima explosión de la noche.
Continuaron con “This Is Tokyo”, primer tema nuevo que nos mostraron. Fondo de neones, estética futurista y la sorpresa: la gente ya se la cantaba. Después llegó “We Burn” con Deris armado con un lanzallamas y rodeados de columnas de fuego, y “Twilight of the Gods” con Kiske soltándonos un discurso anti IA, pantallas estilo arcade y toda la banda tocando en la plataforma frontal, culminando con un dúo de guitarras de los fundadores que levanta emociones.
El mítico The Keeper apareció en 3D en la gran pantalla del fondo e introdujo un “Ride the Sky” lanzado por Kai, que hizo que los pelos se nos erizaran al instante: viaje directo al pasado más remoto y un público totalmente entregado.

El segundo estreno: “Into the Sun”, lo empezó Kiske, se sumó Deris, con un sol eclipsado en la pantalla que se fue destapando poco a poco. El estribillo, otra vez, cantado por todos. “Hey Lord!” puso velas gigantes en las pantallas y vimos a Hansen quedarse en segundo plano, tocando pegado a la batería.
El tercer tema nuevo, “Universe (Gravity for Hearts)”, lo arrancó Gerstner con la ayuda de Kiske: imágenes del cosmos, columnas de humo y la constatación de que el nuevo material funciona y mucho. Un tema que les ha quedado realmente bonito.
“Hell Was Made in Heaven” llegó con un muro proyectado que se rompió para mostrar la cámara en directo siguiendo a cada músico y al público coreando. Tras eso, el solo de batería monumental de un Daniel Löble poderosísimo, iluminado por mil focos y con las pantallas laterales mostrando cada uno de sus golpeos.
Con el clasiquísimo “I Want Out” desataron el segundo gran momento de locura colectiva. Viñetas de cómic en pantalla, voces de cantantes y público unidas y confeti por todas partes. En la grada todo el mundo de pie y en el ambiente esa atmósfera de emoción que solo dejan los grandes himnos.

Después sacaron taburetes para un momento más íntimo: “Pink Bubbles Go Ape”, con Kiske a la acústica y Deris bromeando que “el resto ha aprovechado para salir a fumar”. Incluso Kirske se marcó un breve medley de Elvis antes de seguir con “In the Middle of a Heartbeat” iluminados dentro de una pirámide de luz blanca. Remataron la sección acústica con luces idénticas para “A Tale That Wasn’t Right”, móviles al aire y el retorno de toda la banda para un final eléctrico que supo a gloria.
Deris nos comunicó una “Mala noticia, tan solo quedan 20 minutos. Pero buena noticia: podemos alargarlo 30 o 40… depende de vosotros”. El público, cómo no, eligió la respuesta correcta, si es que realmente era una opción el poder elegirla.
Tocaron la última del nuevo disco, “A Little Is a Little Too Much”, sorprendentemente coreada. Empezó el habitual “oeoeoeoeo” del público, secundado por el bombo, y, a continuación, Hansen nos animó a repetir sus cantos a lo Freddie Mercury. Y como si cerraran un círculo, regresamos al origen con esa “Heavy Metal (Is the Law)” citada al principio de esta crónica. Sin más decorado que el logo y una pared de amplificadores Marshalls en 3D, tres guitarras en paralelo y actitud de viejo testamento metálico.

Pero aún quedaba calabaza para un rato más. The Keeper reapareció nuevamente para presentar “Halloween”, con fantasmas surcando las pantallas y el público gritando ese “Ahhh it’s Halloween… tonight!”, como si fuese 1987.
Así llegamos al tramo final, con la marcha y regreso propias de todo encore y con un láser que dibujó un enorme “40” en el fondo, con el cero convertido en calabaza. No todos los días se cumplen cuatro décadas.
“Eagle Fly Free”, con Kiske en modo protagonista, trajo un águila cibernética volando por detrás y breves lucimientos instrumentales, como un tapping de Grosskopf o redobles contundentes de Löble.
Con “Power” volvieron a cubrir el recinto de serpentinas, y todo el público entonó el “oh-oh-oh-oh” final con fervor acumulado. “Dr. Stein” fue ya una fiesta absoluta, con toda la grada de pie, momias bailando en las pantallas y una hermosa locura colectiva. Y para cerrar, claro, un fragmento de “Keeper of the Seven Keys”, con los dos cantantes compartiendo épica, luz y un público totalmente conquistado.
Cuarenta años después, Helloween no solo celebran su historia: la reinventan, la ensanchan y la disparan al futuro. Y nosotros, una vez más, fuimos testigos privilegiados de su eterno vuelo. El heavy metal es la ley.




